
Es una enfermedad mortal
Por Ana Lía Taratuto Especial para La Nación
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La enfermedad de Creutzfeldt-Jakob o encefalopatía espongiforme transmisible se conoce desde el año 1920. Provoca una pérdida progresiva de las funciones mentales y es mortal.
Su forma clásica esporádica -que ocurre en el 85% de los casos- tiene distribución mundial con una incidencia de un caso anual cada millón de habitantes. Las personas afectadas presentan un plegamiento anormal espontáneo de una proteína normal celular presente en la superficie de las neuronas llamada proteína prión.
Menos frecuentes son las formas clásicas familiares de origen genético (15 % de los casos), y también se conocen otras contraídas por inyección de hormona de crecimiento, proveniente de cadáver infectado o de trasplantes de córnea u otros tejidos.
Una variante atípica (no clásica) de Creutzfeldt-Jakob, hipotéticamente transmitida por bovinos al humano y vulgarmente llamada "de vaca loca", fue registrada por primera vez en 1996 en el Reino Unido. Hasta hoy se han reportado 87 casos de esta nueva variante en el Reino Unido, un caso en Irlanda del Norte y tres en Francia.
Las diferencias con la forma clásica esporádica se observan en los estudios de resonancia magnética, bioquímicos y en las biopsias y autopsias de sistema nervioso central (únicas vías para determinar el diagnóstico).
En la Argentina, desde 1983 hasta la fecha, el Centro de Referencia Neuropatológico y de Biología Molecular de Encefalopatías Espongiformes transmisibles en humanos registró 52 casos de la forma clásica de la enfermedad, pero no se registraron casos de la variante transmitida por bovinos.
Nuestro país tiene una comisión asesora en Agricultura y Salud Pública sobre el tema, en la que trabajan expertos locales e internacionales desde 1997. El grupo de vigilancia epidemiológica -integrado por neurólogos y patólogos- está capacitado para actuar ante cualquier situación de emergencia.
Sin embargo, es necesario que las autoridades apoyen a las comisiones asesoras, los comités científicos y los organismos como el INTA, Senasa, INAL y el mencionado Centro de Referencia para evitar que la falta de fondos debilite los controles internos y del material importado (principalmente derivados de bovinos) que pueda contener tejidos infectantes.
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