
En Punta del Este, los jóvenes improvisaron fiestas tras el temporal
Se cancelaron los dos eventos más convocantes del balneario y las reuniones en casa se convirtieron en la solución
1 minuto de lectura'

"Juro que hasta hace dos minutos había muchas chicas, se fueron al kiosco", se excusa un joven de 25 años, preocupado por su imagen en la foto. "Parece que somos unos aburridos sin chicas pero estaban", repite. La música suena fuerte en la casa, ubicada en la calle "atajo" de La Barra, ese circuito que los que no gustan de las aglomeraciones utilizan para evitar el caos de la ruta 10 entre el Puente de La Barra y Montoya. Un grupo numeroso de amigos festeja el Año Nuevo rodeado de botellas y bailando los últimos hits que dio la música electrónica. El plan original era otro: después del brindis de medianoche se iban a ir a la Fiesta Box, una fiesta bastante popular en Punta del Este que este año prometía una jugosa convocatoria. Pero una tormenta eléctrica obligó a cancelar esa y su contraparte en José Ignacio, la fiesta de La Fontana, un clásico entre los festejos findeañeros del Este. No obstante, nadie estaba dispuesto a resignar sus ganas de bailar hasta el amanecer. La improvisación fue el faro de la noche, y una multiplicidad de eventos surgieron de la galera de ellos, los jóvenes reyes magos.
La pregunta recorría las playas, los bares y boliches de Punta del Este desde varios días antes del 31. ¿A qué fiesta vamos?, se consultaban chicos y chicas de distintas edades. En una ciudad que se enorgullece de su fama de tener una ajetreada vida nocturna, se esperó que la oferta de salidas para festejar Año Nuevo sea variada. Y sin dudas lo fue. Hasta que llegó un temporal. Literalmente aguó la noche para muchos, aunque hubo quienes supieron hacer de una dificultad una ventaja, y se las ingeniaron para divertirse como el 2013 lo merece.
Cuando se autorizó la semana pasada la realización de la clásica fiesta en la chacra La Fontana, organizada por el DJ de moda en Buenos Aires, Tommy Muñoz, una cantidad masiva de jóvenes acudieron a comprar las entradas, que rondaban los 300 pesos. Pese a las quejas de los vecinos de la zona de La Boyita, donde se ubica la popular casona (ex hogar de Pancho Dotto en sus veranos esteños), entre ellos, Marcelo Tinelli e Ignacio Viale, quienes se preocuparon por la posibilidad de accidentes de tránsito y conflictos en la entrada, la municipalidad de Maldonado había aprobado un permiso para realizar el megaevento, que prometía reunir cerca de 10 mil personas. En la tarde de anteayer, sin embargo, se supo que la fiesta se cancelaba debido al temporal que llegaría de un momento a otro. Molestos y decepcionados, los jóvenes salieron a buscar una alternativa en carácter de urgente. Las calles de La Barra parecían el lugar ideal para conseguir una cita interesante post cena familiar de Año Nuevo.
Se decía que había tres fiestas distinguidas según nacionalidad: la de los argentinos era en La Fontana, la de los brasileños, en la playa del Mantra, y la de los uruguayos, en una pequeña isla del arroyo Maldonado, que se dio en llamar Fiesta Box. Esta última viene realizándose hace tres años, pero en esta edición se le auguraba una gran repercusión y una afluencia de casi siete mil personas, con una fuerte presencia de argentinos. "Montamos este VIP y ya está todo vendido. Incluso está invitada Susana Giménez y su nieta", contó Ricardo Barbe, uno de los organizadores del festejo. Minutos más tarde, las nubes negras que amenazaban desde las 15 el cielo esteño, descargaron su lluvia contenida de varios días con una potencia inverosímil: instantes antes, el sol brillaba espléndido. La isla que cobijaría la fiesta más prometedora del comienzo de año quedó sumergida en enormes charcos de agua, el VIP cercado por una laguna y los cables arrasados por los vientos extremadamente fuertes de estas latitudes. Cancelada. Se postergó para ayer.
Así las cosas, los jóvenes mayores de 18 se quedaron sin un plan concreto para celebrar. Mientras los más osados se animaban a comprar las entradas a la fiesta del Mantra (la única de las tres fiestas accesibles sin invitación de concurrencia masiva que sí se realizó), valuadas en 800 dólares, el resto comenzó de inmediato a improvisar una salida para brindar con amigos. "Chicas, las invitamos a una previa acá cerca", era la frase que más resonaba alrededor de las 21 en La Barra. El tiempo corría y había que encontrar una alternativa potable para festejar en la trasnoche. "La fiesta no se hace", sentenciaban otros para que se corra la voz. "¿Saben para cuándo se pospone?", consultaban desde un auto a los que pasaban por la vereda y de inmediato, obtenían el cronograma: la Box para hoy, La Fontana para el miércoles.
A la hora de la cena, los restaurantes se llenaron de gente y las veredas se vaciaron. Desde el nuevo Alebrijes, de comida mexicana, hasta Sabbia, en La Barra, el popular No me olvides de Manantiales o Cactus y Pescados, las reservas estaban completas y las cocinas trabajando a full. La llegada de una oleada de veraneantes en el último día del 2012 se hizo sentir en el circuito gastronómico, y también en el tránsito.
Pasada la medianoche, una caravana de autos circuló sin pausa ni prisa desde el puente de La Barra hasta la playa del Mantra. Cada uno armó su propia fiesta: hubo quienes se quedaron en el penthouse de una torre con vista a la playa brava y a la península intermitentemente iluminada por los fuegos artificiales; otros, se pusieron de acuerdo en pocos minutos para organizar una gran fiesta en la casa que alquilaban y hasta se gestionaron precintos para la entrada. Desde Gualeguaychú, llegaron anteayer cinco chicos dispuestos a instalarse en La Barra justo a tiempo para cenar y salir a la Fiesta Box. No bien supieron que se cancelaba, convocaron a todos sus amigos a la casa que habían alquilado. Música a todo volumen. Luces apagadas. Y voilá. No necesitaban nada más.
Tampoco faltaron las mini reuniones en las cajas de las camionetas estacionadas a todo lo largo de La Barra, los que se amontonaron en un jeep para recorrer de punta a punta el balneario observando la movida, y el bizarro que alquiló un ómnibus-trailer donde montó una fiesta hiper convocante: todos a bordo, bailando y saltando, dando vueltas por Punta del Este. En tanto, Tequila, Bali y Sabbia fueron los destinos de todos los que se aburrieron en casa.




