
Halló a su gemela, pero no tiene dinero para pagar un ADN
Un particular ofreció costear el estudio
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MENDOZA.- Aunque la verdad se conocerá dentro de algunos meses por medio de un análisis de ADN, a Marta Liliana Chevrete no le cabe duda de que Paula Mariana Chilote es su hermana gemela, a quien conoció en forma casual después de 28 años. Durante ese tiempo, toda su familia creyó que aquélla había muerto al nacer.
El 28 de abril de 1974, Irma Falcón de Chilote dio a luz a dos criaturas, pero, por una complicación en el parto, a una de ellas la trasladaron desde un poblado rural del departamento Santa Rosa hasta el viejo hospital Emilio Civit de esta ciudad.
Al día siguiente, los médicos le dijeron que una de las gemelas no había sobrevivido en el servicio de neonatología, y tras recibir el cadáver de la recién nacida sus padres le dieron cristiana sepultura.
El matrimonio Chilote cargó por décadas con el dolor de la pérdida de una de sus gemelas hasta que llegó la noticia inesperada. La aparición de Marta Liliana Chevrete de manera fortuita les hizo pensar que aquella pesadilla había sido consecuencia de una fatal confusión y que, pese a que la creían muerta, estaba viva.
Claudia Chilote, una hermana de Paula, vio el 13 de diciembre de 2002 a Marta en una tienda de ropa de esta capital y se quedó perpleja por su gran parecido físico con Paula. Tímidamente comenzó a hacerle preguntas y fue confirmando sus sospechas: ambas mujeres habían nacido el mismo día con unas pocas horas de diferencia, tenían igual grupo sanguíneo, el mismo porte, facciones similares e idéntico color de ojos.
Fue suficiente para que Claudia descargara su llanto al imaginar que, en ese instante casual, podía dar un vuelco su vida. Y así sucedió. Cuando a los pocos días ambas se conocieron no podían salir de la incredulidad ante tan marcado parecido y, desde entonces, construyeron una relación muy fluida. Marta también conoció a los que cree son sus padres biológicos.
Con la intención de sacarse la duda, concurrieron a la defensoría oficial de la justicia de familia de Mendoza, donde les respondieron que la única forma de determinar su verdadera identidad es por medio de un examen de ADN.
Diez hermanos
Marta tiene padres adoptivos y se crió durante 28 años con diez hermanos del matrimonio conformado por Justa Amaya y Antonio Chevrete. Hoy es ama de casa y vive con su esposo, un obrero de la construcción con quien tuvo tres hijos.
Desde que se animó a contar su historia por televisión, en su casa del barrio Jardín Aeroparque de Las Heras, el teléfono no paró de sonar. "Tomé la decisión de publicar mi caso porque quiero saber qué raíces tengo y quiénes son mis padres biológicos", dijo Marta a LA NACION.
Su aparición pública, tres años después de realizar gestiones en la Justicia para determinar su verdadera identidad, también pretendió conseguir ayuda oficial o privada para poder pagar el costoso estudio genético que terminará por develar el misterio de su filiación. Ayer recibió buenas noticias: un particular ofreció dinero para ayudarla cuando se enteró de la historia.





