Exceptuados. ¿Cómo es el protocolo para los chicos que no pueden ir al colegio?
En CABA, el 4% de los alumnos tiene autorización para no asistir a clases
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Ya sea porque son pacientes de riesgo o porque conviven con algún familiar en esa situación, la tendencia general indica que el porcentaje de chicos exceptuados es muy reducido. No obstante, se trata de un dato provisorio ya que aún no cerró la fecha límite para que los padres puedan presentar la documentación -certificado médico, acreditar convivencia- que exige el protocolo para el inicio de las clases presenciales 2021, del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
“Encontramos que el porcentaje de chicos exceptuados es relativamente bajo. Si bien no tenemos la cifra exacta porque estamos dentro del período en que todavía los papás pueden presentar la documentación, que es hasta 7 días corridos desde el inicio de clases presenciales, la tendencia es cercana a un 4%. Es un porcentaje minoritario”, señala Lucía Feced, subsecretaria de Coordinación Pedagógica y Educativa del Ministerio de Educación porteño.
Protocolo
Tal como establece el protocolo, “para dichos grupos de estudiantes, se brindarán alternativas remotas para garantizar la continuidad pedagógica”. Según Feced, la premisa es intentar que estos alumnos puedan tener esa continuidad lo más cercana a su grupo de pertenencia y a su escuela. “Esto quiere decir que la maestra de grado en primaria, y el tutor y algún docente referente del curso, en el caso de la secundaria, haga un seguimiento de cada uno estos chicos”, explica. “Pero también estamos promoviendo que en aquellas escuelas donde haya docentes exceptuados, sean ellos los que tomen el seguimiento sistemático de los alumnos que no pueden asistir”, agrega.
De manera que, por un lado, los maestros de grado acompañan y hacen un seguimiento general, incluyéndolos también en alguna actividad grupal de manera remota y luego los alumnos tienen instancias más intensivas de enseñanza y aprendizaje a cargo de los maestros que tampoco pueden asistir. “Si en algún colegio no hay un docente en esa situación se busca que alguno del Distrito que esté exceptuado haga este seguimiento”, sostiene la subsecretaria de coordinación pedagógica de CABA.
“Tenemos una matrícula de 380 alumnos de los cuales solamente 12 no pueden asistir al colegio por tener enfermedades como diabetes o asma, o por convivir con familiares que son considerados de riesgo”, dice Daniel D’Amico, director la escuela primaria Nro 11 del Distrito Escolar 4, de La Boca. “Además en nuestra escuela hay dos maestras exceptuadas por ser de riesgo. Una se dedica a los chicos exceptuados de primer ciclo, de primero a tercer grado, y la otra a segundo ciclo de cuarto a séptimo. La idea es que estas docentes estén en contacto con las de grado y lo que están viendo los chicos que van de manera presencial, se lo enseñen a los chicos que no pueden concurrir. Puede ser por videollamada, reuniones de zoom, a través del correo electrónico, o lo que fuere necesario”, explica D´Amico. Además, esta escuela tiene previsto coordinar reuniones de zoom entre el grado y el alumno que está en su casa para que éste pueda ver a sus compañeros, interactuar y sentirse integrado. En ese sentido Feced advierte, “incentivamos que se realicen estos encuentros semanales virtuales para favorecer el acompañamiento, porque es un chico que ahora está solo en esta situación”.
En tanto, que Marcela Voulgaris, directora de la Escuela Nro. 4, Distrito Escolar 9, de Palermo, señala: “por el momento, no hay niños que no puedan concurrir, si hay una docente que sufre de EPOC (enfermedad pulmonar obstructiva crónica), que es quien estaría a cargo de ellos y que pasó a disponibilidad del Distrito y le asignaron alumnos de la Escuela Nro 5”.
Cronograma
Andrés Pallaro, representante legal del Colegio Internacional de las Islas, de Belgrano, asegura que en el caso de su escuela se está ofreciendo a los alumnos exceptuados un cronograma de clases virtuales a cargo de docentes que se dedican a ellos en forma exclusiva. “De una matrícula de 620 alumnos tenemos solamente ocho dispensados, el número es muy bajo”, admite. Y asegura que, si bien lo ideal es la presencialidad, el seguimiento de las clases virtuales compensa esta falta. “Tratamos de hacer un buen acompañamiento entre colegio y familia para que los chicos aprendan. Por otra parte, tenemos un equipo de psicopedagogas que sigue a cada uno de ellos, la contención del colegio es fundamental”, advierte.
En el caso del Belgrano Day School, el número de chicos que están exceptuados es también reducido, de un total de 1200, hay tres en jardín de infantes, siete en primaria y tres en secundaria. El colegio dispuso que los chicos de nivel inicial que no pueden asistir compartan actividades a través de Google Meets con el grupo que asiste al colegio. Mientras que, en primaria, los docentes son tutores de quienes se encuentran cursando de forma virtual, de esta manera los chicos tienen una tutoría especial con sus docentes directos, y además de los momentos grupales tienen momentos individuales con ellos. En el caso del nivel secundario, a través de una plataforma virtual se vuelca el contenido a trabajar y se asigna un tutor para hacer un seguimiento.
En el caso del Colegio Santo Tomás de Aquino de la Universidad Católica Argentina (UCA), en Colegiales, los alumnos que no pueden asistir realizan la cursada de manera virtual con actividades asincrónicas, encuentros vía zoom con los docentes y están adaptando las aulas para la participación en vivo a las clases a través del sistema de aulas híbridas. “En todos los casos, los alumnos cuentan con acompañamiento tutorial de seguimiento y refuerzo”, dice Pablo Manzano, rector, quien asegura que los alumnos exceptuados en el colegio son ocho, de un total de 648, mientras que detalla que uno solo es de riesgo y el resto conviven con personas de riesgo.
Para Manzano, hay que tener en cuenta que la educación es esencialmente vincular, “los chicos tienen su grupo de pertenencia y la escuela es el espacio donde interactúan, socializan, cultivan lazos de amistad, aprenden de responsabilidad social, a resolver solos sus conflictos. También muchas veces es el lugar de escape, su cable a tierra. Es tan fuerte esta dimensión social de la escuela en la vida de los chicos que más de una familia optó por enviar a sus hijos al colegio, a pesar de convivir con personas pertenecientes a grupos de riesgo, tomando todos los recaudos necesarios para hacerlo posible”, asegura.
Feced coincide en que lo más perjudicial para los alumnos que no pueden asistir tiene que ver con la instancia de grupalidad que la escuela genera y no solo tiene que ver con lo vincular sino con los aprendizajes. “Cuando uno es chico aprende a partir de lo que los otros logran hacer mejor que uno, también de los errores que cometen. Los aportes del grupo hacen que se pueda llegar a una conclusión general que siempre es más rica que lo que uno puede lograr individualmente”, señala. “Pero consideramos que esto es transitorio y en la medida en que avancemos en la salida de la pandemia, en algún momento ese alumno que hoy no puede asistir podrá volver. La apuesta es que, mientras tanto, avancen al mejor ritmo posible”, finaliza.
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