El policía que rescató a dos rehenes en San Miguel
Deber cumplido: se llama Daniel Villegas, es el jefe policial que se cambió por dos alumnas para evitar que un delincuente las mate.
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Es abuelo de dos nietos. En ellos pensó, y en sus tres hijos, cuando anteayer canjeó su vida por las de dos chicas de 15 años que habían sido tomadas como rehenes por un delincuente que se refugió en un colegio para escapar de la policía.
El comisario Daniel Villegas, titular de la comisaría 3a. de San Miguel, sabía que se la jugaba. Como el suboficial Jorge Acuña, que anteayer trató de detener a esos mismos delincuentes, pero fue arrollado por el automóvil en el que huían.
Acuña está internado en terapia intensiva en el hospital Duhau de José C. Paz, y el comisario Villegas no deja de ir a visitarlo. Ayer por la mañana dio sangre para él porque es posible que lo operen.
El comisario tiene 44 años, las manos grandes, con un anillo de oro grueso y una piedra negra tan oscura como sus ojos penetrantes, que brillan tras su cabello canoso.
La oficina del comisario en su seccional es austera, Con aire acondicionado y un ventilador de techo que hace más llevadera la tórrida tarde de verano en una jurisdicción que mensualmente interviene en 135 hechos, desde delitos graves como el de la toma de rehenes en el colegio Martín Fierro, hasta accidentes de tránsito.
"Estos son los suburbios de San Miguel. Es la zona más poblada de la región, por lo que es lógico que ocurran delitos", afirmó el policía que viste el uniforme desde hace un cuarto de siglo.
A pesar de que hace sólo tres meses que está a cargo de la comisaría, Villegas conoce la jurisdicción como la palma de su mano, pues ya estuvo como subcomisario en 1994.
"Eran otras épocas, en las que la delincuencia juvenil ligada a la droga no se veía como ahora.Sin ir más lejos, el delincuente de ayer tenía 22 años y ya había estado en la cárcel", recordó.
Un acto espontáneo
El hombre no quiere magnificar su acto heroico, en el que no dudó ni un minuto en canjearse por las rehenes y luego convencer al ladrón de que se entregue.
"Lo que sucedió fue espontáneo. Es lo que tiene que hacer todo policía. El cabo Acuña también lo hizo cuando se bajó del patrullero para detener a los ladrones. Yo no quiero ser demagogo. Si no hubiera habido un canje de rehenes, podría haber ocurrido un hecho más grave si alguno de los policías comenzaba a disparar y salía herida una de las chicas", narró Villegas.
"Imagínese si pasaba algo así, (los policías) íbamos a estar mirados mucho peor que ahora": el comisario sabe que la fuerza no está pasando por su mejor momento ."Si no pasó nada más grave en el colegio fue gracias a la Virgen del Rosario", dice, y señala una imagen que descansa en la repisa de su despacho, junto con la foto de sus nietos de uno y tres años.
El escritorio está adornado apenas con un muñeco plástico que representa a un policía bonaerense, (los hace su cuñado) y un llavero del colegio Martín Fierro, donde ayer no dudó en cambiar su vida por las de las dos alumnas, Yanina y Natalia.
Su estrategia para convencer al delincuente de entregarse pasa más por su experiencia como viejo policía y ser humano que por lo que está escrito en los libros de la academia. Dejó su chaleco antibalas y desarmado entró al aula donde el ladrón retenía a sus víctimas.
A pesar de que Antonio Vivas estaba armado con una escopeta con la que lo apuntaba y además llevaba una pistola calibre 9 milímetros en la cintura, Villegas hizo gala de toda su psicología de la calle.
"Hay que ponerse a la altura de ellos (por los delincuentes). Hay que usar palabras que no serían el mejor ejemplo de educación. Pero bueno, hablando, en él se produjo un quiebre. Afloró todo lo que tenía de ser humano. Respetó a las chicas, dejándolas ir y a mí me respetó al no matarme. Entendió. Pensó: "Mejor me entrego a este vigilante antes que seguir empeorando las cosas"", sostuvo.
El comisario le habló al hombre de su familia, y le hizo ver que sus hijas podrían ser esas rehenes. Finalmente, Vivas entró en razones y se puso en sus manos.
A 48 horas de ese acto, a Villegas le cuesta hablar de él. Recibió las felicitaciones de su superior en la Jefatura Departamental, que fueron extensivas a toda la dotación de la comisaría. Pero lo cuenta con timidez, la misma que exhibe cuando la cámara fotográfica lo retrata.






