Entró a robar a una casa, los dueños lo atraparon y lo torturaron por dos días hasta que pudo escapar

El presunto ladrón, de 14 años, logró huir con la cara deformada por los golpes y un dedo meñique cortado, según informó la policía
El presunto ladrón, de 14 años, logró huir con la cara deformada por los golpes y un dedo meñique cortado, según informó la policía Crédito: Twitter
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24 de marzo de 2019  • 19:58

Ibrahim es el nombre ficticio de un menor de apenas 14 años que fue víctima de brutales golpizas, de una seguidilla de torturas y de un intento de asesinato en un descampado de una localidad española llamada La Línea de la Concepción, en la provincia de Cádiz. Por fortuna, el adolescente pudo escapar antes de que sus verdugos acabaran con su vida. Querían quemarlo vivo.

Sucede que el joven Ibrahim había ingresado dos días antes, con supuestas intenciones de robo, a una vivienda cuyos dueños no estaban dispuestos a recibir a un ladrón. En esa casa vivía un personaje llamado El Francés, de 20 años, vinculado con el narcotráfico de aquella localidad gaditana, junto a sus padres. Ellos capturaron al presunto delincuente y, en lugar de entregarlo a la policía, decidieron ejercer su propia justicia. Y no tuvieron la mínima piedad con él.

Golpearon y torturaron tanto a Ibrahim, durante 48 horas, que el menor, de origen marroquí apenas podía moverse y abrir un ojo. Y luego, los habitantes de la casa intrusada lo llevaron a un descampado, donde, maniatado y amordazado, tenían pensado prenderlo fuego.

Ibrahim pudo aprovechar un segundo de descuido de sus captores y echó a correr con lo que le quedaba de aliento. Con el cuerpo malherido y desesperado, se internó en las callejuelas de una barriada rural de La Línea de Concepción y pudo poner su vida a salvo.

"Habían intentado cortarle el dedo pequeño de una mano, tenía la cara deformada de los golpes, y las piernas llenas de moretones redondos hechos con un martillo", describió azorado uno de los policías que encontró al menor el pasado 27 de diciembre al diario español El País. Además, cuando llegó al hospital para ser atendido, el menor tenía también quebrada la muñeca derecha.

Justicia por mano propia

Pasaron tres meses ya del sanguinario hecho, y el Francés y sus progenitores se encuentran detenidos e investigados ahora por tentativa de homicidio, detención ilegal, lesiones y robo con fuerza. Aunque en principio se supone que ellos habían sido las víctimas de un intento de robo, las cosas se dieron rápidamente vuelta, para desgracia de Ibrahim, y las víctimas de robo pasaron a ser victimarios.

El adolescente marroquí que estuvo cerca de no contar la historia, en tanto, tenía su última residencia conocida en un centro de menores de Torremolinos, en Málaga, de donde había desaparecido hacía tres años, según explicó el comisario de La Línea, Francisco López Matesanz.

Durante ese tiempo, al parecer el joven había deambulado "por toda Andalucía", según el mismo comisario y había aparecido en algunos intentos de robo en Granada y en la misma localidad de La Línea. Aparentemente, el menor iba a repetir otro golpe, pero los habitantes de esa residencia decidieron hacer "justicia por mano propia", según Matesanz.

Ibrahim relató a los agentes de la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV) de La Línea que "lo querían quemar vivo" cuando lo llevaron desde la casa del Francés a un solar abandonado. No cabían dudas de las intenciones de sus captores, ya que llevaban con ellos un bidón de gasolina.

El menor también pudo reconstruir con precisión los lugares en los que había sido retenido y además, reconoció a El Francés, pese a que éste había querido ocultar su rostro durante todo lo que duró el secuestro.

Inmediatamente después de encontrar al menor malherido, los agentes de la policía registraron la vivienda de El Francés y encontraron las evidencias de que el relato de Ibrahim era verdadero. Alli, los agentes procedieron a detener a cuatro personas, el Francés, sus padres y un cuarto individuo que es un joven que observó las torturas y no hizo nada para impedirlas, por lo que se lo considera autor de un delito de omisión.

En el lugar de los hechos, la policía encontró sangre y efectos personales del menor. Además, las sogas con la que lo ataron, la cinta con la que lo amordazaron y el bidón de gasolina.

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