
En Jujuy, la mujer que ayuda a que la pobreza duela menos
Marta Paniagua no baja los brazos: a los 65 años, con una escasa ayuda oficial, da de comer diariamente a 300 chicos.
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SAN SALVADOR DE JUJUY.- En una de las provincias más pobres del país, que además cuenta con los índices más altos desocupación, de mortalidad infantil y de chicos con necesidades básicas insatisfechas, Marta Paniagua brinda un ejemplo de solidaridad al darle de comer todos los días a 300 chicos.
Enclavado en Alto Comedero, el barrio más carenciado de la provincia, el comedor infantil Eva Perón nació gracias al esfuerzo de Marta y a una ayuda oficial que ahora resulta insuficiente: apenas 1500 pesos cada dos meses.
Ese espíritu solidario le valió a Paniagua ser reconocida por la Cámara de Diputados de la Nación como la Mujer del Año de Jujuy, distinción que recibirá hoy en Buenos Aires.
"Hace unos años yo tenía una despensa en el barrio y la gente me pedía fiado, pero como no me podían pagar tuve que cerrar", dijo Paniagua.
"Cuando abrí el comedor venían 50 chicos y ahora concurren unos 300; me duele mucho, pero no puedo recibir más, la comida no alcanza para todos", sostuvo con dolor.
Una provincia signada por la pobreza y la desocupación
Olvido: los altos niveles de mortalidad infantil y de habitantes con necesidades básicas insatisfechas convierten a Jujuy en una de las zonas más pobres de la Argentina.
SAN SALVADOR DE JUJUY.- Con los más altos índices de desocupación, de mortalidad infantil, y de niños con necesidades básicas insatisfechas, la provincia de Jujuy se ha convertido poco a poco en una de las más pobres del país.
El panorama no se presenta muy alentador para el futuro: como el gobierno no puede pagar los sueldos de los empleados, porque tiene un déficit de entre 5 y 7 millones de pesos al mes, tuvo que pedir prestamos lo que significa un mayor endeudamiento.
Cuando pagan los haberes la mitad de ellos lo hacen con bonos de cancelación de deudas que ya casi no los aceptan en los comercios ni los canjean en los bancos.
El 30 por ciento de sus 550.000 habitantes son bolivianos que en su mayoría ingresan al país en forma ilegal y viven de la venta de hojas de coca. Se estima que este tipo de economía informal mueve unos 10 millones de pesos al año ya que se calcula que el 10 por ciento de los jujeños coquea asiduamente.
Casi el 40 por ciento de la población tiene necesidades básicas insatisfechas y aunque oficialmente se dice que la desocupación es del 17 por ciento los sondeos realizados por instituciones privadas y por la Iglesia lo dan más cerca de un 35 por ciento.
Una muestra contundente
Un ejemplo del nivel de pobreza que sufre esta zona olvidada del país se puede ver en el barrio Alto Comedero, a unos 12 kilómetros de la ciudad.
Lo que empezó hace diez años como un grupo de casas que el gobierno construyó con financiamiento del Fonavi, ahora se transformó en una verdadera ciudad de 40.000 habitantes que en su mayoría viven en precarias casillas que ocupan terrenos fiscales.
El panorama del lugar es desolador: calles de tierra que cuando llueve se transforman en verdaderos ríos, casillas de piedra, madera y cartón y hasta carpas levantadas sobre terrenos contaminados. Hasta pasa el aguatero como en la época de Juan Manuel de Rosas.
Todo en el Alto Comedero es sinónimo de pobreza, desocupación y falta de sensibilidad de los gobernantes.
La falta de empleo motivó que los hombres abandonen el lugar para intentar suerte en otras ciudades: muchos de ellos no volvieron.
Como el hambre de los chicos no puede esperar la solidaridad está en el orden del día. Cada día son más los comedores que se abren en el barrio.
El comedor infantil Eva Perón (ver aparte) recibe a casi 300 chicos por día. El San Antonio da de comer a unos 200 bajitos y la guardería El Pesebre alberga a un centenar de bebes por día.
La ayuda del gobierno no es suficiente. El dinero en efectivo llega en cuentagotas y las cajas de alimentos que envía la Secretaría de Desarrollo social se reparten a discreción de las autoridades y no siempre les tocan a los que más las necesitan.
En caso del comedor San Antonio es dramático: cocinan a la intemperie con leña -todos rezan para que no llueva porque ese día se quedan comida-, y cuando se terminan las provisiones sacan de una pequeña huerta rabanitos, papas y algunos tomates.
La guardería El Pesebre es en realidad es la casa de Marisa Mendoza que la transformó cuando "un bebe murió en un accidente porque había quedado sólo ya que su madre tenía que ir a trabajar; no lo pude soportar", dijo la fundadora.
Lo que quedó de Altos Hornos
Sin dudas que la privatización de los Altos Hornos Zapla, hoy Aceros Zapla, provocó una de los golpes más duros que recibió la provincia.
De los 5000 obreros que trabajaban allí hoy quedaron en la calle más de 4000. Muchos de ellos viven en el Alto Comedero y otros en la ciudad de Palpalá, más conocida como la capital de la desocupación.
Otro ejemplo de la falta de trabajo es la gran cantidad de empleados públicos. El 10 por ciento de los 230.000 habitantes de esta ciudad trabajan en la municipalidad.
Las cosas en Jujuy son más que difíciles. La inestabilidad política motivó un descreimiento de los dirigentes. El hambre y la desocupación son las preocupaciones de los jujeños que casi han perdido las esperanzas de estar un poco mejor.
Un ejemplo de solidaridad
Distinción: por su lucha para combatir el hambre de los más chicos, Marta Paniagua recibirá hoy en Buenos Aires el premio a la Mujer del Año de Jujuy.
SAN SALVADOR DE JUJUY (De un enviado especial).- Marta Paniagua tenía, hace tres años, una despensa en el Alto Comedero. De tanto dar fiado "porque la gente no tenía plata" se fundió. Ahora preside el centro vecinal y creó el comedor Eva Perón donde da de comer a casi 300 chicos por día.
Su trabajo solidario le valió para que la Cámara de Diputados de la Nación la designe Mujer del Año de Jujuy, distinción que recibirá hoy, en Buenos Aires.
"Estoy muy contenta con la designación porque me da más fuerzas para seguir, hay días que anta tanta adversidad y falta de sensibilidad del gobierno me dan ganas de dejar todo, pero voy a seguir, por los chicos que no tienen nada", dijo.
Del gobierno les mandan 1500 pesos cada dos meses " no nos alcanza, a veces llegan las cajas Prani, pero no podemos contar con ellas, también necesitamos colchones, por favor, cuente en Buenos Aires como vivimos", pidió Marta al cronista.
Los chicos son hijos de desocupados de los Altos Hornos . Algunos, los que pueden, aportan dos pesos por semana, pero son los menos.
"No podría vivir sin la incomparable satisfacción de ver como le cambia la cara a los chicos después de comer; ahora voy a ver si consigo fondos para la cena, para que se vayan a la cama con algo en la pancita", sostuvo con optimismo.
Otra heroína anónima
El caso de Lila Fernández es una muestra de lo que sufren las madres en esta parte olvidada del país.
Con 39 años y nueve hijos de entre 2 y 21 años, Lila se levanta a las seis para ir a preparar la comida en el comedor. Limpia las cacerolas, prepara la leña y corta las verduras ayudada por Albina Ramos y Eustaquia Kispi entre otras 20 mamás.
A su marido lo despidieron de Altos Hornos y se fue a Buenos Aires a buscar trabajo: no volvió más.
Uno de sus hijos falleció a los 3 años de neumonía en sus brazos porque no lo pudo llevar al médico.
Trabaja desde las 15 hasta la medianoche en casas lavando ropa y limpiando: cobra 5 pesos al día.
Los domingos vende comida en la feria del barrio para que una de sus hijas pueda terminar el secundario.
Es la vida de Lila Fernández, en Jujuy, una madre entre miles que sufren por igual las consecuencias del abandono y del olvido.




