
Enseña ajedrez desde su silla de ruedas
Es un discapacitado motriz que dicta clases a cambio de una beca del gobierno
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Brandon Montoya, de 10 años, se agarra la cabeza. Piensa. Se lo nota preocupado; trata de ocuparse. Pero Vicente Prófilo, de 51 años, le advierte: "No hay escapatoria".
No están en la escuela ni son profesor y alumno. Están disputando, en un clima de máxima concentración, una partida de ajedrez.
Prófilo -a pesar de que es discapacitado motriz y tiene dificultades para hablar- es jugador de primera categoría del Club Argentino de Ajedrez, la entidad americana más importante del llamado juego ciencia.
A cambio de la beca que la Secretaría de Desarrollo Social porteño le otorgó, Prófilo dará clases de ajedrez en diferentes centros de gestión y participación (CGP). Será, así, profesor oficial de ajedrez del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Hace pocos días demostró sus habilidades en 11 partidas simultáneas con chicos que concurren a las distintas Juegotecas, espacios de recreación y esparcimiento que organiza la comuna.
Allí, niños y niñas de entre 8 y 13 años quemaron sus cerebros intentando batir al gran maestro. Para más de uno, obtener tablas -el resultado en el que no hay vencedor ni vencido- significó una gran victoria.
El vicio del ajedrez
Brandon dice: "Quiero llegar a la final, pero Vicente está poniendo a todos en jaque". Sus mejillas denotan excitación, calor y una cuota de timidez. Luego de varias jugadas -y estrategias-, el maestro Prófilo triunfa. Pero le obsequia tablas. "¿Viste?, no perdí", aclara el niño a la cronista.
Mientras, Juan, de 10 años, sigue en carrera. "Hay que saber dónde mover y pensar mucho", aconseja. Cuenta que practica con sus hermanos y que prefiere el ajedrez al fútbol.
Desde su silla de ruedas, Vicente admite que los trebejos son su vicio declarado: "Este juego ciencia es como la medicina, porque siempre hay nuevos descubrimientos", dice, convencido.
Consultado sobre los beneficios de aprender a jugar este juego, explica que "al intentar resolver situaciones con las piezas, los niños aprenden a desenvolverse en la vida. Hay muchos conceptos matemáticos y siempre se aprenden nuevos movimientos".
La enseñanza de vida que deja Vicente Prófilo (que padece una discapacidad desde que nació) es sorprendente: "Me da lástima que los chicos pierdan, pero hay que enseñarles que, como en la vida, en las competencias a veces se gana y otras se pierde".
Y arriesga: "Se aprende más cuando se gana que cuando se pierde".
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