
Esclarecen el crimen de un ginecólogo
Detuvieron a dos jóvenes de 20 años
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El 14 de octubre último, los vecinos de Anchorena al 1300, en pleno Barrio Norte, se despertaron ante el ruido de las sirenas y las frenadas de los móviles policiales que llegaban a un edificio situado en esa cuadra.
El asesinato de un prestigioso ginecólogo que vivía en el inmueble de Anchorena 1372 había provocado semejante revuelo. Cuando los policías irrumpieron en el departamento B del octavo piso descubrieron el cuerpo del médico tirado en el piso de la cocina. Lo habían ahorcado con el cable de la heladera.
Según fuentes policiales, la víctima fue identificada como Rodolfo Lavín Figueroa, de 40 años, soltero. La autopsia realizada en el cadáver reveló que, antes de morir, el médico había sido sometido a una feroz golpiza debido a que se se había resistido.
Hace pocos días, y luego de poco más de ocho meses de investigación, un grupo de detectives de la División Homicidios de la Policía Federal logró esclarecer el asesinato al detener a dos jóvenes acusados del crimen.
El hecho de que el ginecólogo fuera reconocido vecino de la zona y la saña con la que había sido asesinado provocaron gran indignación en el barrio y todos los vecinos comenzaron a reforzar la seguridad en los edificios.
De acuerdo con los testimonios de los amigos de la víctima, en el departamento de tres ambientes de Lavín Figueroa faltaban algunos objetos de valor. Entonces, el móvil del crimen estaba claro: se trataba de un robo.
No obstante, los investigadores se vieron desconcertados por un detalle de la escena del crimen: aunque había algo de desorden en el departamento, la puerta no había sido forzada; en conclusión, el asesino debía ser alguien conocido de la víctima.
A partir de los cruces de las llamadas telefónicas realizadas desde y hacia la línea de Lavín Figueroa, los detectives descubrieron una serie de comunicaciones efectuadas a la zona de San Martín.
Así, los investigadores indagaron entre los integrantes del círculo íntimo del ginecólogo para tratar de establecer si alguno de ellos alguna vez había llamado a la víctima desde San Martín o si vivía allí. Ninguno de los testigos reconoció que Lavín Figueroa tuviera algún amigo o paciente en el mencionado partido del Gran Buenos Aires.
Luego de establecer los domicilios desde los que se habían realizado las mencionadas comunicaciones, fueron individualizados dos sospechosos cuyos rasgos fisonómicos coincidían con las descripciones realizadas por los vecinos del edificio en el que vivía la víctima sobre dos muchachos que vieron salir del inmueble el día del crimen.
Por entonces, los sospechosos habían desaparecido de los lugares que solían frecuentar y se refugiaron en una villa de emergencia de la zona de Billinghurst.
De acuerdo con lo relatado por fuentes de la investigación, hace un mes se incremento el tráfico de llamadas en los teléfonos de los sospechosos, quienes a los pocos días reaparecieron en el barrio en que vivían sin imaginar que allí los esperaba la policía para detenerlos, por orden del juez de instrucción porteño Ismael Muratorio.
Pero con la descripción de los testigos no alcanzaba para probar que los dos sospechosos, de 20 años, habían matado al ginecólogo, ya que ellos habían sido vistos en el edificio, pero no en la escena del crimen.
Entonces, a partir de un minucioso trabajo de laboratorio, se comprobó con 99,98 por ciento de certeza que los cabellos hallados en el lugar del crimen pertenecían a los sospechosos.
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