En un hogar de Tapiales ayudan a los abuelos y les dan cariño
Don Guanella: 49 hombres mayores de 60 años viven en un hogar de Tapiales; tienen talleres y una huerta donde comparten sus horas.
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En 1939, en Buenos Aires, más precisamente en Tapiales, se creó el Hogar para Ancianos Don Guanella. Al igual que en otros países, los seguidores de la obra del beato Luis Guanella tenían la idea de ocuparse de los más pobres entre los pobres; no sólo de los que carecen de dinero, sino de los que no reciben afecto.
Después de años de trabajar a sol y a sombra, los "guanellianos" -como ellos se denominan- llegaron a una conclusión: muchos abuelos, que cargan con una historia de vida sobre sus hombros, no tienen quien los escuche, quien les dé afecto. No tienen una familia.
Entonces el hogar decidió ser la familia de cada uno de los abuelos que así lo quisieran. Y parece que la iniciativa tuvo éxito, ya que, como en cualquier otra, hay quien se distingue por su buen humor, por su timidez, por sus ganas de vivir, y también por sus mañas.
Lo que los diferencia de otros hogares es que lo integran 49 hombres, y todos de más de 60 años, pero la fórmula de la victoria es la misma que la de una familia tipo: aprender a convivir.
Jorge Sánchez es uno de ellos. Es quien lleva la batuta y moviliza a sus compañeros. Viviendo sus "primeros 80 años" -así dice-, aprovecha su tiempo para investigar y leer sobre cuanta cosa le sea posible. Diarios, enciclopedias y revistas sirven para preparar "Más allá del sol", el programa de radio que conduce desde hace tres años todos los martes, de 14.30 a 17, por AM Impacto 1440.
La voz de la experiencia
La elección de Jorge no es casual: en Tandil trabajó por los años cuarenta de locutor comercial. "Cuando no había radio, yo hablaba por los altoparlantes", recuerda, y se ríe, quien también fue jugador de fútbol en Olimpo de Bahía Blanca.
Mientras ya está pensando el tema por tratar el próximo martes en el programa, un hombre de 78 años sentado a su lado no para de señalarlo y de decir que "es un maestro".
El que habla es Héctor Berdion, que no escatima halagos y continúa: "Me enseñó cosas de la radio que yo no sabía y en él encontré un gran amigo". Pero la gran pasión de Héctor son los chicos, por eso participa en el taller de artes plásticas, donde arman títeres y muñecos que luego llevan a algunas guarderías de Tapiales. "Me da muchas ganas estar con la juventud y aprendo mucho de ellos", dice.
Otra de las historias del hogar es la de Sebastián Eandi, un italiano de 65 años que en Balcarce trabajó la tierra durante muchísimos años en plantaciones de papas. Con la idea de repetir esta experiencia llegó al hogar y decidió hacer una pequeña huerta en el fondo de la casa. Así, la casa tiene su propia producción de perejil y tomate, entre otras cosas.
Anécdotas inolvidables
También la anécdota de la que nadie puede olvidarse. Cuando se realizaba la elección para presidente en 1995, el personal del hogar creyó que era una muy buena idea que los abuelos recrearan lo que significa votar, el derecho a elegir. La excusa perfecta fue que había que ponerle un nombre al bar que inaugurarían.
Todos se entusiasmaron y fueron a las urnas. Menos José Valido, un cubano al que nadie pudo convencer de que no lo iban a llevar preso por votar el nombre del bar.
No hubo caso y los comicios se cerraron mientras José repetía: "¿No entienden que no puedo votar? Yo soy cubano". ¿El resultado? Se llamó Café del No Hay, porque jamás había nada para tomar.
El hogar de día
Aunque el corazón es grande, la casa no puede albergar a todos los que quisiera. Para eso se creó el Hogar de Día, pero el problema es que "muchos de los abuelos no pueden llegar hasta aquí porque no tienen dinero para viajar, y algunos porque no pueden movilizarse solos", según explicó a La Nación la directora, Nélida Zapata.
El sueño de la familia es tener una camioneta con la que pueda ir a buscar a los abuelos que desean compartir un momento con Jorge, Héctor y Sebastián, entre otros.
Pero eso, por ahora, es sólo un proyecto, porque las donaciones sólo alcanzan para satisfacer las necesidades básicas, como comentó el padre César Leiva, que es quien pelea con los números para llegar a fin de mes. El teléfono del hogar es el 4622-3739.
La invitación queda abierta a todo aquel que tenga ganas de charlar, mimar y aprender de los abuelos que desde el Hogar Don Guanella tienen muchas anécdotas más para contar. Y, sobre todo, muchas ganas de compartir.






