
Ensenada fue tomada a sangre y fuego
Dos asociaciones históricas recrearon ayer una batalla de la incursión británica en el Río de la Plata
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LA PLATA.- Cañoneos y cargas de caballería, humo, griterío y confusión. Así, ayer, a diez kilómetros de esta ciudad, en el Fuerte Barragán, del partido de Ensenada, se recrearon escenas de la Primera Invasión Inglesa, ocurrida en 1806. Cientos de personas asistieron al evento y luego se fotografiaron con los jefes de ambos ejércitos. Se trató de una iniciativa de la Asociación Ensenadense de la Historia y la Asociación de Recreación Histórica Fuerte Barragán del Colegio Arzobispal de San Vicente de Paul, para recordar el 199º aniversario de la invasión.
El sol de la mañana y el sitio dieron un contexto perfecto. Es que el fuerte -situado entre la planta urbana de Ensenada y el balneario de Punta Lara, donde desembarcaron las tropas británicas- aún conserva los ladrillos que pisó el batallón de soldados patriotas que enfrentó a los ingleses.
Las primeras baterías de defensa en la zona se instalaron en 1736 y aún se conserva en el fuerte ensenadense parte de las construcciones de 1801, cuando se consolidó la fortificación.
El enfrentamiento fue representado en la plaza de armas por 350 personas: el Regimiento de Patricios, actores y alumnos del colegio San Vicente de Paul. El público, mayoritariamente familiar, siguió de cerca la batalla y tomó fotografías.
El ejército británico, al mando de William Carr Beresford, de fuerte carácter, llegó desfilando y, tal como sucedió al ingresar en la capital del Virreinato del Río de la Plata hace casi 200 años, la encantadora melodía de las gaitas de las highlands escocesas atrapó la atención de todos los presentes, en una suerte de encantamiento.
En tanto, los soldados que estaban al mando de Santiago de Liniers, enviado a Ensenada por el virrey Sobremonte, ayer maravillaron al público, principalmente a los más chicos, con sus uniformes típicos en blanco, rojo y azul.
Una vez que comenzó la lucha, el público vibró y se sobresaltó con los disparos de cañones y de las baterías. La representación del enfrentamiento armado, que duró aproximadamente veinte minutos, fue celebrada y acompañada por la gente desde el mismo campo de batalla.
Cuando todo terminó, se hizo un silencio conmovedor para oír la rendición de Beresford ante Liniers. Y luego, se rompió en un prolongado aplauso.
La jornada concluyó con un desfile que fue presenciado por autoridades municipales y por monseñor Héctor Aguer. Después, aquellos que representaron a criollos y británicos se reunieron con familiares y amigos que habían asistido al lugar.
Varios asistentes fotografiaron a sus hijos junto a las reliquias que se conservan en el museo del Fuerte Barragán. Pero sin duda, las mayores atracciones fueron Liniers y Beresford, quienes ayer salieron retratados junto con decenas de niños.
Tras los flashes de las cámaras, ayer, a los adversarios se los vio abrazados, unidos y sonrientes, reflejando lo que algunos historiadores sostienen: que se admiraban mutuamente.
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