
En busca de la ética perdida
Virtudes: el reconocido ensayista español Enrique Rojas, autor de "El hombre light", desafía al relativismo dominante y pugna porque los valores morales no pierdan vigencia.
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La influencia de la TV por encima del pensamiento de los intelectuales y la seducción del relativismo son los signos más alarmantes del siglo que termina, según la visión del catedrático, psiquiatra y ensayista español Enrique Rojas, que hace cuatro años sorprendió a muchos con su descarnado diagnóstico de la cultura light.
Invitado una vez más a la Argentina por la Universidad de Belgrano y por la galería de arte Zurbarán para aportar su pensamiento sobre la ética en la sociedad contemporánea, el autor de "El hombre light" ubica a las crisis conyugales como una de las tres grandes epidemias del siglo XX, junto con la propagación del SIDA y la droga en la juventud, y propone enfrentarlas con una buena dosis de voluntad, complicidad y un buen balance.
"A cierta altura de la vida debemos hacer un borrón y cuenta nueva", aconsejó el ensayista madrileño. al dialogar con La Nación y repasar los "Remedios para el desamor", contenidos en uno de sus libros más resonantes, dedicado a enfrentar las crisis de la pareja, que va por su 18a. edición y lleva vendidos ya 100.000 ejemplares.
"En toda pareja en situación de crisis es importante luchar por no sacar una lista de agravios para mostrar la colección de cosas negativas del pasado", explicó con fina percepción.
Ahora prepara un nuevo libro: "El amor inteligente", en el que pretende mostrar los valores de la afectividad madura, la espiritualidad y la conveniencia de "aplicar la cabeza sin que el amor pierda su frescura y lozanía".
-Cuando usted escribió "El hombre light", lo presentó como un libro de denuncia. ¿Piensa que la sociedad tomó conciencia de los riesgos que entraña llevar una vida sin valores?
-Se percibe en el mundo occidental una vuelta a la educación, que es una tarea de orfebrería. Hoy existen muchos profesores y muy pocos maestros. Los profesores se dedican a una disciplina; el maestro, en cambio, sirve de modelo de identidad para su alumno, es un punto de referencia.
-¿Ya no hay parámetros?
-Hoy el nuevo educador es la televisión y rige el síndrome del mando a distancia, del zapping, más frecuente en el hombre que en la mujer. El ideal de un hombre es estar tirado en la cama con el control remoto porque le interesa todo y no le interesa nada.
-Lo que usted llamó el chupete del adulto.
-Sí. Como en la TV casi todo lo que es noticia es negativo, se produce en el teleespectador, en forma gradual, una indiferencia por saturaciones. Es un estado de ánimo neutro, entre el aburrimiento y la melancolía. Lo importante es pasar el rato, distraerse, divertirse. La cultura del hombre light.
-¿Qué peso tiene hoy la ética en el mundo contemporáneo?
-La ética es importante siempre. Pero se habla más de ella cuando los tiempos son difíciles. Influye mucho el relativismo, que tiene una gran falla. Si todo es relativo caemos en un nuevo absoluto: que todo es relativo. Es la filosofía light. El hombre light tiene momentos felices, porque se divierte y la pasa bien, pero a la larga es profundamente desgraciado. La persona corrupta no puede ser feliz. Puede estar a gusto, pero no ser feliz.
-¿Usted asocia esta crisis de valores y de los principios éticos con los postulados del posmodernismo?
-El posmodernismo tiene una gran influencia, promueve el individualismo. La precariedad de las ideas es hoy una constante. El hombre moderno no piensa. Está dedicado a recibir noticias y a ver imágenes. Europa es el continente más importante en el mundo de las ideas, con cuatro raíces importantes:el pensamiento intelectual de Grecia, las normas jurídicas de Roma, el mundo judío y el cristianismo. Hoy está perdiendo sus raíces. Hay en Europa una influencia norteamericana muy negativa en el mundo de las ideas. Y esto ha condicionado al hombre europeo.
Corrupción generalizada
-El estado de sospecha en que se encuentra hoy la clase política ¿puede afectar la estabilidad institucional de un país?
-La corrupción más grave es la de los que deberían ser ejemplares, porque produce un deterioro en la gente. El espectáculo penoso que se da en la vida política, con denuncias recíprocas, muchas veces falsas y otras veces no tanto, provoca malestar y mina la moral de la gente del pueblo. En la sociedad actual lo que faltan son los modelos de la sociedad.
-¿Qué caminos le quedan al ciudadano cuando disminuye la confianza en la Justicia?
-Todos los países tienen factores de corrección para expulsar a los malos políticos de la vida política. Todo país que tiene una buena salud tiene capacidad de reacción. En las grandes revoluciones europeas, como la británica (1648) y la francesa (1789) jugaron un papel fundamental los intelectuales, que hoy serían los periodistas. Habrá en el futuro reacciones colectivas por encima de los países, que buscarán factores de cambio de esos comportamientos tan nefastos. Pero es evidente que la gente sencilla cada vez cree menos en los políticos.
-¿Hoy no tienen influencia los intelectuales?
-Los intelectuales son una enorme minoría que tiene peso dentro de una minoría. Hoy posee más influencia un presentador de TV que un intelectual. Salvo contadas excepciones y en países muy cultos (Francia, Alemania), la influencia de los pensadores es muy pequeña.
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