
Habrían descubierto quince casos más de abogados falsos
Diplomas: el Colegio Público de Abogados y la Facultad de Derecho de la UBA avanzaron en el descubrimiento de títulos fraguados.
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Por lo menos quince nuevos casos de abogados falsos estarían a punto de ser descubiertos por el Colegio Público de Abogados de la Capital Federal y por la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (UBA), de acuerdo con fuentes de esta última institución.
Todos ellos provendrían de la citada facultad, aunque, en realidad, pocas veces habrían pisado ese claustro.
Si bien oficialmente el colegio reconoce sólo uno de estos casos nuevos -que sería el de una persona de apellido Machado-, extraoficialmente se habla de quince, aunque "faltan los últimos chequeos", señalaron fuentes cercanas a la casa de estudios.
El dato surge del cruce de información de los registros de matriculados del Colegio con los legajos universitarios de los abogados, según una información a la que tuvo acceso La Nación . Este cruce abarca, en una primera etapa, los egresados entre los años 1986 y 1996. Tanto los quince letrados sospechados como los tres descubiertos a fines de marzo último (Alejo López Armentía, Gonzalo Lorenzo Villalobos y Eduardo Magnani) figuran como recibidos entre 1989 y 1991. En algunos casos se ha llegado a pagar 50.000 dólares por la obtención del título fraguado.
Habría otros 15 casos de abogados falsos
El Colegio Público y la Facultad de Derecho de la UBA estarían a punto de descubrir nuevos títulos fraguados
El Colegio Público de Abogados de la Capital Federal y la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (UBA) ultiman los detalles y las precauciones antes de dar a conocer los 15 nuevos casos de abogados falsos.
Los nombres se mantienen en reserva y surgieron del cruce de información de los registros de matriculados del Colegio con los legajos universitarios de los abogados, en el período comprendido entre 1986 y 1996.
Tanto los quince letrados sospechados como los tres descubiertos a fines de marzo último (Alejo López Armentía, Gonzalo Lorenzo Villalobos y Eduardo Magnani) figuran como recibidos entre 1989 y 1991.
Los investigadores creen estar frente a otro hecho llamativo: el mismo día que recibieron sus diplomas Villalobos y Magnani lo hicieron otras 258 personas, cuando el promedio diario de recibidos es de 30.
Por año se gradúan en la UBA cerca de 2500 abogados. Actualmente estudian Derecho allí alrededor de 23.000 personas.
Un tercer dato para atender: Villalobos, Magnani y por lo menos uno de los que investiga el Colegio figuran como registrados en el mismo libro de grados de la UBA, el número 107, cuyo robo, el 20 de marzo último, dio origen a la causa que lleva adelante el juez federal Jorge Urso.
"Cuando en octubre de 1995 se descubrió el caso de López Armentía, pensamos que se trataba de un hecho aislado. Sin embargo, cuando un año después apareció denunciado de manera anónima Villalobos, denuncia que luego se confirmó, empezamos a pensar que podía haber otros casos. Por ese motivo, decidimos cruzar datos", explicó a La Nación el presidente del Colegio Público de Abogados, Jorge Bacqué.
Pero, en un primer momento, de acuerdo con las actas de la sesión del Colegio del 20 de agosto de 1996, la Facultad de Derecho de la UBA se había mostrado reticente a brindar la información.
"Tengo la sensación, y sólo eso, de que en un principio la facultad no creía que la cosa fuera tan grave. Pero ahora, con personal nuestro ayudándolos, nos prestan toda la colaboración necesaria", agregó Bacqué.
Cómo se adulteran
Existen tres circuitos para obtener un título falso de abogado: uno ajeno a la Facultad de Derecho, uno interno y otro directamente adentro de la UBA.
Los precios son un misterio. Sin embargo, los investigadores afirman que por los títulos obtenidos a través del mecanismo interno a la facultad se ha llegado a pagar 50.000 dólares.
El método más común para obtener un diploma apócrifo pasa por el circuito externo a la facultad.
Lo que no es nuevo. Los memoriosos recuerdan que, por ejemplo, hace alrededor de 15 años ya se hablaba de que en la esquina de Corrientes y Callao había un local en el que, a cambio de una suma de dinero, proveían de un diploma que era copia casi perfecta de los que entregaba la UBA.
Allí disponían de la cartulina del diploma con el sello de la Facultad. Un calígrafo era el encargado de reproducir los datos del interesado y las firmas de las autoridades del claustro.
Los años pasaron, este local ya no existe pero, tecnología mediante, los títulos son menos complicados de adulterar y pueden parecer más auténticos.
Se trata del mismo método que aplicó en su momento Jorge Damonte, más conocido como el "fiscal trucho", quien hoy cumple una condena de seis años y seis meses en prisión por falsificación de documento público.
Consiste en conseguir un diploma verdadero y fotocopiarlo con láser color ocultando el nombre del verdadero graduado.
Luego, con la ayuda invalorable de un avezado calígrafo, que no necesariamente tiene que ser matriculado en el Colegio de Calígrafos Públicos de la Ciudad de Buenos Aires, se inscribe el nombre del interesado.
Este diploma tendrá todas las firmas y sellos originales y, aunque fotocopiados, servirá para enmarcar y colgar en alguna oficina.
Y a la hora de matricularse, será suficiente hacerlo en algún distrito del Gran Buenos Aires en donde no hay demasiadas exigencias y podrá pasar entre el montón.
El circuito interno
El circuito interno es más largo y complicado, y más difícil de descubrir.
"La cosa pasaba por lograr calificaciones falsas. Uno se anotaba para rendir una materia. No se presentaba y, por lo tanto, tenía ausente. Sin embargo, a la hora de pasar el listado de la planilla del profesor al libro de actas, que no podía tener enmiendas, un empleado solícito cambiaba el ausente por una nota que se la daba por aprobada", explicó un egresado de la facultad a quien le ofrecieron incurrir en una maniobra de este tipo y que prefirió el anonimato para evitar ser sospechado de falsificador.
Y agregó: "La impunidad llevó a que existiera el caso de algún estudiante que tuvo la carrera terminada en uno o dos años, cosa impracticabe, ya que no había tiempo material para rendir las entonces 28 materias en ese lapso".
Sin embargo, según autoridades de la facultad, hoy es casi imposible utilizar este camino por la cantidad de verificaciones existentes.
"Ahora un título tiene que pasar por siete controles diferentes antes de que la facultad lo otorgue. Desde que ésta se terminó de informatizar, en 1987, cada vez es más difícil que alguien pueda recibir un título de abogado que no merece. ¿Antes de esa fecha? No lo puedo asegurar, puede haber algún trucho porque los registros se hacían en fichas de papel y a mano", dijo a La Nación el ex subsecretario académico de Derecho, Ramiro Monner Sans.
Por otro lado, una egresada formuló recientemente una denuncia en el despacho del actual decano de la Facultad de Derecho, Andrés D`Alessio, según la cual se efectuaban inscripciones falsas en distintas cátedras, cuyos cupos estaban cubiertos, a cambio de una suma de dinero. De acuerdo con ésta, de allí a la falsificación de las calificaciones había un paso muy fácil de zanjar.
Estas inscripciones eran efectuadas por una familia de empleados de la facultad que fueron rotados en sus cargos al tomarse conocimiento de la denuncia. El grupo está actualmente siendo investigado.
"No puedo poner las manos en el fuego por la veracidad de las notas que ponen los profesores. No puedo saber si una chica es aprobada porque le gusta al profesor. Pero no creo que haya administrativos involucrados... aunque todo es posible", dijo D`Alessio.
El decano reconoció, además, que aún conviven dos modelos en la Facultad de Derecho: "Uno es el que apunta a la excelencia y el otro es el de aprobar materias de manera fácil. Nosotros nos esforzamos por hacer crecer el primero y achicar cada vez más el segundo."
La UBA, en el medio
El último circuito, el interno de la UBA, está siendo investigado también en el juzgado federal N° 8 a cargo de Jorge Urso, quien lleva la causa 6052/96 contra Villalobos por falsificación de documento público.
Este "camino alternativo" fue denunciado ante la abogada Mónica Tuneu -quien descubrió el fraude de Villalobos- por otro letrado que afirmó que a él le habían ofrecido un título de la siguiente manera: "Dentro de la UBAoperaba a mediados de los años 80, y no sé si todavía lo hace, un grupo dedicado a ofrecerle a algunas personas un título, que no necesariamente es el de abogado, podría ser de cualquier profesión. El diploma es auténtico, es el oficial, pero todas las firmas y los sellos son falsos. En este grupo estaría implicado un calígrafo de la UBAque a su vez es perito del Poder Judicial", explicó Tuneu a La Nación .
Sin embargo, la primera denuncia oficial acerca de organizaciones que funcionan dentro de los claustros dedicadas a estas falsificaciones provino de la jefa de Matrícula del Colegio Público de Abogados de la Capital Federal, Silvia Finocchietto.
En la carta que la funcionaria envió al secretario general del colegio, Diego May Zubiría, el 19 de junio de 1996, y que dio origen al expediente N° 108.324, Finocchietto denunció que "la posibilidad del ejercicio ilegal está dada por la tenencia de un diploma obtenido desde adentro (de la universidad), y que para obtenerlo se utiliza la misma estructura administrativa que expide los legítimos".
Si bien la denuncia es vieja, recién se conoció en los últimos días a raíz del alboroto producido el 24 de marzo, cuando el Colegio Público de Abogados resolvió "suspender precautoriamente" a Magnani, en medio de robos de libros de grado e incendios intencionales de legajos.
Y no se equivocó. Como se dijo, ya hay prácticamente confirmados por lo menos quince nuevos casos de falsos abogados. Pero lo grave es que la aparición de truchos se suma a las denuncias contra algunos jueces, a los escándalos recientes protagonizados por hombres de leyes y al descrédito general que rodea a la Justicia. No es poca cosa.




