En la Argentina, miles de jóvenes marcharon contra el cambio climático

Los organizadores estimaron que 6000 jóvenes marcharon en la ciudad
Los organizadores estimaron que 6000 jóvenes marcharon en la ciudad Crédito: Ignacio Sánchez
El acto principal fue en la Plaza del Congreso, donde los manifestantes pidieron un mayor compromiso ambiental al Gobierno; hubo 30 concentraciones en el país
Evangelina Himitian
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28 de septiembre de 2019  

Marcharon con consignas pintadas en cartones. Otras en banderas, remeras y pancartas. Las leyendas eran variadas, pero el mensaje era el mismo: en sintonía con lo que ocurrió en otros 170 países y en más de 30 ciudades de la Argentina, los jóvenes porteños coparon ayer las calles del centro de la ciudad para reclamar medidas urgentes contra el cambio climático. La convocatoria no tuvo límites de edad. Aunque fueron en su mayoría adolescentes, que ayer faltaron a clases para participar de la convocatoria, también dijeron presente chicos de 11 años, como Felipe Andrei, que cuando supo que Héctor, su hermano de 17, iba a la marcha, él se quiso sumar y preparó un cartel en EL que se leía: "A mí me importa". O como Mabel Piña, de 89 años, que llegó a la marcha con la pancarta que le mandó por mail su hijo, que es biólogo y vive en Montreal. Mientras ella avanzaba por Avenida de Mayo, él le iba transmitiendo por WhatsApp todo lo que estaba pasando en la movilización en Canadá (ver aparte).

Los organizadores estimaron que fueron unos 6000 los jóvenes que se movilizaron. Se reunieron en la Plaza de Mayo, cerca de las 15.30, cuando empezaron a marchar por Avenida de Mayo hacia el Congreso. "No hay planeta B", "Cambio humano, no cambio climático", "La casa está en llamas" y "Actuar ahora" fueron algunas de las consignas que se repitieron en casi todos los países y que se replicaron en Buenos Aires.

También hubo un componente autóctono y mucha creatividad. "Esto está tan mal que los introvertidos están aquí", escribió en un cartel Fabiana Saez, una venezolana de 17 años. "Imaginate que los introvertidos tomamos la calle, mirá qué mal que debemos estar", explicó. O como el cartel de Melisa Rosales, también de 17 años, que pertenece a la agrupación Jóvenes por el Clima. "Ni un grado más, ni una especie menos. El calentamiento global no espera".

El cartel de Felipe Andrei se veía poco, porque él mismo, con 11 años, apenas llegaba a ver lo que estaba ocurriendo en el escenario que se armó delante del Congreso. Soledad, su madre, cuenta que él le había hecho varias preguntas en la semana cuando vio en la televisión las imágenes de la activista sueca Greta Thunberg quebrada durante su discurso en las Naciones Unidas. Entonces ella decidió acompañar a su hijo menor a la movilización. "Me dolió mucho verla llorar a Greta. A mí me importa que se cuide el planeta y que no se destruya y quiero que me escuchen. Que a los políticos también les importe", dijo, con seriedad adulta, Felipe.

Fuente: LA NACION - Crédito: Ignacio Sánchez

A medida que los manifestantes avanzaban por Avenida de Mayo, la marcha por el clima comenzó a mezclarse con la movilización por la legalización del aborto, que hacía el recorrido inverso: del Congreso a Plaza de Mayo. Ambas marchas compartieron el espacio y convivieron de manera pacífica.

Desde la vereda frente al Congreso, una joven desplegó su propio puesto de militancia vegana: vendía stickers contra el maltrato animal y convocaba a inscribirse y comprometerse para dejar de comer productos de origen animal. "Hacete vegane, serví para algo", rezaba su cartel.

Cerca de las 18 fue el turno de los discursos. La primera en hablar fue Carolina Vera, que es investigadora del Conicet y miembro del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático. "Los científicos hemos hablado. Explicamos que todavía se pueden hacer cosas para reducir el calentamiento. La buena noticia es que cuando bajamos las emisiones, la tierra se enfría. Y que es posible revertir la situación con la tecnología que tenemos ahora. Es decir, que el cambio climático no es un problema físico ni tecnológico, sino social. Y político. Pero los dirigentes no nos escucharon. En cambio, fueron ustedes, los jóvenes, los que nos escucharon y salieron a las calles. Gracias", señaló.

Deuda

Después fue el turno de los jóvenes organizadores del acto. "Somos la juventud, que va a tener que pagar las consecuencias de decisiones que no tomamos. Nos están haciendo acreedores de una deuda en términos ambientales y en términos sociales, que nunca nos van a poder pagar", reclamó Mercedes Pombo, de Jóvenes por el Clima. "Nos obligan a los jóvenes a estar acá, reclamando por el clima, porque consideran que no es un asunto de derechos humanos. Y estamos hablando de nuestro futuro", indicó Nicole Becker, del mismo grupo.

Tinkay Pérez, de 15 años y representante de Fridays For Future, la agrupación que se reúne todos los viernes frente al Congreso desde hace siete meses, fue la encargada de poner en dimensión la crisis climática. "Si el planeta fuera un celular, estaría al 3% de carga y a punto de apagarse. Es por eso que tenemos que actuar ya", dijo.

Fuente: LA NACION - Crédito: Ignacio Sánchez

Las consignas reiteraron la defensa de la "casa en común" y la necesidad de repensar los sistemas productivos y de abandonar, como reclama Thunberg, el uso de combustibles fósiles. Pero el acto tuvo un revés inesperado: mientras la marcha vecina, la de la legalización del aborto, agitaba una ruidosa batucada, los oradores por el clima se quedaron mudos. El equipo de sonido dejó de funcionar porque el generador eléctrico que estaban usando se quedó sin nafta. Siguieron hablando por varios minutos con un megáfono, ante las quejas del público porque no se escuchaba. Poco después volvió el sonido cuando lograron llenar de combustible el generador.

Al terminar el acto, los jóvenes se quedaron para escuchar bandas de música que prometían extender el evento hasta la medianoche. Antes de irse, se organizaron para recolectar los residuos que había generado la movilización. Y además repartieron plantines para que los asistentes los trasplanten y, así, ayudar a compensar la huella ambiental de la movilización.

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