
En Pinamar no queda lugar sin acceso a la red Wi-Fi
Para satisfacer la demanda de los turistas, unos 30 lugares brindan el servicio
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PINAMAR.- Para muchos, siempre hay asuntos impostergables, negocios que, aun estando de vacaciones, hay que atender. Por eso, antes de viajar, cada vez más turistas se aseguran de contar con los servicios que les permitirán mantenerse en contacto con sus respectivos trabajos.
Claro que esos servicios, a partir de los avances tecnológicos, fueron cambiando con el paso del tiempo, y así como antes la gente solicitaba teléfono en la habitación y después exigió tener Internet en el lobby del hotel, hoy pide Wi-Fi, es decir, conexión inalámbrica a la Web.
"Pinamar, a pedido de quienes la visitan, se ha ido adaptando a esta nueva modalidad, y este año no existe un buen hotel, un buen café o un buen balneario que no tenga Wi-Fi", informó a LA NACION Fabiola Roth, asistente de marketing de la cooperativa Telpin, única empresa proveedora de banda ancha en el partido.
Según contó Roth, hace tres años la conexión inalámbrica a Internet era prácticamente nula, pero actualmente el circuito de Wi-Fi en la localidad es uno de los más grandes de la costa atlántica.
"Existen unos 30 hoteles, restaurantes, balnearios y stands que brindan esta prestación. Y además, mucha gente que tiene su casa de veraneo en la zona se acercó a nosotros para solicitar el servicio", señaló Roth, que precisó que muchas de estas personas debieron comprarse su propio linksys (módem inalámbrico) porque la provisión de módems de Telpin, ante la fuerte demanda, se agotó en los primeros días de la temporada.
"La mayoría de las conexiones son temporarias. Por las características del lugar, los balnearios y algunas confiterías piden el servicio sólo durante la temporada y al verano siguiente solicitan el servicio nuevamente", indicó Roth.
También en las casas
El requisito también llegó a las inmobiliarias que aseguran que, si bien tener Wi-Fi no es una exigencia excluyente a la hora de alquilar una casa, cada vez son más los inquilinos a los que les gustaría contar con el servicio: "El año pasado ni siquiera sabíamos qué era eso. Pero ahora, muchos clientes preguntan si tal casa o tal otra tiene Wi-Fi; todavía no exigen el servicio, pero sí preguntan por él", contó a LA NACION Silvia Valente, dueña de la inmobiliaria que lleva su nombre.
Para Juan José Rodríguez, secretario de Turismo de Pinamar, la explicación a esta movida radica en que la gran mayoría de turistas que visitan el partido es internauta: "Cuatro años atrás, una encuesta que realizamos desde la secretaría arrojó que el 72% de quienes nos visitaban era usuario de Internet. El turista que viene a Pinamar está muy actualizado y por eso ahora pide Wi-Fi. Y en función de esta demanda es que muchos lugares ya ofrecen el servicio", indicó el funcionario.
Uno de los primeros hoteles con WiFi fue el hotel Playas, que ofrece desde hace tres años conexión inalámbrica a la Web en todas las áreas públicas del establecimiento (bar, salas de estar, recepción del hotel y business center).
"Fuimos pioneros en el tema. En 2005, vimos que mucha gente viajaba con su laptop y entonces decidimos, a mediados de ese año, ofrecerles la facilidad del WiFi a los clientes, para que no tuviesen necesidad de salir del hotel", dijo a LA NACION Héctor Vega, que contó que quienes más andan con sus escritorios a cuestas en las áreas de acceso a Wi-Fi son hombres de negocios. "Los más chicos, en cambio, para chatear o mandar mails, usan las computadoras del business center", añadió Vega.
Es cierto. Los primeros en ofrecer WiFi fueron los hoteles. Pero inmediatamente, balnearios, cafés y hasta estaciones de servicio se prendieron a la movida, para que el turista, dondequiera que estuviera, pudiera estar siempre online.
"Pusimos Wi-Fi porque los clientes empezaron a pedirlo cuando venían a alquilar la carpa. Y mucha gente, cuando se enteró de que teníamos Wi-Fi, comenzó a venir acá", recordó Adriana García, encargada del balneario Perico, que ofrece el servicio de conexión inalámbrica por segunda temporada consecutiva. "Lo usan todo el tiempo, principalmente para chequear mails. Al final, no dejan de trabajar nunca", agregó.
Así, tanto en la playa como en un bar, durante enero y febrero, cada vez sorprende menos ver a turistas que conjugan armoniosamente un poco de trabajo con otro tanto de distensión.





