
En Caballito, nadie se salvó de los ladrones
Modus operandi: toman como rehenes a los encargados de los edificios para poder ingresar sin que nadie sospeche.
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Las cuatro cuadras de la avenida Pedro Goyena, entre Pumacahua y Achával, en Caballito, fueron elegidas como coto de caza por los delincuentes que, además, amenazan a las víctimas para que no hagan la correspondiente denuncia policial.
Peatones, comerciantes y vecinos de esa zona, que limita con el barrio de Flores, sufrieron por igual una ola de asaltos que ha provocado una sensación térmica desagradable: la de vivir permanentemente con miedo.
Los encargados de los elegantes edificios que se levantan en esas cuadras se han convertido en los blancos elegidos por los asaltantes para poder ingresar en los departamentos. El ardid se ha repetido tantas veces que los porteros tienen miedo hasta de baldear la vereda.
Entre los muchos vecinos damnificados hay varios legisladores. Por ejemplo, el diputado nacional Enrique Benedetti (UCR) sufrió en carne propia uno de los robos. Raúl Fernández, concejal del Frente Grande pide más presencia policial y un compromiso profundo entre los agentes y los vecinos de la zona. "Hay que terminar con el miedo que lleva a la gente a no hacer las denuncias", dijo Fernández.
Violenta ola de asaltos en los barrios de Flores y Caballito
Pedro Goyena: es la avenida más castigada por los delincuentes que a cualquier hora del día comenten los delitos; utilizan a los encargados de los lujosos edificios para ingresar y saquear departamentos.
Cuatro cuadras de una zona residencial en el límite entre los barrios de Flores y Caballito se han transformado en los últimos meses en un blanco dilecto para asaltantes con distintos y novedosos modus operandi.
La Nación recorrió esas calles y encontró una vecindad atemorizada: en la avenida Pedro Goyena entre Pumacahua y Achával pocos son los que no han experimentado o presenciado un robo.
Los encargados de los lujosos edificios que pueblan la zona son los más expuestos al crimen, aunque los comerciantes y hasta algún transeúnte desprevenido han caído en manos de los delincuentes, que no respetan nada.
A pesar de que las dos comisarías de la zona han reforzado la custodia, los asaltantes actúan en las horas en las que no hay vigilancia, e inclusive amenazan a las víctimas para que no hagan la denuncia policial y todo quede entre el olvido y la impunidad.
Los encargados al descubierto
Una de las modalidades delictivas en alza en estos días es la de utilizar a los encargados de los edificios como escudos para ingresar a los departamentos y desvalijarlos. El 16 de octubre último, Eulogio Pavón, un portero del barrio de Belgrano, fue asesinado brutalmente por resistirse a un asalto de este tipo.
Si bien ninguno llegó a ese extremo, muchos de los encargados de los edificios situados en Pedro Goyena han vivido traumáticas experiencias.
"Tres hombres muy bien vestidos y armados me agarraron de un brazo y me pararon en el hall de entrada a esperar que llegue alguno de los dueños", dijo a La Nación Carlos Barzola, de un edificio situado en Pedro Goyena al 1600.
Así lograron saquear tres pisos de la torre. "A mí y a los que asaltaron nos dejaron encerrados en un departamento. Mientras escapaban le dieron la llave a un pintor que entraba para que nos libere", concluyó.
Aquel hecho se produjo hace tres meses y comparte muchos detalles coincidentes con otros producidos en la zona.
Sin denuncias y bajo amenazas
La mujer del encargado de un edificio situado en Pedro Goyena a metros de Curapaligüe relató: "El 21 de septiembre, tres tipos entraron por el garaje y amenazaron a mi marido. Se llevaron 4000 pesos de un departamento".
Los asaltantes, según la mujer, usaban trajes de calidad y tenían teléfonos celulares. "Anotaron los nombres de mi esposo y de los que robaron y pidieron que no denunciaran el robo, sino que declaracen que habían extraviado el dinero. Dijeron que tengamos mucho cuidado porque están trabajando la zona", aseguró la mujer, quien pidió reserva de su nombre.
A dos cuadras de allí, en la esquina de Goyena y Achával, otro encargado fue víctima de la delincuencia.
Según informó un vecino del edificio, hace veinte días lo usaron como medio para vaciar varios departamentos, lo golpearon y lo amenazaron para que no abra la boca. "Andate, no quiero decir nada", fue la intempestiva respuesta del encargado temeroso cuando La Nación intentó consultarlo.
En la vereda de enfrente, el portero Mario Dubra fue atado y encerrado en un departamento, hace dos meses, por un grupo de maleantes con dudosas intenciones. "No robaron en ningún departamento. No sé que era lo que buscaban", confió.
"Somos carnada fácil. Ahora, salir a baldear es un desafío. Miro para todos lados, y me alejo de la puerta cuando veo que alguien se acerca", afirmó Carlos, empleado de una de las torres, quien aún está invicto.
No se salva ni el cura
En Pedro Goyena entre Curapaligüe y Malvinas Argentinas, está la parroquia María Madre de la Iglesia. Una empleada del lugar confirmó el relato de varios vecinos: hace tres meses un hombre armado entró a robar, amenazó al párroco, pasó la noche en el lugar y huyó al amanecer.
En el edificio que está al lado, forzaron la puerta de uno de los pisos hace dos semanas y enfrente también desvalijaron, días antes, dos departamentos.
Tampoco faltan los casos de salideras. En la última semana del mes de octubre, dos hombres le arrebataron el maletín a una mujer que salía de la sucursal del Banco Galicia situada en Goyena y Thorne. El hecho trascendió por la espectacularidad de la huída de los asaltantes, quienes desde una moto abrieron fuego contra un policíá que les dio la voz de alto.
En tanto, los negocios de este tramo de la avenida Goyena no son la excepción. "Estoy aterrada. En un mes ya entraron dos veces a robar con armas. No podemos vivir en paz", dijo a La Nación la dueña de una inmobiliaria de Goyena al 1700.
En esa misma cuadra, dos asaltantes entraron la semana última en una peluquería al mediodía, se hicieron de 400 pesos y se escaparon cómodamente en un taxi y doblaron la esquina sin que nadie pudiera hacer nada A metros de allí, en una panadería un ladrón encerró al empleado y huyó con la caja registradora bajo el brazo. Fue hace un mes y medio.
Y la lista sigue: dos quioscos, una librería, una pizzería... algunos fueron robados hasta cuatro veces.
Sin embargo, el récord lo tiene un farmacéutico. Javier, de Goyena y Achával fue asaltado 6 veces. Ahora atiende detrás de un enrejado. "No te queda otra que adaptarte", reconoció.
Reclaman mayor presencia policial
Para algunos legisladores porteños que viven en la zona de Flores y Caballito, los numerosos robos que se suceden se solucionan con una mayor presencia policial en esos barrios.
El diputado Enrique Benedetti (UCR) sufrió en carne propia la modalidad de robo que hoy causa temor entre los vecinos.
"A fines de 1992 yo vivía en Pedernera 485 y un día el portero me tocó el timbre, abrí la puerta y estaba encañonado por un ladrón que me robó 100 pesos, el reloj y un encendedor de oro; ese método no es nuevo, pero ahora, ante la falta de policía en la calle, se incrementó, como otros delitos", narró el legislador.
Para el concejal porteño Raúl Fernández (Frente Grande) "además de la presencia de agentes en la vía pública habría que crear un cuerpo especial de policías que tenga más contacto con los vecinos, que se termine con ese corte que hay entre la institución y la gente que tiene miedo y debe construir una fortaleza alrededor de su casa para prevenir robos".
Según el edil la autonomía porteña "sería un buen canal para la creación de ese grupo policial propio que debería estar en contacto con las necesidad de cada barrio, que a veces son muy distintas".
Por otra parte opinó la concejala radical Delia Rivas: "Es increíble cómo en los últimos años creció el número de casas y comercios de Flores y Caballito que son saqueados por los ladrones; los vecinos tenemos miedo hasta para ir al supermercado".
Agregó que "sin dudas con más presencia de patrulleros y de agentes la tendencia debería bajar, pero también yo creo que la policía debería prevenir más que combatir, hablar con el vecino y mostrar disposición".






