
El penal de Ushuaia, el más viejo y austral
Ahora convertido en museo, alojó a algunos de los presos más célebres del país y a políticos disidentes
1 minuto de lectura'
USHUAIA.- Cien años pasaron desde que fue colocada la piedra fundamental del Presidio y Cárcel de Reincidentes, que albergó en el "confín de la Tierra" a míticos reclusos y dio impulso a la capital de Tierra del Fuego.
El edificio yace a metros del centro de Ushuaia como una mano extendida hacia al Beagle, atrayendo a miles de turistas cada temporada. Se trata de una mole amarilla formada por cinco pabellones de dos pisos que convergen en un patio central de tres plantas y forma poligonal.
Allí se alojaron presos célebres por su liderazgo político, como el anarquista ruso Simón Radowitzky, o por su peligrosidad, como el asesino serial Cayetano Santos Godino, conocido como el Petiso Orejudo.
En la actualidad estos pasillos, de 75 metros de largo por 12 de ancho con 76 celdas unipersonales cada uno, albergan al Museo Marítimo, una galería de arte, una biblioteca y hemeroteca, un auditorio y hasta un restaurante, donde los mozos usan trajes a rayas como los de los reos.
Para conmemorar el primer siglo de vida de esta cárcel, construida por orden del presidente Julio Argentino Roca durante su segundo mandato, una comisión del museo organizó un ciclo semanal de actos culturales que comienzan este lunes con el descubrimiento de una placa alegórica e incluye la realización de conciertos de música clásica y muestras pictóricas.
"Cambiamos dolor por arte, castigos y sufrimientos por creación", dijeron a LA NACION los organizadores.
Impronta inalterable
El presidio fue clausurado en diciembre de 1947 por el presidente Juan Perón, y sus instalaciones fueron cedidas a la Base Naval Ushuaia, creada tres años después. Sin embargo, la influencia cultural de la cárcel sobre la ciudad permanece inalterada.
"La radicación definitiva del penal decidió el porvenir económico y social (en Ushuaia) por largo tiempo, y contribuyó a vigorizar la soberanía nacional en la región austral", afirmó el historiador Arnoldo Canclini.
La cárcel fue el principal inversor, empleador y prestador de servicios básicos de la aldea, formada entonces por 20 casas y unas pocas dependencias públicas. Proveyó de energía a las lámparas del alumbrado público y al telégrafo y sirvió de taller de reparaciones, enfermería y panadería.
Periódicos como El Inflador (redactado por los reclusos en forma manuscrita), El Loro, Nuevos Rumbos (1921) y El Eco (1931) se hicieron en la primera imprenta de la isla, que funcionó en el presidio.
Los reclusos formaron también una banda de música, equipos de fútbol, aportaron mano de obra en la construcción de escuelas, calles y en el rescate de los náufragos del crucero Monte Cervantes, a pesar del trato violento al que eran sometidos, según revelan los testimonios de la época.
El segundo censo nacional (1895) no contabilizó a la diezmada población nativa, pero señaló que Tierra del Fuego tenía 477 habitantes que, en 1914, fueron 2504, cinco veces más con la cárcel en pleno funcionamiento.
Antiguos pobladores de Ushuaia, como Victoria Padín, recuerdan haber visto "el paso del tren con los presos que iban al monte a cortar leña para calefaccionar los pabellones".
El primer edificio de mampostería de Ushuaia, postal inconfundible, es Monumento Histórico Nacional e integra el "patrimonio histórico-cultural" de Ushuaia, por una ordenanza del Concejo Deliberante local.
La cárcel de Ushuaia fue temible y temida. Roca ordenó construirla para alojar a los reincidentes condenados a prisión y encomendó la tarea al ingeniero napolitano Catello Muratrgia y al tercer gobernador de Tierra del Fuego, Pedro Godoy, defensor de la idea de fundar allí una colonia penal para aumentar la población de la isla.
Los primeros presos fueron alojados en un edificio precario, porque la piedra angular para el definitivo fue colocada el 15 de septiembre de 1902, pero los trabajos se demoraron hasta noviembre debido al clima.
La cárcel llegó a alojar a más de 600 reclusos, y en 1911 anexó el presidio militar de Puerto Cook, isla de los Estados, que alojó a los militares de la revolución radical de febrero de 1905.
Cien años de leyendas e historias alimentan el mito de la cárcel de Ushuaia, como la fuga de Radowitzky o el supuesto encierro de Carlos Gardel. El frío y los padecimientos de los presos parecen reverberar de noche, cuando el silencio y la escarcha se posan mansamente sobre los inconmovibles muros de la prisión.
1
2Un verano extremo en la costa: sismo, meteotsunami, remolinos de viento, sudestada y temporal, ¿solo casualidad?
3Después de los therians, llegó el “Hobby dogging”: de qué se trata la nueva tendencia de pasear a perros imaginarios
4Tos convulsa: no ceden los casos y piden reforzar la vacunación antes del inicio de las clases

