Hesayne envió una enérgica carta a Menem
Afirma que millones de argentinos están sentenciados a muerte lenta
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"Si algún otro obispo piensa de otra manera, allá él, pero lo que yo expongo es el magisterio de la Iglesia y lo que le escribí al Presidente es nada más ni nada menos que la palabra de Dios."
Monseñor Miguel Hesayne no se sale ni un segundo de su tono amable y moderado, aunque sea categórico al hablar de pobreza, auque alerte sobre el cansancio del pueblo y la violencia, aunque lo que tenga para decir pueda sonar decididamente áspero en los oídos de sus destinatarios, en este caso, el Presidente de la Nación.
"Escribo a usted y en usted a los pudientes argentinos...". Así encabezó el obispo emérito de Viedma la carta abierta enviada en las últimas horas al Presidente. "La gravedad de la situación social es tan aguda -escribió después- que millones de argentinos prácticamente, están sentenciados a muerte lenta por desnutrición", continuó.
¿Por qué la carta? "Porque es mi misión episcopal -responde casi sobre la pregunta-, es mi mandato apostólico ocuparme de los pobres, y cada obispo responde como le parece más conducente", explicó ayer, en diálogo con La Nación.
"Sr. Presidente ... el pueblo argentino sufriente es admirablemente paciente!!! Pero no hay que olvidar que la injusticia social es la raiz de la espiral de todas las violencias", expresa en uno de los párrafos más enérgicos.
La segunda carta
Lo llamativo, además, no es que monseñor Hesayne le haga llegar su descontento a Menem, sino que la carta aterrice en el despacho presidencial casi al mismo tiempo en que las redacciones de los medios reciben por fax la copia correspondiente.
"Era necesario hacerla pública esta vez -explicó-, porque ya en agosto, preocupado por los mismo temas, le escribí otra que fue privada y absolutamente confidencial. Su respuesta fue tan evasiva, tan protocolar, acompañada de datos trasnochados y tan alejada del dolor de tantos millones de argentinos que esta vez me pareció que debía amplificar mi voz."
Tiene de su lado la certeza de las cosas que se viven, se ven y se comparten, en su caso desde el trabajo pastoral. Por eso mismo, con la realidad como experiencia cotidiana, no le es tan fácil dejarse tentar por la euforia de los balances.
"Los técnicos nos confunden con cifras exitistas que despúes no se reflejan en nuestro barrios, en las provincias, en la preocupación de miles y miles de familias. Pero si ellos prefieren recurrir a los números entonces yo también lo hago. Son cifras oficiales las que dicen que la canasta familiar está hoy en 1580 pesos, y eso sólo para alimentación."
Neoiberales o cristianos
Cuando todavía no se apagó la polvareda que él mismo ayudó a levantar con aquello de que "no se puede ser cristiano y neoliberal", Hesayne no afloja ni un punto sobre ese tema: "Me acompaña en esto la voz del mismo Papa, el documento de Puebla y el del Vaticano II. Pero, además, me acompañan los otros obispos que, muchas veces, expresan la misma preocupación. Esta carta la consulté con varios prelados de distintas diócesis y ellos me pedían que la enviara, que eso repercutiría para el bien de todos."
"Cuando veo en misas a responsables de esta política económica injusta que genera desocupación, hambre y enfermedades en una alarmante mayoría, pienso en la reprimenda de San Pablo a los cristianos de Corinto porque no era equitativos en el compartir los alimentos materiales y no obstante se atrevían a compartir la misma Eucaristía", sigue la carta del obispo.
No quiere denunciar, dice, sino conmover; no la acusación, sino la palabra certera que consiga un cambio en quienes tienen entre sus manos la posibilidad de decidir por los demás. "La Iglesia recibe a diario las pruebas de esa otra Argentina de la que nadie quiere hablar. Y yo me pregunto todo el tiempo qué puedo hacer. Pensé: al menos escribir y tratar de motivar los corazones", expresó.
Hasta ahora, sin embargo, admite que no con demasiada suerte. Ni en los pasillos políticos, ni en los encuentros con empresarios -católicos y de otras confesiones-. En general -confiesa- con pocos gestos alentadores, como mucho una ayuda ocasional.
"Pero la ayuda no es el proyecto cristiano, sino la conversión. La conversión de una economía egoísta a una humana y solidaria, no como lo que vivimos hoy."
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