
Fue liberado el empresario textil Abraham Awada
Tres supuestos captores, detenidos
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"Saludá a tu hermano", dijo una voz masculina, sin dudas conocida, que sonaba en el auricular del teléfono de Jayide Awada. La llamada, reveladora, se produjo pasadas las dos de la mañana de ayer. Marcaba el fin de cinco días de angustia para la familia: Abraham Awada, secuestrado el lunes último, había sido liberado por sus captores en algún lugar de la zona norte del conurbano y llegó por sus propios medios, sano y salvo, a su casa del barrio porteño de Palermo.
No hay confirmación al respecto, pero se especula con que la familia Awada, como epílogo de una negociación independiente de cualquier investigación policial, habría aceptado pagar una suma de dinero para obtener la liberación del patriarca de la conocida firma de indumentaria femenina.
A esa misma hora, centenares de efectivos de la policía bonaerense se movían por las calles internas del barrio Santa Rita, un complejo de monoblocks situado en Boulogne, a unas pocas cuadras del distribuidor de la ruta Panamericana y Márquez.
Tenían directivas muy precisas, consignadas en las respectivas órdenes firmadas por el juez federal de San Martín Hugo Gurruchaga: debían allanar 15 viviendas y detener a un número no precisado de personas presuntamente vinculadas con el secuestro extorsivo.
Con las primeras luces del día, y bajo el cielo encapotado, los de uniforme se llevaron, esposados y con los rostros cubiertos con abrigos, a tres sospechosos -dos mujeres y un hombre- de haber prestado una necesaria participación para la concreción del secuestro.
Los gritos que, apenas apagados por las prendas de lana, profería una de las mujeres hacia el gran número de vecinos del barrio Santa Rita a los que no podía ver, aun cuando intuía su presencia, ofrecían una clave para entender cómo se había llegado a ese desenlace, que no es, en absoluto, el final de la historia.
"Son unos h... de p..., uno de ustedes batió, nos batieron, nos entregaron...", lanzaba al aire, resignada, poco antes de caer dentro de un móvil policial.
Se espera ahora que, una vez atrapados, los detenidos de ayer se decidan a hablar y delaten a sus cómplices. Los investigadores admitieron ayer que la banda excede a los tres apresados y que, incluso, entre los aún prófugos estarían el cerebro del golpe, sus ejecutores y el presunto entregador.
El principio del fin
La certeza de que Awada estuvo confinado en el norte del conurbano comenzó como una posibilidad el viernes último. Ese día, la Delegación Departamental de Investigaciones (DDI) de San Isidro envió al juez Gurruchaga y al fiscal federal de San Martín Jorge Sica una información digna de ser tenida en cuenta.
Habían motivos para pensar que el empresario era mantenido oculto en el barrio Santa Rita, una serie de monoblocks que se levantan en un predio delimitado por las calles Gorriti, Yerbal, Rolón y Bomberos Voluntarios, una suerte de triángulo que, en uno de sus vértices, se toca con el Arsenal Esteban de Luca, del Ejército.
Aunque nadie lo admitió, fuentes de la causa confiaron que "alguien de la zona dio importante información que, al final, permitió un gran avance en la investigación". Ese "alguien", se presume, podría ser un habitual "buche" de la policía o, incluso, un allegado a la banda de secuestradores que, por algún motivo, ofreció la delación a cambio de atenuar una eventual vinculación con el episodio.
Las órdenes de allanamientos y de detención, emitidas cuando Awada ya había sido liberado, tendrían un alto grado de relación con los datos de la DDI San Isidro.
Los tres detenidos ayer -sus identidades se mantuvieron en reserva, para no frustrar pesquisas aún en proceso- serían, según las fuentes, partícipes necesarios: es decir, podrían haber sido los "celadores" de Awada durante su cautiverio.
El empresario pasó ayer todo el día en su casa. Su hermana "agradeció a Dios" por haberle permitido reencontrarse con Abraham, sano y salvo.
De principio a fin
- Abraham Awada fue secuestrado a las 20.30 del lunes último, a pocas cuadras del Golf Club San Andrés, de donde había salido tras jugar al truco con un grupo de amigos.
- Luego de la confirmación del rapto y tras filtrarse a la prensa que los captores habían pedido un rescate de 300.000 pesos, el juez de la causa ordenó un estricto silencio, mientras la familia Awada, presuntamente, prosiguió con las negociaciones.
- Pasadas las 2 de ayer, Abraham Awada llegó a su casa y confirmó a los suyos que lo habían dejado irse.




