
Goloso de los chocolates y con novia en casas separadas
Gustos, hábitos y negaciones del nuevo mandatario porteño
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Pese a que le gusta descansar, el día de Mauricio Macri comienza siempre bien temprano. A las 7, salta de la cama para cumplir su rutina diaria: realiza 30 minutos de actividad en una bicicleta fija en un gimnasio de Barrio Parque, donde lee tres diarios: LA NACION , Clarín y el deportivo Olé .
"Es el momento que me hago para mover las piernas y distenderme un poco. Después, estiro los músculos y hago un poco de pesas, pero muy liviano... Y me vuelo a casa", dice.
Antes del tradicional desayuno con una taza de leche con muy poco café, toma una pastilla de Omega 3 para combatir la artrosis. Esta medicación lo salvó de tener que seguir con una rutina que había empezado a odiar, aunque le había dado buenos resultados: ingerir en ayunas dos vasos de agua y una cucharada sopera de aceite de hígado de bacalao.
En su morada de Barrio Parque, hoy vive solo; una chica que se encarga de limpieza concurre de lunes a viernes para hacer los quehaceres domésticos. Si bien está de novio con María Laura Groba ("Malala"), eligió "por ahora", según aclara Macri, vivir en casas separadas.
A las 9, llega a su oficina de la calle Alsina 1325 (sede de Pro) y que, desde mañana, trocará por el despacho de jefe de gobierno porteño, en el primer piso del Palacio Municipal, es decir, la oficina que hoy deja Jorge Telerman. Macri asegura que no lo reformará. "Está muy bien ese despacho. Si invertimos allí, sería como tirar la plata a la basura, gastar de gusto." De hecho, fue reformado por Telerman hace poco más de un año, cuando asumió en reemplazo del destituido Aníbal Ibarra.
Con una puntualidad asombrosa, cada mediodía almuerza, por lo general, en su oficina. "Cuando estoy bajo tensión, no como nada, se me cierra el estómago, contrariamente a lo que le pasa a la mayoría de las personas, que comen de más", asegura. Prefiere las ensaladas de hojas verdes con atún, y bebe agua mineral o jugo de naranja.
Su jornada laboral, con reuniones escalonadas y una agenda siempre cargada, termina entre las 18 y las 20. En su tiempo libre suele ir al cine y al teatro. Durante los fines de semana se guarda un lugar para jugar al tenis o al fútbol, sus deportes preferidos.
Asegura que su novia, "Malala", le enseña a cocinar, algo que él hace con muy poca frecuencia. "Por ahora preparo sólo ensaladas, pero le doy un toque especial, a la italiana", dice. Posiblemente no convide si ante él tiene un chocolate o una porción de brownie. Son su debilidad. Además, ataca con gusto las milanesas con papas fritas; la sopa fría de remolachas y las ensaladas con atún. Cuando se advierte con unos kilos de más, bebe un preparado de savia vegetal con jugo de limón para "desintoxicar el organismo", dice.
Hombre adinerado y poderoso, tiene la particularidad de no utilizar billetera: en el bolsillo lleva la cédula de identidad, el carnet de la obra social y algunos billetes. Tampoco tiene encima el teléfono celular. "Por lo general, lo dejo en el auto porque siempre estoy acompañado; ando muy poco solo. Si necesito teléfono, le pido a alguien".
Es dueño de una llamativa popularidad: en la calle, la gente lo alienta y lo saluda; tiene muy buena aceptación, y no sólo política, entre las mujeres.




