
El silencio fue total en el entierro del matrimonio Losanovscky Perel
Fueron inhumados en un cementerio judío de Pilar; hermetismo de la familia
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En completo silencio, sin emitir palabra alguna ante la prensa, los familiares y amigos de Isidoro Mariano Losanovscky Perel y su esposa, Rosa Berta -hallados muertos en una cabaña de Cariló, ambos con un disparo en la nuca- dieron ayer el último adiós a sus seres queridos.
Los restos del matrimonio fueron trasladados desde la casa velatoria, situada en la avenida Córdoba al 5000, con destino al cementerio parque Colinas del Tiempo, en Pilar, donde fueron inhumados.
Fue una jornada larga e intensa para los deudos, ya que acompañaron a los difuntos desde las primeras horas del día hasta las 17, momento en que finalizó el entierro.
Los hijos de los Perel, Jonathan y Valeria, arribaron a la casa velatoria cerca de las 9.30 e ingresaron en el edificio por el garaje, una maniobra para evitar el contacto con la prensa.
Los familiares esperaban la llegada de Valeria desde Australia, donde se encontraba de vacaciones, para avanzar en la ceremonia de despedida.
La joven arribó a primeras horas del día y se presentó instantáneamente en el lugar donde se velaba a sus padres. Sin embargo, la multitud de periodistas que aguardaba en la puerta no pudo escuchar su voz ni por un instante. Tampoco la de su hermano o las de las decenas de amigos que los acompañaban.
También estaban allí Salomón y Graciela Golodnitzky, respectivamente el padre y la hermana de Rosa Berta Losanovscky Perel. Los Golodnitzky ingresaron en la casa fúnebre minutos antes de que lo hicieran los hijos del matrimonio difunto.
Según relató un empleado de la funeraria, quienes permanecían junto a los féretros de los Perel no llegaban a ser 20 personas.
Pocas flores
Tampoco eran abundantes las coronas de flores que recibieron. Es más, fueron sólo dos: una provenía del consorcio de Juncal 3158 -edificio en el que vivía la familia-, y otra que llevaba el nombre de Flehner.
Es que, al parecer, el círculo en el que se movían los Perel era reducido. Tanto es así que una de las pocas amigas de la familia que pronunció algunas palabras recalcó el dato.
"Sí, somos pocos porque esto es algo íntimo. ƒl no era alguien público. Y no tenía intenciones de serlo tampoco", dijo la mujer, que pidió no ser identificada.
La única persona que tenía intenciones de hablar era Salomón Golodnitzky, conocido por el círculo más íntimo como "El Negro". Sin embargo, los hijos y el resto de los familiares lo disuadieron de la idea.
A las 14.30, el cortejo fúnebre partió hacia el cementerio de Pilar. Los familiares y amigos comenzaron a llegar allí alrededor de las 15.
Primero fue un auto con los hijos del matrimonio asesinado y luego varios vehículos que transportaban a sus jóvenes amigos.
Las medidas de seguridad dispuestas en la puerta del cementerio eran numerosas.
Uno de los guardias -de chaleco negro símil antibala y con una pistola calibre 38 en el bolsillo- dijo a La Nación que la seguridad se había reforzado a pedido de la familia. Otro, en cambio, aclaró que se trataba de un operativo habitual del cementerio.
La ceremonia de inhumación se prolongó desde las 15.30 hasta las 17 y transcurrió en el pesado calor de la tarde.
En medio del proceso religioso, que incluye el lavado de los difuntos, la colocación de una mortaja y la bendición final, Salomón Golodintzky quiso ver el cuerpo de su hija. Sin embargo, los hijos de los Perel lo detuvieron, ya que la tradición lo prohíbe.
Un hazan (cantor) encabezaba las oraciones que se elevaban en el templo minutos antes de proceder al entierro.
Toda la ceremonia transcurrió en hebreo y castellano. La congoja de los allegados era notoria. Algunos de los allí presentes caminaban tomados de la mano, l0lorando, sin ocultar su tristeza. Sin embargo, ni Jonathan ni Valeria hablaron durante el proceso. Sólo el padre de Rosa Berta pronunció unas palabras en el momento en que los ataúdes ingresaban a la tierra.
"Fueron palabras de dolor. El dolor de un padre que pierde a su hija, nada más", expresó el gerente de Colinas del Tiempo, Daniel Katz.
El matrimonio fue enterrado en el sector 2 del camposanto, en una parcela lindera adonde yacen los restos de los padres de Isidoro, Vicente Perel y Luisa Goyberg de Perel.
Hubo mucha seguridad
El acceso a la prensa estuvo vedado mediante un gran operativo de seguridad instrumentado por los vigilantes privados del cementerio.
Estos fueron apoyados por personal de la Policía Departamental de San Isidro, quienes custodiaban la zona exterior del lugar para impedir que los camarógrafos y periodistas pudieran ingresar en el camposanto.
Las explicaciones por tanto despliegue fueron dudosas. Primero dijeron que respondía a un pedido expreso de la familia, pero tiempo después afirmaron que se trataba de una medida que es habitual para el cementerio.
Tanto la salida de la casa fúnebre como la partida del camposanto transcurrieron a toda velocidad, sin detener la marcha de los vehículos ni por un instante.





