
Fina Scarfó: una mujer que no sabe de escollos
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La perspectiva la asusta. Y jura que la ansiedad le da taquicardia. A los 86 años, no es la memoria lo que le juega a Josefa América Scarfó una mala pasada, sino el corazón.
Faltan sólo tres días para acabar con 68 años de espera, para reencontrarse con una parte de su historia: la del amor encerrado en las cartas que le escribió su amado Severino Di Giovanni. Esas cartas que le fueron arrebatadas el 30 de enero de 1931, cuando tenía apenas 18 años.
"Por favor, no quiero que me vengan a ver... ¿Por qué quieren gastar tinta en esto de darle unas cartas a una vieja, cuando hay tantos chicos abandonados, tanta gente sin trabajo, tantas cosas feas que pasan? Yo no pido nada, sólo quiero que me devuelvan lo que es mío."
Este es el pensamiento vivo de Fina, como la llaman los suyos. Así, el jueves último, rehusó conceder una entrevista a La Nación . Pero, detrás de esa negativa, su memoria estaba empecinada en hablar. Y, casi sin proponérselo, dejó libres sus recuerdos.
Lejos de esos tiempos, fielmente guardados en su memoria, América Scarfó continúa su lucha. Ahora, apoyada en el amor incondicional de sus hijos y nietos, está su inquebrantable vocación por aprender.
Fina ha conseguido metas que, a su edad, son un verdadero ejemplo: en 1998 se recibió de traductora pública de francés y este año cursa el traductorado literario en esa lengua. Además, suma el título de traductora pública de italiano, la lengua en la que su Severino le escribía aquellas cartas de amor.
De a poco, la inicial resistencia se diluye y la propia Fina da paso a este diálogo telefónico con La Nación :
-¿Cuándo comenzó el amor con Di Giovanni?
-Fue un año y medio después de que se fuera del cuarto del fondo de mi casa, donde mi padre le había alquilado un lugar. El ya se había separado de Teresa Masculli. Severino me iba a buscar al liceo y me escribía esas cartas tan lindas... Pero mis padres intuían algo, y ya se decían cosas terribles de él, que no eran ciertas...
-¿Y tuvo que casarse con otro hombre para poder verlo?
-Yo tenía que encontrar una forma de salir de casa. Así apareció Silvio Astolfi, un muchachito italiano que años después murió en la Guerra Civil Española. Durante nuestro falso noviazgo, de dos meses, venía a visitarme sólo cuando traía carta de Severino.
-¿Cómo recuerda a Severino?
-Lo tengo en mi corazón. No era un bandolero, como se dijo: era antifascista. Vivía por sus ideales. Siento que con él y con mi hermano Paulino la humanidad perdió a dos héroes.
Así recuerda aquel tiempo Fina, que teme ir otra vez a la Casa Rosada, algo que, sospecha, Paulino y su amado jamás le hubieran perdonado. Pero está decidida: "Aunque sea un pecado de vejez, quiero esas cartas".
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