
En el sur del conurbano, hubo más quejas que diversión
Dueños de bares y discos criticaron el cierre más temprano de sus locales
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LA PLATA.- "¿Qué le decimos a Daniel Scioli [el gobernador], que nos quiere mandar a dormir temprano?", dijo a los jóvenes de no más de 18 años una voz, a través de un micrófono, en la discoteca Club XXI, en la ciudad bonaerense de Quilmes. La respuesta no dejó lugar a dudas: los silbidos y señales de reprobación musicalizaron el ambiente.
Ayer la madrugada y el buen clima invitaba a disfrutar de la velada en la zona céntrica de esta ciudad, uno de los puntos más visitados en el sur de la provincia por los jóvenes. Pero la preocupación por la indiscriminada ingesta de alcohol durante la noche, sobre todo entre los más chicos, estaba siempre presente.
"El problema va más allá del alcohol y tiene que ver con la droga", dijo a LA NACION Mario, encargado en un bar irlandés de la zona. Todos los dueños de bares consultados por este diario estuvieron de acuerdo en que, antes de cualquier reglamentación, es necesario ordenar la noche. "Hay que empezar a controlar las habilitaciones", se quejó Guillermo Panebianco, dueño de la disco Buró, donde han llamado "mezcladito" a una jarra en la que se combinan varias bebidas alcohólicas.
En Quilmes coexisten tres tipos de lugares de nocturnidad: los bares, las confiterías y las discos. Si bien hace más de 10 años que existe una ordenanza municipal que no permite habilitar más espacios para bailar, en los últimos dos años la moda cambió y en cualquier bar, aun sin el permiso oficial, funciona como disco. Según las fuentes, es en estos lugares donde justamente no hay control y adonde concurren menores de 18 años.
Al estacionamiento lindero a Buró, llegó un joven de 21 años. Acompañado por un amigo, tiraba una botella vacía de vino espumante que acababa de bajar de su auto. Panebianco estaba indignado con el proyecto del gobierno bonaerense, que comenzará a ser tratado el próximo martes en la Legislatura, y que dispone, entre otros puntos, que no entren más personas al bar o boliche después de la 1, que las barras dejen de expender a las 4.30 y que el límite para el cierre del lugar sea una hora después.
"Son todos inventos ridículos. El tema de los menores pasa por la educación. No podemos decirles a los adultos a qué hora salir a divertirse", enfatizó a LA NACION.
Laura Cano, 21 años, habituée de Buró, opinó: "No creo que sea una buena opción que cierren a esa hora porque después los chicos se van a quedar tomando en la calle". Distinto punto de vista tuvo Pablo Castro, de 22, de la vecina localidad de Wilde, que dijo que le parecía bien que se limitara el cierre de las barras y de las discotecas "para evitar un poco el consumo de alcohol y la violencia".
LA NACION recorrió temprano los cerca de 33 pubs que en sólo 56 manzanas reciben la visita, los fines de semana, de gente que llega de otras localidades. Pasadas las tres, las luces se volvieron más tenues, pero unos destellos de colores parpadeaban al son de la música, la potencia del sonido tenía más decibeles y las colas de jóvenes que esperaban entrar crecían indiscriminadamente. Comenzaba el baile en los bares.
En uno de los locales, la "estrella" de la noche hacía su ingreso. Se trataba del "metrochopp": un recipiente largo que contiene 10 litros de cerveza y que se mantiene frío gracias a una barra de hielo que recorre el envase. Alrededor de las 6.30 todo terminó y el centro de Quilmes, rodeado por botellas y vasos tirados en las veredas. Había pasado otra noche de diversión con mucho alcohol.
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