Hospital Reencuentro: historias de superación de personas que dejaron el alcohol y las drogas
Tres personas contaron cómo los ayudó el tratamiento que se da en esa dependencia del Ministerio de Salud bonaerense
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LA PLATA.- Un empleado administrativo de 44 años, una joven de 24 que quiere ser enfermera y un chico de 20 al que le gusta la literatura son sólo tres de las personas que concurren al hospital provincial Reencuentro de esta ciudad, tres que lograron dejar el consumo de drogas y alcohol, tres que no quieren volver a ese pasado, tres de los más de 400 que pasan cada año por allí para recuperarse de sus adicciones.
Durante el año pasado unas 10.500 personas recurrieron a los servicios públicos bonaerenses para consultar y asistirse por algún uso problemático de sustancias, según informó el Ministerio de Salud provincial.
“En rigor, la mayoría viene por policonsumo, es decir, combinan alcohol, tabaco, marihuana, cocaína y/o psicofármacos”, explicó la psiquiatra Marisol Amoreo sobre los pacientes que llegan a la Casa de Día del hospital público Reencuentro. En ese lugar, que depende del Ministerio de Salud bonaerense, asisten 22 personas de entre 16 y 60 años que se encuentran en tratamiento, intentando superar un “consumo problemático de sustancias”.
La combinación que más se presenta es la de alcohol y cocaína. La directora del hospital, Ana Girardelli, insiste en que donde hay que hacer mayor hincapié es en el alcohol. “Hoy en día vemos una disponibilidad de alcohol de los pacientes menores de edad y una tolerancia social al alcohol que nos alarma. Escuchamos que los padres nos dicen que les permiten tomar alcohol en la casa para que no tomen afuera. Es una ingenuidad que asusta”, dijo Girardelli a LA NACION.
Unas 400 personas pasan por la Casa de Día cada año a hacer tratamiento que, si los termina, tienen una duración de tres meses. Hasta allí llegan las personas derivadas desde los consultorios externos del hospital Reencuentro, pero también de clínicas privadas y comunidades terapéuticas públicas.
"Se me alejó todo el mundo"
Alejandro Scarsietti tenía 36 años, una pareja, una casa, un trabajo estable, amigos y un emprendimiento. Cuando la apuesta económica para crear una empresa familiar se vino abajo, empezó a tomar. Lo hacía desde que se despertaba, al mediodía, “hasta cuando me daba el cuerpo”. Tomaba entre tres y cuatro botellas de whisky por día. Pocos años después quedó en la calle. “Perdía el conocimiento, no sabía qué hora ni qué día era”, recuerda: “Se me alejó todo el mundo”. En más de un intento de dejar fracasó y lo tuvieron que internar dos veces.
Hoy, a sus 44, empezó a estudiar para ser radiólogo. Hoy, hace 4 años que no consume.
El tratamiento comienza a las 8 de la mañana, cuando los pacientes entran, y hacen actividades hasta las 5 de la tarde. Además de la clásica psicoterapia individual y grupal, suman talleres de huerta, literatura, manualidades y grupos de conversación y autoayuda.
Empezó como una "travesura"
“Los chicos hoy en día se frustran por cualquier cosa. Están en el 50% de los pacientes que vemos”, advierte Girardelli, directora del hospital.
Carlos Amado tiene 20 años, estudia Letras en la Universidad Nacional de La Plata, y recuerda cómo empezó todo: una travesura que terminó en la comisaría. Tenía 12 años y ya fumaba marihuana y tomaba alcohol a escondidas “para hacerme el grande, para entrar en un grupo”.
“Con un compañero del Normal 3 con el que estábamos en la misma consumíamos adentro y afuera del colegio, todo el tiempo”, confiesa. Y después dice que se acuerda de los placeres que le daban las drogas, pero que decidió cortar porque se vio realizando “conductas extrañas, comportamientos psicóticos”. La que lo llevó al hospital fue su mamá. Él al principio no quería.
Ahora va con ganas porque se le despertó un “sentimiento de pertenencia” y la necesidad de concurrir a ese espacio para pensar en sus cosas. Hace un año que no consume.
La importancia de ser enfermera
En el consumo, Evelin buscaba una “anestesia” para sus sentimientos: no sentir, no pensar. Tenía 20 años y le costaba afrontar la muerte de un familiar muy querido y la separación de su novio.
Empezó a fumar marihuana y a tomar alcohol, después sumó las pastillas y la cocaína. Dejó de estudiar. Tres años después se sintió sola, perdida y arrepentida. Entonces habló con su papá y empezó a tratarse. Pero nada sería tan simple. Primero fue al psicológo y estuvo en una granja con dos meses de aislamiento.
Cuando logró “la desintoxicación” cayó en una depresión profunda: “Tuve varios intentos de suicidio y en el último terminé internada en el hospital de Romero un mes y medio. Cuando salí me recomendaron venir al hospital de Día del Reencuentro y ahora estoy mucho mejor”, cuenta Evelin sonriente. Este año empezó a estudiar enfermería. Tiene claro por qué esa carrera y no otra: “Cuando estuve internada en Romero entendí lo valioso que es ése trabajo”. Hoy hace un año y medio que no consume.
El Ministerio de Salud, a cargo de Zulma Ortiz, cuenta con una línea gratuita donde cualquier persona puede pedir orientación sobre adicciones: el 0800-222 5462.
La cartera sanitaria bonaerense cuenta con más de 100 efectores para atender adicciones, 70 son Centros de Prevención y Atención (CPA), 67 son consultorios externos y 6 son centros con internación.
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