
En la mayoría de los quioscos venden cigarrillos a menores
LA NACION lo comprobó durante una recorrida por la ciudad
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Natalia, de 17 años, compró el miércoles sus cigarrillos a metros del colegio, en el único quiosco ubicado en Lavalle al 1100, a la vuelta de Tribunales. Su compañero Matías, de la misma edad, los consiguió en otro comercio muy cerca de éste, justo en la esquina de Lavalle y Libertad.
Alan, de 15 años, tampoco ayer tuvo problemas en comprar un atado en Callao 337, y otro en la esquina de Callao y Sarmiento, en el microcentro. Manuela, también de 15, suele adquirirlos diariamente en los quioscos de Luis María Campos y Jorge Newbery, de Maure y Soldado de la Independencia, y en el que está dentro del Solar de la Abadía, todos en el barrio de Palermo.
Esto ocurre a sólo cinco días de la entrada en vigor en la ciudad de Buenos Aires de la ley de control de tabaco (N° 1799), que, entre otras restricciones, dictamina que "el titular o responsable de un establecimiento que expenda o provea cigarrillos, cigarros, o tabaco, en cualquiera de sus formas a personas menores de 18 años será sancionado con multa de 50 a 500 pesos".
Desde el Ministerio de Gobierno dijeron a LA NACION que en los quioscos inspeccionados hasta ayer sólo se encontraron infracciones por la falta de carteles indicativos de la prohibición de vender cigarrillos a los menores. Advirtieron, además, que "es muy difícil detectar este tipo de faltas".
Según explicaron, para poder sancionar este acto necesitan detectar in fraganti al vendedor y comprobar fehacientemente que el comprador es menor de edad. "Los inspectores no pueden pedirles a los chicos que muestren sus documentos. La única forma de hacer que se identifiquen es llevando a un policía para que lo haga", adujeron.
La mayoría de los menores consultados por LA NACION, en un recorrido realizado por distintos puntos de la ciudad, destacó que pueden comprar cigarrillos sin problemas y en casi cualquier lado.
"Nunca me pidieron documentos para comprarlos", dijo Joaquín, de 16 años, con cara de sorpresa.
En cambio, Mariana, de 17, aseguró que en algunos quioscos cerca de su escuela (en Entre Ríos al 1300) empezaron a ser más estrictos. "Para evitar problemas los compro en mi barrio, en Barracas, que ya me conocen y no me van a negar los puchos", comentó.
Según fuentes del Ministerio de Gobierno, la dirección de Fiscalización y Control realizó ya 950 inspecciones, y durante estos operativos se labraron 170 actas en todo tipo de establecimientos, lo que incluye restaurantes, bares, locutorios, hoteles, quioscos y discos, entre otros. "La mayoría de estas infracciones son por la falta de libros de quejas y de señalizaciones que indiquen la prohibición de fumar", aseguraron.
Reclamos ante la Justicia
Por otra parte, la aplicación de esta ley ya provocó la presentación de una gran cantidad de recursos de amparo ante la Justicia, que actualmente superan la decena. Y según pudo saber LA NACION, a partir de la semana que viene se sumarán nuevos reclamos, como el de la propietaria de La Diosa, una disco con más de 1300 metros cuadrados.
La mayoría de los doce juzgados del fuero Contencioso Administrativo de la ciudad recibieron estos reclamos por parte de comercios y de particulares. Y aunque todavía ningún juez resolvió sobre estos casos, los demandantes esperan que se haga lugar a la acción de amparo cuanto antes.
El juez Roberto Gallardo, que recibió la presentación de la discoteca Cloche, en Uriburu al 1700, convocó para hoy una audiencia en la que participarán el procurador general de la ciudad, Agustín Zbar; funcionarios del Ministerio de Salud, y el subsecretario de Control Comunal del gobierno porteño, Federico Peña, con el fin de debatir sobre los alcances de la ley.
"La ley no es clara y la reglamentación tampoco dice cómo debemos hacer las reformas que nos solicitan", dijo a LA NACION el dueño de Cloche.






