
Estilos diferentes y música nacional
Estuvieron todas las tribus urbanas
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Cerca de los arcos y en el rosedal los ritmos electrónicos y los peinados de colores eran poco usuales. Allí predominaban las guitarras, la cumbia o la música nacional. Todo entre sandwichitos de milanesa, ensaladas y mucho mate especialmente preparado para la ocasión.
"A mí la onda tecno no me va. Yo vine acá a estar con mis amigos, tocar la guitarra y pasarla bien", contó Martín Rubiela, tirado junto a su novia Julieta en el pasto. En total eran 13 amigos que vinieron de Tigre a festejar el Día de la Primavera.
"Nos trajimos de todo", acotó Miguel, a su lado. "Pelota, cartas y, obviamente, la guitarra. Yo me voy a quedar por acá porque más allá, por los camiones, hay cada bicho raro..."
El fútbol, el voley para las chicas, y el truco también eran muy populares por aquella zona.
Del otro lado, en cambio, sobre la avenida Sarmiento, una multitud de jóvenes saltaba y bailaba al son de la música de los DJ, que eran considerados por muchos como ídolos del rock.
"Vaaamos Buenos Aireees, mostremos al mundo quieneees somosooos", animaba uno de ellos por los altavoces, seguido por el aullido de una sirena y la explosión de los ritmos eléctricos. "Aaarriba las manos, vamooos", continuaba el DJ, y los jóvenes respondían con gritos y más saltos.
Además de bailar, Ramiro y Marcelo aprovecharon el día para ganar unos pesos. Con un par de pinceles y dos tarros de tempera verde y roja pasaron la tarde ofreciendo a los efervescentes adolescentes "una pintada por 1 peso". "La gente se copa, te digo que ya juntamos como 30 mangos ", contó Ramiro, mientras dibujaba un corazón en la mejilla de una quinceañera.
Cerca del escenario principal, entre la multitud, un grupo de jóvenes había ganado, a fuerza de sus pasos de baile y su extraña vestimenta, la atención de un nutrido público. Se trataba de los "Dancer Boys , alias sexópatas", de la disco La Casona de Lanús.
"No cualquiera es un dancer , hay que saber bailar muy bien y tener una estética especial y única como la nuestra", explicó Roger, un chico de 19 años, vestido con un pantalón de vinílico azul con ojos de gato, logrados con un par de lentes de contacto amarillos y una pupila ovalada negra que le daba un aspecto inquietante.
A su lado, Gastón Durán, con el pelo engominado, plataformas y un cortísimo shorts negro, explicó : "Este es un día bárbaro porque podemos mostrarnos y disfrutar de la música. No siempre nos vestimos así; con la música sufrimos una especie de transformación. Yo durante la semana trabajo con mi papá en un supermercado y no uso nada de lo que tengo puesto ahora.Quizá me queden algunas cosas del peinado, pero nada más", explicó este simpático estudiante de psicología que, extático, no podía dejar de dibujar formas en el aire con sus brazos.
Todo duró hasta las cinco. A esa hora la música cesó y ni los aplausos o los cánticos futboleros de "una más y no j... más..." lograron que aquellos ritmos electrónicos volvieran a tapar los más cotidianos ruidos de los autos y pájaros del lugar.





