En Bariloche, los egresados se divierten sin riesgos

Cumplen con un código de convivencia creado para evitar desmanes; fuertes multas, la clave
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18 de diciembre de 2009  

SAN CARLOS DE BARILOCHE.- La vida nocturna de los estudiantes tiene aquí un paradigma diferente. En la madrugada de anteayer, en una discoteca céntrica, disfrutaban de una fiesta de disfraces 900 egresados. Afuera del lugar daba la impresión de que nada sucedía: la vereda estaba vacía, no había bullicio ni música.

En una hora [entre las 23.30 y las 0.30] todos los egresados deben estar dentro de las discotecas. Las normas exigen que lleguen en colectivos y, de manera ordenada, ingresan con cintas identificatorias, con el grupo y coordinador. La salida está programada para las 5.30 como máximo y también se hace con el mismo control.

Este modelo, sin embargo, no es trasladable a cualquier discoteca, ya que involucra únicamente a contingentes de egresados que, previamente a sus actividades de diversión nocturna, acuerdan cumplir un "código de convivencia". Las sanciones para un egresado son severas: cualquier desmán afecta a todo el grupo y, durante la estada, no podrán ingresar a ninguno de los cinco boliches para egresados.

"Ordenar los horarios y el código de convivencia fue fundamental. Tuvimos resistencia en un principio, creían que no iba a funcionar porque llegan con las costumbres de sus lugares de origen donde van a bailar a las 3 o 4 de la mañana... Acá los chicos tienen un contexto de viaje con una noche diferente", dijo a LA NACION Roberto Bruzzone, gerente comercial del grupo Alliance, que agrupa a las discos By Pass, Cerebro y Roket, todas ellas certificadas con normas de seguridad ISO 9001:2000 y OHSAS 18001:2007.

Responsabilidad social

Para ese grupo, instrumentar dicho "cambio cultural de la noche" está íntimamente vinculado con "la moral y la responsabilidad de los que llevan adelante este negocio: están quienes quieren tener todo ordenado y, otros, que tratan de hacer happy hours para vender más bebidas. Pasa mucho por la responsabilidad social empresaria", afirmó Bruzzone.

El empresariado local coordinó medidas para ordenar y controlar el turismo joven después del 2003, cuando las principales empresas de turismo estudiantil se alejaron del mercado. Para entonces, hoteleros, servicios turísticos y empresarios de las discotecas se reunieron para proyectar un nuevo paradigma de viaje de egresados que dejara atrás los desmanes, los excesos con el alcohol y los destrozos, que eran moneda corriente.

La diversión pasa por otro lado. Cánticos, festejos y pasos de baile. "Los chicos disfrutan sanamente, no se emborrachan como en las ciudades de donde vienen", dijo Esther, una madre acompañante de un grupo de Santa Fe que, aún de madrugada junto a otros padres, compartían el boliche con los chicos, pero desde un sector especial diseñado para ellos en estas discotecas.

Los estudiantes ingresan ordenados con un ticket para una bebida sin alcohol. Dentro de las discos se venden bebidas alcohólicas a mayores de 18 años, pero los precios son elevados (una lata de cerveza cuesta $ 18 y un trago $ 40) por lo cual son muy pocos los que consumen algo. No existe la figura del patovica, ya que la seguridad la realizan policías de civil y hay un registro con la identidad, el grupo y el hotel donde se aloja cada chico que ingresa en la disco.

Controles severos

Los controles se realizan desde el ingreso en la ciudad donde los transportes que traen estudiantes efectúan dos paradas obligatorias con registros de Gendarmería Nacional y de inspectores municipales para evitar el ingreso de bebidas alcohólicas, drogas o pirotecnia.

También en los hoteles es habitual el control en las habitaciones, principalmente en busca de alcohol.

Además, ante cualquier destrozo que realicen los chicos, las multas por pagar son elevadas por lo cual se "autolimitan" los propios estudiantes, aseguran quienes manejan el negocio de los viajes de egresados.

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