
En Cromagnon se lanzaron 27 bengalas
Lo reveló un informe policial; una de ellas causó el incendio
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Según un peritaje de los bomberos de la Policía Federal, la noche de la tragedia en la disco República de Cromagnon, de Once, se encendieron 27 bengalas y otros elementos pirotécnicos. Una de esas bengalas, que están estrictamente prohibidas en lugares cerrados, fue la que originó el incendio en el techo durante el recital del grupo Callejeros, el 30 de diciembre de 2004. De allí emanó un humo tóxico y letal que, en minutos, empujó a la muerte a 194 personas.
El informe de los bomberos se conoció ayer durante las audiencias del juicio oral y público que se sigue al explotador comercial del local, Omar Chabán; a los integrantes de la banda, a tres ex funcionarios del gobierno porteño y a dos oficiales de la Policía Federal.
Dos peritos bomberos sostuvieron que si los extractores de aire hubieran funcionado y si la llamada "puerta alternativa" no hubiera estado cerrada con alambre y candado, quizá los gases tóxicos se habrían ido sin provocar tamaña tragedia. Un tercer perito dijo que el tablero del sistema de alarma había sido manipulado para que no se activara, por medio del burdo pero eficaz método de tapar el zumbador con un chicle o pegamento.
Lo más inquietante de esto es que sólo fue descubierto en abril de este año, tres años y medio después de la catástrofe, durante una inspección ocular dispuesta por el tribunal oral que lleva adelante el debate, que ayer tuvo su novena audiencia, con la histórica sala donde se desarrolló el juicio a las juntas militares como escenario del proceso.
"Quedó totalmente claro que aquello que decía Chabán, de que Cromagnon era el lugar más seguro de la Argentina, era una mentira total", dijo el abogado José Antonio Iglesias, padre de Pedro Tomás, una de las 194 víctimas, y cabeza de una de las cuatro querellas.
Al término de la audiencia de ayer, Iglesias explicó que el ingeniero en electrónica Ricardo Siciliano -propuesto por él como testigo en el juicio- descubrió, además de aquella trampa en el tablero del sistema de alarmas ubicado en la cabina del disc jockey, irregularidades en el cableado (por ejemplo, cables pelados o tramos en los que se juntaban conductores de energía, de datos y de telefonía), la dificultad para acceder a los elementos hidrantes y la incorrecta colocación de detectores de humo y de las indicaciones de salida. Señaló el perito, por ejemplo, que una de las indicaciones conducía derecho hacia una pared.
Cuando se le preguntó cómo podía ser que sólo tres años y medio después de la tragedia se hubiera advertido que alguien había inutilizado adrede el sistema de alarma contra incendios, Iglesias sostuvo: "No hay que perder de vista que muchas de las irregularidades dejaban mal parados a los bomberos". Y agregó: "Yo no sé quién puso ese chicle ahí y no puedo decir que haya sido Chabán, pero todo me lleva a pensar que él sabía que eso estaba ahí".
Chabán ya pidió formalmente declarar en el debate, una vez que terminen de declarar los peritos. Intentará dirigir la culpa por el hecho hacia quienes arrojaron las bengalas que encendieron los paneles de espuma de poliuretano del techo. Seguramente, señalará que había instalado ese material allí confiado en que era ignífugo y en que no había ninguna advertencia de que, al contacto con el fuego, emanara el letal ácido cianhídrico de esos paneles.
Los peritos
Los peritos bomberos Alfredo Coco y Marcelo Ochoa mostraron fotos de las bengalas, petardos, candelas de 30 tiros y foguetas de tres usados al comienzo del recital de Callejeros, artefactos pirotécnicos que, según el informe leído en la audiencia de ayer, eran "coincidentes" con otros encontrados en las oficinas administrativas del local.
Los expertos afirmaron que el uso de estos fuegos artificiales "estaba prohibido en espacios cerrados y vedada su venta a menores de 18 años".
Luego, explicaron que el incendio se produjo por el contacto de la pirotecnia detonada con los materiales del techo, que identificaron como espuma de poliuretano (los paneles ignífugos), guata y la famosa media sombra, extendida unos 60 centímetros por debajo de la losa. "La media sombra aumentó la capacidad de temperatura y la peligrosidad en el lugar. Como es un derivado del petróleo, iba goteando una brea que causó quemaduras a la gente, lo que contribuyó al pánico", declaró Coco, que estuvo en el local dos horas después de ocurrida la tragedia.
Por medio de un gráfico explicó cómo se inició el fuego, en un foco de unos 30 centímetros que se expandió hasta que una viga le impidió seguir avanzando, unos 10 minutos después de iniciado. Agregó que, por su composición, los materiales del techo despidieron una combinación de monóxido de carbono y cianuro de hidrógeno, que es 20 veces más tóxico que el anterior.
Los gases afectaron primero a quienes estaban en el entrepiso y luego a todos los que abajo pugnaban por salir de la trampa de humo en que se había convertido Cromagnon. Los gases, dijo, "impidieron la respiración normal de la gente, generando fallas en el sistema nervioso", efecto que comenzó a sentirse en las personas unos 13 minutos después de comenzado el incendio.
Luego, el perito Ochoa dijo que si los extractores de aire hubieran funcionado, "la masa de humo se hubiera ido por la ventilación forzada" y que, si se hubiera abierto el portón, "la cantidad de gases también hubiera disminuido".





