Escalamiento, una práctica que va en ascenso en la ciudad
Hay palestras en gimnasios y clubes
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Amantes de la montaña, pero habitantes del asfalto. Les gusta el deporte de riesgo y el desafío de llegar bien alto, pero trabajan en plena ciudad, muy lejos de la sierra más cercana. ¿Es posible compatibilizar estas cuestiones tan opuestas? Sí. Aprendiendo a escalar en una palestra urbana.
Miles de porteños descubrieron que podían disfrutar del placer de escalar aun viviendo a nivel del mar. Y muchos gimnasios dejaron a un lado bicicletas fijas y cintas para correr para dar lugar a muros de escalada. También están los que se hacen construir una palestra en sus propias casas (ver aparte).
"Me encantan las montañas, pero vivo muy lejos de ellas. Esta es la realidad que tenemos los porteños... Por eso vengo acá: me mantengo en forma hasta viajar de nuevo", cuenta Patricia La Spina, diseñadora gráfica, 28 años, que concurre tres veces por semana a Realization, una palestra en Villa Urquiza.
"Es una vuelta a la naturaleza, un modo de salir de estas ciudades tan convulsionadas. Y también hay mucho snobismo", dijo el secretario de la comisión directiva del Centro Andino Buenos Aires (CABA), Jorge Fonseca. Del centro depende la primera palestra de la ciudad, instalada en 1982: mide 40 metros de largo y 15 m de alto.
"En este deporte no se compite con nadie: se comparte en lugar de pelear con un oponente", explicó Sebastián Cerrato, profesor de educación física y guía de montaña a cargo de Campus, una palestra en Villa Urquiza.
Eso sí, no todo es igual: está la escalada de montaña y la escalada deportiva, como la variante boulder.
Entre los primeros está la palestra de la Asociación Cristiana de Jóvenes. Es la única en pleno microcentro y su vista está contraindicada para los que sufren de vértigo: instalada al aire libre en el séptimo piso del edificio de la calle Reconquista y Córdoba, mide 15 metros de altura y llegar a su cima equivale a trepar a un piso 12.
"Es el muro artificial más alto de la ciudad", sintetizó el profesor de escalada Diego Mattio. Es instructor de escalada y guía de montaña y hace 14 años que se dedica a esto. Hace siete que dicta cursos y tres que abrió su propia empresa, que construye muros a domicilio.
El CABA tiene 600 socios adherentes y 60 activos. Fonseca explicó que desde hace seis años reciben más y más interesados: "La mayoría son hombres, aunque vienen más mujeres que antes. Tienen entre 25 y 35 años, y vemos que predominan los profesionales jóvenes de clase media alta".
En el asfalto aprenden a usar el equipo, repasan las medidas de seguridad y emulan los movimientos en la roca. Con esa teoría a cuestas, van por la práctica: salen a Sierra de la Ventana; a Arenales, en Mendoza; a Los Gigantes, en Córdoba.
"Es un ejercicio completo, como ir a un gimnasio pero más divertido", dice Mattio. La fuerza la hacen las piernas y hay que aprender a utilizar el equilibrio para economizar energía y así escalar más metros.
Según Mattio, sus cursos tienen tres clases de adeptos: los profesores de educación física que quieren aprender técnicas de seguridad, los que lo toman como una actividad física más y los que después siguen escalando en escenarios naturales. "Muchos son jóvenes profesionales, a los que les gusta salir del trabajo y en cinco minutos hacer una actividad totalmente diferente", cuenta Mattio.
Con los arneses y los mosquetones puestos está todavía Fernando Sopranzetti, un claro ejemplo de lo que cuenta el profesor. Terminó de cursar ingeniería en sistemas y, aunque iba al gimnasio, descubrió que esto "tiene más emoción".
"El escalador deportivo es un fenómeno social, ya que se entrena en un ámbito que él mismo recrea. La escalada es para muchos más que un deporte y pasa a ser una forma de vida", agrega Cerrato, de Campus.
Cuevas urbanas
Andrés Puertas se vanagloria de tener en su gimnasio de Villa Crespo el primer muro de escalada boulder del país. En esta modalidad se escala sin cuerdas y se trabaja sin arneses. Un poco de magnesio en las manos, para secar la transpiración, y ya está. Sólo buenas manos, fuerza y equilibrio.
El boulder es como una cueva llena de tomas o presas de escalada, donde se puede encontrar una dificultad extrema a pocos centímetros del piso, sin correr ningún peligro más que soltarse y caer sobre una colchoneta.
A diferencia de las palestras altísimas, en esta modalidad se debe desarrollar muchísima fuerza para conseguir avanzar con éxito por la ruta que cada escalador se dibuja para sí.
"Tener tanta densidad de tomas permite una gran diversidad de movimientos", explica Andrés, de Realization. La novedosa sala recibe a unas 40 personas por día, de entre 11 y 48 años. Si bien hace dos años que Realization abrió, el auge de la escalada empezó a crecer desde marzo.
Marcelo Martínez tiene 45 años y es gerente de Proyectos en una empresa. Le tomó el gusto a la escalada cuando lo trasladaron a una filial en Chile y hoy va al boulder dos veces por semana, con una compañía de lujo: su hijo Sebastián, de 15 años.
Dónde practicarlo
- Prusik Actividades de Montaña: 4782-2062.
- Realization: Aráoz 129, 4854-6009.
- Centro Andino Buenos Aires (CABA): Comodoro Rivadavia 1255. 4381-1566.
- Campus: Cullen 4824, en Villa Urquiza.
- Escalando: Elcano 794 (Perú y el Río), Acassuso, 4798-2759.
Fugate: Gascón 238. 4982-0203.
- Rustik: Monroe 5462, en Villa Urquiza. 4544-8318.
- En la Asociación Cristiana de Jóvenes (Reconquista 439, 4311-4785) se dictan clases para aprender a escalar palestras. Incluyen ocho días de tres horas de instrucción y cuestan 140 pesos para socios y 180 para los no asociados. En Realization (Boulder de Villa Urquiza) se puede ir por el día y la escalada libre cuesta 5 pesos por clase o 35 por un abono de seis.
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