
En el CBC, el 30% cambia de carrera
Sobre 50.000 ingresantes, unos 15.000 jóvenes modifican la elección de sus estudios, con la mirada puesta en el empleo
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El 30% de los estudiantes que cursan el Ciclo Básico Común (CBC), en la Universidad de Buenos Aires (UBA), modifica la elección de su carrera antes de terminar el primer año del curso.
Durante el último año, alrededor de 15.000 estudiantes han cambiado de rumbo, sobre un promedio de 50.000 aspirantes, según las estadísticas suministradas por la Secretaría de Planeamiento del CBC.
Durante 1996, 19.600 estudiantes modificaron su inscripción inicial y, en 1995, lo hicieron poco más de 10.000.
Si bien los datos de 1997 aún no han sido computadorizados, la información recabada entre noviembre último -cuando finalizó la inscripción para el CBC de 1998- y este mes, permite inferir que la desorientación vocacional subsiste. En este lapso, un millar de estudiantes recién incorporados a la UBA cambió de carrera, aun antes de empezar a cursar el ingreso.
La magnitud del problema también puede percibirse en la cantidad de alumnos que llegan con su incertidumbre a la Dirección de Orientación al Estudiante, organismo dependiente de la Secretaría de Asuntos Académicos de la UBA y abocado al diseño y aplicación de estrategias de orientación vocacional para la población universitaria.
Diana Aisenson, titular de esa dirección, comentó a La Nación que, mensualmente, reciben alrededor de mil consultas de estudiantes que buscan información u orientación. Además, atienden otras tantas consultas telefónicas y postales.
Pero el número de alumnos desorientados no se agota en las cifras citadas. Muchos otros llevan sus cuitas al Departamento de Orientación Vocacional del CBC. Su directora, Graciela Canessa, aseguró que por año el departamento "atiende 10.000 pedidos de información y coordina entre 3000 y 4000 procesos de orientación vocacional".
Dudas múltiples
"Las dudas que traen los chicos del CBC y de la escuela secundaria son múltiples -explicó Canessa-. Entre otras cosas, les preocupa saber si la carrera elegida les va a gustar, si van a ser capaces de hacerla bien, si en el futuro van a tener trabajo."
La incertidumbre con respecto al futuro laboral aparece como una de las causas más fuertes de la desorientación de los estudiantes. A ello también se suma la superoferta educativa que prolifera en estos días: nuevas carreras y títulos terciarios y universitarios florecen en instituciones públicas y privadas.
Para Diana Aisenson, "los problemas de orientación vocacional y ocupacional están acentuados en la actualidad por la desocupación estructural que afecta especialmente a los jóvenes y por las nuevas exigencias para el empleo".
Pero, si bien el problema existe, en muchos casos puede erigirse como una barrera imaginaria. "El miedo a no conseguir trabajo a veces crece demasiado. Los jóvenes tienen miedo de tomar una decisión y relegan en otros la responsabilidad de hacerlo", opinó Canessa. Otro factor que influye en las dificultades para definir una vocación es la falta de información.
Gregorio Klimovsky, profesor emérito de la UBA, dijo a La Nación : "En la escuela secundaria, los alumnos tienen una idea muy vaga e inexacta de lo que es una carrera universitaria, de la formación cultural que ella implica. Como no recibieron información ni fueron preparados, no manejan los elementos necesarios para decidir qué disciplina se acerca más a sus intereses".
Preocuparse con tiempo
Tanto la Dirección de Orientación al Estudiante de la UBA como el Departamento de Orientación Vocacional del CBC realizan durante el año entrevistas y talleres, individuales y grupales, para ayudar a los estudiantes en la búsqueda de sus vocaciones.
Según Klimovsky, "para comenzar a solucionar el problema es necesario que los profesores universitarios se acerquen a las escuelas y describan a los adolescentes lo que les espera en el ámbito académico. Y también hace falta preparar a los docentes de la escuela secundaria para que puedan orientar a sus alumnos".
Los estudiantes que hoy navegan sin rumbo en el horizonte de sus vocaciones, quizás encuentren una brújula en las sugerencias de Canessa, licenciada en Ciencias de la Educación: "Lo más importante es que no esperen a último momento para preocuparse. Conviene que, con tiempo, se acerquen a la facultad, hablen con profesores y alumnos, y se informen todo lo posible. Y, por supuesto, pueden acercarse a los talleres de orientación vocacional que brinda la UBA, en general, y el CBC, en particular".
Todo es igual
Entre los numerosos factores que influyen en la desorientación vocacional de los estudiantes, la familia también juega un importante papel.
En diálogo con La Nación , la psicóloga y socióloga Claudia Messing, con veinte años de experiencia, aseguró que "la apatía, la indecisión y el desinterés que muestran muchos jóvenes, cuando tienen que elegir una carrera universitaria, se adquieren dentro del ámbito familiar".
Messing sostiene que la causa del problema es la falta de diferenciación entre padres e hijos. "Cuando no hay un diálogo respetuoso, se pierden las jerarquías familiares y los chicos se sienten iguales a sus papás", explicó.
"Creen que están de igual a igual con el mundo de los adultos y se preguntan: ¿qué interés puede tener para mí estudiar una u otra carrera? Ninguna les gusta más que otra", concluyó.
Recomendaciones para estudiantes
El problema de la orientación vocacional de los jóvenes que desean ingresar en la Universidad ha existido siempre, pero en muchas ocasiones se ha visto enmascarado por una falta de información adecuada, por la presunción de que el alumno que fracasa "no tiene condiciones para estudiar", y por la presión familiar o social en favor de determinadas carreras.
El Ciclo Básico Común (CBC) de la Universidad de Buenos Aires ha puesto dramáticamente en evidencia este problema, pues al enfrentarse con la realidad, el alumno adquiere un conocimiento directo y contundente de la naturaleza de los estudios y de sus propios gustos y condiciones.
Este mismo hecho sugiere un camino de solución, que es el que se ha adoptado desde hace tiempo en algunos países, por ejemplo en Francia: asignar a los dos últimos años de la escuela secundaria diversas orientaciones, que significan distribuir adecuadamente el énfasis en las diversas materias sin llegar a la supresión total de las que se consideran esencialmente formativas, como matemáticas y lengua.
La reforma educativa argentina propugna una solución similar, a la que deberían efectuar algunos ajustes.
Pero eso no es todo. Además de las orientaciones en la escuela secundaria (que serían algo así como iniciar más tempranamente el CBC) es imprescindible tomar en cuenta las dos siguientes recomendaciones:
- Que las materias básicas de cada orientación sean impartidas en un buen nivel de conocimientos y de exigencias, dejando de lado las prácticas facilistas y demagógicas que tanto daño continúan causando en nuestra enseñanza. De ese modo, el alumno tendría una vivencia real de lo que es cada rama del saber y no una ilusión edulcorada.
- Llegar a acuerdos entre colegios y universidades para que los alumnos del último año de aquellos cursen una materia universitaria de su elección durante un cuatrimestre, lo que les daría también una percepción realista de la naturaleza de los conocimientos y de sus propias posibilidades e inclinaciones.
En síntesis, la idea central es que el alumno se enfrente tempranamente con la realidad de lo que él cree que es su vocación. Así los cambios de orientación tendrán lugar de manera más natural y sin los costos psicológicos, sociales y económicos que son corrientes en la actualidad.
Desde luego, la puesta en vigencia de medidas como las que aquí recomiendo no implica en modo alguno renunciar a los procedimientos de orientación vocacional habituales, sino todo lo contrario: la orientación vocacional ejercida técnicamente por profesionales especializados debe continuar en vigencia con la mayor amplitud posible, pues todas estas estrategias se complementan y se refuerzan mutuamente. El autor es rector de la Universidad Caece.
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