
Hallan los reptiles marinos más antiguos
Investigadores de La Plata encontraron en el Neuquén especies que poblaban la región hace 170 millones de años
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Un equipo de investigadores, subvencionado por el Conicet y la National Geographic, descubrió varios especímenes de verdaderos monstruos que poblaron los mares hace unos 170 millones de años, a 50 kilómetros al sudeste de Zapala, en la provincia del Neuquén.
Aunque el hallazgo no posee el halo de espectacularidad que siempre rodea la aparición de los grandes saurios carnívoros, se trata de una noticia importante para el mundo de la paleontología. Es que los recién llegados llenan una laguna de millones de años en la historia evolutiva de los reptiles marinos, de gran escasez de datos.
Estos descubrimientos fueron realizados por un equipo de investigadores del Museo de Ciencias Naturales de La Plata, dirigidos por la doctora Zulma Brandoni de Gasparini, y que contó con la colaboración de los señores Garate Zubillaga y Sergio y Rafael Cocca, del Museo Profesor Doctor Juan Olsacher, de Zapala.
Condiciones desfavorables
La extracción de los restos no fue sencilla. El gran tamaño de los fósiles obligó a los científicos a trabajar durante varias jornadas bajo condiciones muy poco favorables, tanto de clima como de las características del terreno.
La posterior preparación en los laboratorios del Departamento de Paleontología de Vertebrados del Museo de La Plata, con la dirección de Omar Molina, llevó entre dos y tres años por cada espécimen.
Durante el período Jurásico de la era Mesozoica, el nivel del mar se elevó y produjo el avance de las aguas sobre los continentes.
En América del Sur, el océano Pacífico avanzó varios millones de años después, en cinco etapas, desde el Oeste y, en lo que hoy son las provincias de Mendoza y el Neuquén, había hace unos 170 millones de años un amplio golfo que sirvió de hábitat a una rica comunidad de enormes reptiles marinos, integrada por pliosaurios, ictiosaurios y cocodrilos.
Un reptil aterrador
Durante una entrevista con La Nación , Gasparini explicó que Maresaurus coccai -una de las especies halladas- era un aterrador reptil del grupo de los pliosaurios.
Estos animales tenían una enorme cabeza con mandíbulas y dientes sumamente poderosos. Poseían un cuello corto -a diferencia de sus parientes más conocidos, los plesiosaurios - y el cuerpo era hidrodinámico y capaz de desplazarse a gran velocidad.
Los potentes dientes del Maresaurus coccai eran estriados y llegaban a medir hasta once centímetros de largo, con un cráneo que excedía el metro. Los investigadores estiman que el largo total de este reptil marino era de unos cinco metros.
Sus poderosas mandíbulas y la constitución general de su cuerpo lo situarían en la cima de la pirámide alimentaria. Entre sus presas se contaban peces, ictiosaurios y aún otros plesiosaurios de menor tamaño.
Los ictiosaurios, como las dos especies descubiertas en el Neuquén, eran los reptiles marinos más especializados.
La forma de su cuerpo era semejante a la de una caballa o un atún. Tenían una cola similar a la de los peces, cuyos movimientos laterales constituían la principal fuerza propulsora. Posiblemente ocupaban el nicho ecológico de los delfines actuales.
Los ictiosaurios estudiados por los investigadores del Museo de La Plata, que llenaron de luz un vacío temporal de 17 millones de añops en el registro fósil de los reptiles marinos, son de dos grupos netamente distintos.
Uno, cuyo largo seguramente excedía los 7 metros, está relacionado con el Ophthalmosaurus, un ictiosaurio descubierto en Europa que poseía unos ojos enormes, con órbitas de más de 20 centímetros de diámetro.
Ejemplares únicos
El otro ictiosaurio, al que llamaron Chacaicosaurus cayi, medía unos 4,5 metros y era de una forma muy grácil. "Su nombre genérico _dice Fernández_ hace alusión a la localidad del descubrimiento, y el específico deriva de Cay-cay, el dios del mar para los mapuches." De acuerdo con las creencias mapuches, su territorio había sido inundado por el mar en el pasado.
Esta correcta suposición pudo originarse en la observación -en zonas muy alejadas del océano- de caparazones de amonites, moluscos fósiles a los que acertadamente los aborígenes les atribuían un origen marino.
El otro integrante de la fauna de enormes depredadores marinos descubierto era un cocodrilo de 6 metros de largo del grupo de los talatosuquios, que en griego significa cocodrilos de mar.
Estos estaban muy adaptados a la natación, poseían un hocico muy alargado, miembros con forma de remo y una fuerte cola que actuaba como órgano propulsor.
El peso de los años
Tanto el pliosaurio como los ictiosaurios hallados en la cuenca neuquina por los investigadores del Museo de Ciencias Naturales de La Plata, con el respaldo del Conicet y la National Geographic Society, constituyen las únicas especies en el nivel mundial de esa antigüedad. Su estudio permite establecer un lazo entre las formas del Jurásico temprano y tardío.
Según coinciden los investigadores, el hallazgo de estos fósiles vuelve a poner sobre el tapete una serie de problemáticas biogeográficas de gran importancia, que periódicamente reactivan el debate sobre el origen de los territorios en todo el mundo.
Entre otras cosas, permite contrastar hipótesis anteriormente enunciadas por Gasparini, quien propuso que en el período Jurásico pudo haber existido una conexión entre el Pacífico oriental y el Mar de Tethys que circundaba el ecuador.
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