
"Es inmenso el sufrimiento de mis hijos"
Pide que los chicos logren ablandar el corazón de Shaban, que deberá darles una explicación cuando crezcan.
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Gabriela Arias Uriburu habla del desenlace de su matrimonio con Imad Shaban, cuando su esposo partió junto con los hijos de ambos con rumbo desconocido, desde la calma sólo posible tras la racionalización de un dolor profundo del alma.
La mujer prefiere interpretar el secuestro de sus pequeños de cinco, cuatro y un año, hace tres meses, por parte de su padre como una prueba puesta por el destino en su camino. Una prueba ante la que puede entregarse de la mano del odio y de la bronca.
O rebelarse y luchar. Entonces enarbola la valentía como bandera, porque se dice convencida de que merece algo mejor de la vida.
Sin embargo, la voz de Arias Uriburu conserva el tono tranquilo. Incluso al referirse al hombre jordano de 41 años con quien compartió su vida en Guatemala desde el casamiento, en 1991, hasta que se marchó, el 10 de diciembre último, en compañía de sus chicos y se sumergió en el silencio.
Así fue el capítulo final de la historia en común. Un cierre abrupto al que la joven, de 33 años, trata de encontrar una explicación todos los días.
"Me levanto todas las mañanas pensando en el motivo que Imad tuvo para tomar la decisión de llevarse a nuestros chiquitos", comenta poco después de su regreso a la Argentina, donde se reunirá hoy con el presidente Carlos Menem para hacerle conocer su desolación, que aquí adelanta a La Nación .
-¿Y tenés alguna respuesta?
-Creo que Imad no sabía vivir en el amor, porque nadie hace esto a alguien que quiere verdaderamente. Y no me refiero sólo a mí, sino a nuestros hijos. En mis sueños, pido a mis chiquitos que le ablanden el corazón al papá para que reaccione. Que lo hagan recapacitar.
-¿Cómo es su relación con los chicos?
-Mientras estuvimos juntos, él dedicaba gran parte de su tiempo a su trabajo como exportador de cardamomo. Los pequeños demandaban una atención y paciencia que muchas veces Imad no estaba en condiciones de ofrecer. Se volvió más accesible a partir del nacimiento de nuestra segunda hija: la mujercita le despertó el costado paternal.
Precisamente, lo que encuentro de positivo en todo esto, porque algo bueno tengo que rescatar para no bajar los brazos, es que Imad se acercó a sus hijos.
-A un costo demasiado grande...
-Sí... Lamentablemente es inmenso el sufrimiento de los chicos, que no tienen nada que ver con las desavenencias entre nosotros dos.
-¿Cuándo comenzaron los problemas con tu esposo?
-A principios del ´97. El año último fue crítico. Hablábamos y no había eco para lo que decíamos.
-¿Cuál fue el origen de la separación?
-Creo que no pudo amoldarse a mi crecimiento personal como mujer. Un crecimiento espiritual, intelectual y emocional.
-¿Podés imaginar un detonante para que se marchara así con los chicos?
-No me quiero meter en su cabeza ni juzgar su decisión. Me conformo con saber que tendrá que hacerse responsable por su acto y mañana, cuando sus hijos crezcan, darles una explicación.
De todos modos, me parece que a lo largo de su vida Imad fue acumulando situaciones sin resolver, como lecciones no aprendidas que pueden haber impulsado esta decisión.
-¿No pensaste lo mismo cuando lo conociste y lo elegiste para formar una familia?
-No. Era un hombre muy correcto, muy sencillo y teníamos muy buen diálogo. Yo tenía mis reparos por las diferencias culturales -él es musulmán, ella católica-. Pero mi matrimonio fue un reto para demostrar a mi familia y al mundo que las ambiciones culturales también permiten la unión, no necesariamente separan. Y nuestra separación no responde a una desinteligencia entre Oriente y Occidente.
-¿Qué heredaron los chicos de cada uno?
-...Me tocaste el alma. Lo primero que me vino a la cabeza es que Imad les habla en árabe a los chicos.
-¿Un balance de la relación?
-Pese a este final, a mí me enseñó a manejarme sola, lejos de mi gente. Ahora espero que Imad salga del ocultamiento y se enfrente al mundo.
La historia, paso a paso
- Casamiento: Graciela Arias Uriburu se casó en Guatemala, en 1991, con Imad Shaban, un jordano radicado en ese país.
- Secuestro: Shaban abandonó su hogar y se llevó, hace tres meses, a sus tres hijos menores, presuntamente a Jordania.
- Situación judicial: una jueza guatemalteca ordenó la restitución de los niños a la madre y dio intervención a la Interpol para establecer su paradero.
- Adhesiones: de la cancillería argentina, la Dirección de la Mujer y la Familia, el presidente guatemalteco, Alvaro Arzú, con quien se reunió en Guatemala, y el jefe del Estado argentino, Carlos Menem, que la recibirá hoy.




