
Francia reconoce el robo de arte durante el Holocausto
Cerca de 2000 obras de arte, entre ellas piezas de Rodin, Monet, Renoir y Gauguin, aún enriquecen las colecciones de museos, como el D´Orsay y el Louvre
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PARIS.- Apoco más de medio siglo del peor de los crímenes, el Holocausto, los aliados han comenzado a hacer su propia "mea culpla". Primero fue el reconocimiento de la existencia de un "tesoro nazi" que pasó por sus manos, después la revelación de que gran parte de las propiedades que aún renta la alcaldía de París fueron incautadas y jamás devueltas a cientos de familias judías y, por último, el reconocimiento de que unas 2000 piezas de arte que habitan los más prestigiosos museos franceses pueden pertenecer a anticuarios, valuadores de arte y adinerados particulares atrapados por las garras de la Segunda Guerra Mundial.
El primer ministro Alain Juppé anunció este fin de semana la constitución de un comité que tendrá por objetivo averiguar los orígenes y el status legal de billones de francos robados a las personas en camino a los campos de concentración.
Los resultados de esta investigación, sin embargo, se pueden predecir por cuanto la Cour des Comptes (el equivalente francés a la Auditoría de la Nación) ya realizó un trabajo preliminar de dos años que permitió a las autoridades llegar a la conclusión de que en esa categoría entran muchas de las obras de pintores de la talla de Monet, Renoir, Gauguin y el escultor Rodin que se exhiben actualmente en distintos puntos del país.
En un informe publicado hace una semana por el matutino Le Figaró y divulgado oficialmente ayer por la cancillería francesa, la Cour de Comptes critica duramente no sólo al Estado francés, por "no haber hecho nada por enderezar esta terrible fechoría", sino también a numerosos curadores de museos que les impidieron acceder a sus archivos o que les dieron endebles pruebas de legítima propiedad de su stock artístico.
Sólo el Musée d`Orsay admitió poseer obras de Gauguin y Monet cuyo origen desconoce y que presume pertenecen a familias deportadas por el régimen pro-nazi de Vichy que gobernó Francia durante la ocupación. Fue esta férrea resistencia lo que obligó a intervenir al primer ministro a hablar del tema en público durante una ceremonia en honor a los caídos durante el Holocausto y a establecer un comité con amplios poderes afirmando que su labor "no es sólo un gesto moral sino un deber nacional".
Un codo en la historia
En 1940, unos 300.000 judíos vivían en Francia. Muchos de ellos ocupaban altos puestos en entidades financieras y prosperaban en el comercio. La mayoría de ellos fueron despojados por el gobierno del mariscal Pétain, el héroe de la Primera Guerra Mundial que terminó siendo títere de los alemanes y que estableció su capital en la ciudad-spa de Vichy.
Cerca de 70.000 judíos fueron capturados por fuerzas francesas y transportados a campos de concentración de un lado y otro del Rhin. Fueron pocos los que lograron retornar y muchos de los sobrevivientes, en especial los más jóvenes, ignoraban hasta ahora lo que habían dejado sus mayores.
Al final de la conflagración, unas 61.000 obras de arte robadas a las víctimas del nazismo (tanto de judíos como de otros sectores disidentes del nazismo) fueron almacenadas en un galpón de Compiegne. El sitio escogido por los aliados no pudo ser más fatídico: se trata de un claro en un bosque no muy lejos de París donde los alemanes firmaron el armisticio de la Primera Guerra Mundial y que Hitler, en revancha, escogió como lugar para la suscripción del espurio acuerdo con Pétain que le permitió su ocupación.
Unas 45.000 piezas fueron entonces reclamadas. El resto se vendió al mejor postor de no ser por 1955 obras que se presume que fueron a parar, sin muchas preguntas, a distintas instituciones francesas como el Louvre y los musseos de Thermes de Cluny, Carnavalet y Marmottan, entre otros.
Las actitud adoptada 51 años después por Alain Juppé es coherente con la política iniciada, en julio de 1955, por el presidente Jacques Chirac cuando, por primera vez, admitió en su caracter de titular del Eliseo la responsabilidad del Estado francés en los crímenes cometidos por el régimen de Vichy.
Todos sus antecesores, de De Gaulle a Mitterrand, se habían negado a considerar a Vichy como el gobierno legítimo de Francia. Lo ocurrido desde 1940 hasta fines de 1944 quedaba así encapsulado en un período de "suspensión" del Estado francés lo que lo liberaba de tener que hacer cualquier tipo de compensación a las víctimas por cuanto, legalmente, el Estado también había sido una - sino la más grande- de las víctimas.
Chirac le puso un codo a la historia al rechazar este concepto y fue esta decisión la que abrió esta verdadera caja de Pandora sobre los horrores de la posguerra en Francia. Si los delitos que surjan de ella serán totalmente resarcidos aún no puede decirse. Las arcas del Estado francés no están en condiciones de desprendersde de propiedades que le otorgan amplios dividendos y menos aún de pagar billones por ellas a sus verdaderos dueños. Pero una compensación moral surge en el horizonte.



