Era consciente de sus actos cuando asesinó a la familia

Luis Iribarren es imputable según los peritos que lo revisaron
Gustavo Carabajal
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13 de agosto de 2002  

MERCEDES.- Después de matar, a golpes y con su carabina calibre 22, a sus padres y a una hermana de nueve años, Luis Fernando Iribarren salió al patio de su casa, fumó un cigarrillo y dudó antes de regresar y matar de dos tiros a su hermano menor.

Si bien la masacre ocurrió en 1986, en un campo del paraje Tuyutí, a 30 kilómetros de San Andrés de Giles, el hecho sólo se descubrió nueve años después, cuando la policía encontró, en la casa de Cámpora 1768, el cadáver de Alcira Iribarren, de 63 años, la tía abuela de Luis Fernando.

La explicación

"La ayudé a morir. Tenía cáncer y sufría mucho. Estaba muy mal", le dijo al comisario Angel Santos, de San Andrés de Giles. Y le contó que la golpeó en la cabeza con un hacha hasta matarla, para luego enterrarla en el patio de dicha vivienda.

Ante la sorpresa del comisario y del juez de Instrucción Eduardo Costía, confesó que nueve años antes había asesinado a sus padres y a sus hermanos, y los había enterrado en un campo de Tuyutí.

"Les tenía bronca", dijo hace siete años Iribarren ante el juez Costía. Si bien en principio el acusado dijo que enterró a su familia en un jagüel del paraje Tuyutí, los cuatro cuerpos fueron encontrados vestidos en el chiquero de la vivienda, sepultados en una fosa común, en noviembre de 1995.

Ayer, en los tribunales de esta ciudad comenzó el juicio oral y público que se impulsa contra el asesino múltiple, denominado el "masacrador de San Andrés de Giles", por el quíntuple homicidio agravado de su padre, Luis Juan Iribarren, de 49 años; su madre, Martha Lagebbein, de 42; su hermano Marcelo, de 15; su hermana María Cecilia, de 9, y su tía abuela, Alcira Iribarren, de 63.

En la primera audiencia, ocho de los diez peritos que declararon ante los jueces Mario Bruno, Francisco Lilo y Héctor Barreneche aseguraron que Iribarren planeó detalladamente cómo matar a sus padres, a sus dos hermanos menores y a su tía, y estaba consciente de sus actos.

Resultó un debate entre psicólogos y psiquiatras. Los peritos Juan Aquirenko, Héctor Lenzetti y Norma Vidota, entre otros, coincidieron en que el acusado era consciente de los actos que estaba cometiendo y descartaron la posibilidad de que fuera inimputable.

Inés Nossa, la psicóloga que realizó el último estudio a Iribarren hace una semana, dijo que el acusado "tiene una personalidad narcisista, con defensas psicopáticas. Se maneja con frialdad, tiene un discurso coherente, una inteligencia brillante y posee un claro manejo de la realidad. Es imposible que hubiera sufrido una crisis psicótica cuando ocurrieron los hechos. Tuvo voluntad y entendimiento de lo que hacía, aunque posee un trastorno grave de su personalidad".

En una crisis psicótica

Pero los informes de los psiquiatras Amalia Villano y Julio César Brolese determinaron que el imputado presentaba un "trastorno esquizoparanoide de su personalidad, por lo que no comprendía sus actos". Según Villano, "Iribarren descargó sus vivencias persecutorias contra la familia. En el momento de los homicidios no sabía lo que hacía, debido a una crisis psicótica".

Luis Fernando Iribarren, vestido con un buzo polar gris, jeans, zapatillas y una camisa tipo escocesa, escuchó con atención los testimonios en su contra. El imputado no declaró, pero tomó nota de los dichos que le interesaban, especialmente los que correspondían a los policías que le tomaron la confesión.

Parpadeó constantemente. Parecía ansioso y recurría a un pañuelo para secarse el sudor de la manos. También hizo algunas preguntas durante la sesión.

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