En febrero, las vacaciones sin multitud
Hay menos argentinos que otros años en esta época; quienes están reivindican el placer de tener espacio y no hacer filas
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PUNTA DEL ESTE.- Se fueron los diez primeros días de febrero y la tendencia de lo que sucederá de aquí en más es irreversible: playas muy cómodas, liquidaciones, bajas de precios, poco tránsito, ventanas cerradas, locales comerciales que desaparecieron y pocos, muy pocos automóviles que portan las negras patentes argentinas.
Es cierto que siempre fue más o menos así: febrero, respecto de enero, tuvo históricamente un 30 por ciento menos de veraneantes, pero este año ese porcentaje se acrecienta en cifras si se relaciona con que en el mes fuerte de Punta del Este faltaron unos 50.000 argentinos, muchos de ellos, desalentados por los cortes de puentes. Entonces, al habitual porcentaje en que se reduce febrero habría que agregarle otro 25 por ciento.
Con estos números coinciden inmobiliarias como Sagasti, Gattás, Sader o Perazzo, y no se equivocan.
El municipio de Maldonado (Punta del Este) jamás contó con cifras exactas en ningún verano, eso sólo lo puede hacer el Ministerio de Turismo de este país y es a partir del simple ingreso inmigratorio frente al Río de la Plata, sumando los barcos y las llegadas de los aviones hasta el aeropuerto de la Laguna del Sauce, pero ello incluye a todo el Uruguay y no es referente para analizar lo que sucede aquí.
Basta con mirar los edificios y observar que sólo uno de ellos, en la calle 31 y Gorlero, tenía hasta ayer 28 departamentos cerrados. Es simple hacer una encuesta visual de patentes de automóviles y contar como las blancas (uruguayas) dominan cinco a uno.
Manejando por la Brava ya no se ven de noche los boliches playeros con sus luces encendidas y el viaje hasta La Barra "no dura nada". Y, allí sí, los lugares de encuentro de los chicos (por ejemplo Doors o Medialunas Calentitas) directamente cerraron. Las casas de muebles, ropa y galerías de arte ya no abren de noche y de los lugares de moda ya se retiraron las ampulosas publicidades que mostraban automóviles de verdad sobre sus terrazas.
Quedan por allí algunos clásicos como hoteles y restaurantes, pero muy pocos. Un cartel, en el concurridísimo (enero) Cactus y Pescados mostraba ayer la siguiente pizarra: "Entrada, plato principal, postre y copa de vino: $ 390" (uruguayos); la mitad de lo que ese menú hubiese costado en enero.
Siempre se insiste desde estas crónicas playeras que una temporada no es buena ni es mala de acuerdo con las aglomeraciones de gente, los menores o mayores alquileres que realizan de las inmobiliarias, la ocupación hotelera, la recaudación de los comerciantes o las filas de gente para ingresar en un restaurante. Una temporada es buena cuando el veraneante estuvo cómodo, pagó precios lógicos por lo que fuera y tuvo de aliado al sol. Y eso fue lo que sucedió.
Punta del Este tiene ahora otros imponentes aliados: se trata de esos gigantes cruceros que llegan, a más de uno por día, y salvaron, con sus desembarques, a muchos comerciantes. En una tienda de ropa de la avenida Gorlero se puede leer el siguiente cartel: "Welcome. Special attention to cruise passenger".
Y es así, los restaurantes del centro se "salvaron" con los almuerzos de los navegantes, vendiendo desde "chivitos" hasta el pescado más importante.
El otro gran aliado fue el buen tiempo, porque hace muchas temporadas el sol no cruzaba los días desde la Brava hasta la Mansa de una forma tan diáfana. Aquí faltan argentinos, pero por fortuna, también faltan las nubes.
Lo de los argentinos fue por los cortes de los puentes por el conflicto de las papeleras. Por lo demás, resulta todo un placer caminar por médanos desérticos, conseguir rápidamente una mesa en los mejores restaurantes de la punta, trasladarse con total comodidad y esperar, sin apretujones, el esperado grito de "no va más".
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