Tras conseguir récord mundial de altitud, el paracaidista superó la velocidad del sonido

El austríaco Felix Baumgartner cumplió la hazaña que se había postergado el martes pasado por condiciones climáticas en un lapso de dos horas y media
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14 de octubre de 2012  • 18:56

Tras poco más de dos horas de preparativos y de ascenso, el deportista de alto riesgo austríaco Felix Baumgartner se convirtió en el primer ser humano en romper la velocidad del sonido al haberse lanzado desde la estratosfera, a una altura de 39.068 metros en caída libre.

Baumgartner saltó hoy desde una cápsula impulsada por un globo sobre el suelo de Nuevo México, sudeste de Estados Unidos, con el objetivo de romper por primera vez la barrera del sonido en caída libre, y lo consiguió en medio de un clima de gran expectativa y la transmisión de 150 canales de televisión diseminados por el mundo.

Desafío superado

El objetivo del salto era romper la barrera del sonido. Los cálculos de la misión prevén que lo consiguió en los primeros 40 segundos de caída libre, cuando aceleró en ese espacio de tiempo hasta 1.173 kilómetros por hora.

Baumgartner logró controlar el descenso y evitar caer en barrena, lo que le podría haber llevado a perder la consciencia o sufrir una hemorragia cerebral en caso de girar de forma descontrolada.

La caída libre de Baumgartner ha sido de cuatro minutos y 19 segundos, por lo que no ha podido romper el récord anterior, de cuatro minutos y 36 segundos.

En total ha requerido unos 16 minutos en tocar suelo en un aterrizaje perfecto en paracaídas tras lanzarse al vacío dentro de su traje presurizado, que le protegió de la baja presión y las bajas temperaturas.

Además, superó también el récord de salto de paracaídas con más altura en caída libre. En 1960, el estadounidense Joe Kittinger saltó desde una distancia de más de 31 kilómetros sobre la superficie terrestre.

El austríaco, de 43 años, tenía previsto encabezar la prueba el martes pasado, pero los fuertes vientos registrados ese día se lo impidieron.

Baumgartner contó con numerosos asesores médicos y un traje presurizado dotado de oxígeno para sobrevivir a un salto desde esa altitud. Según aseguró a la prensa norteamericana, se trató de su desafío más difícil, no sólo por la complejidad que implica, sino por un miedo al que tuvo que sobreponerse durante su carrera como deportista: la claustrofobia.

La misión en imágenes

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