
"Hubo un accidente; encontré este celular... Están todos muertos"
Un camionero que llegó al lugar fue quien avisó; el dolor de los familiares de las víctimas
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LAS FLORES.- El celular quedó sobre el pasto, junto a la ruta. A cien metros, la escena era desoladora. Había niebla, gritos y seis vehículos retorcidos. Eran las 7.50. El Sol apenas asomaba. Un camionero que tuvo la fortuna de llegar unos segundos después del accidente al km 156 intentó ayudar. Vio el teléfono sobre el césped. Llamó al primer contacto: María Balcedo, hija de Abel, un policía retirado que viajaba con su mujer para visitar la Rural. "Hubo un accidente en la ruta 3. Encontré este celular... En la combi están todos muertos", balbuceó conmocionado.
Así llegó la noticia a Laprida, un pueblo de 10.000 habitantes, que ayer sintió el azote de la peor tragedia de su historia. Diez de sus hijos murieron en ese accidente y otros tres permanecen internados en estado reservado. "Esta tragedia nos mató a todos", se lamenta diciendo Carlos Gonnet, yerno de una de las víctimas. "Todos eran como hermanos", afirma Marcos Duhau, director de Defensa Civil de Laprida, quien está a cargo de organizar el sepelio colectivo.
Por eso, cuando la peor de las noticias llegó a Laprida, en cuestión de minutos se había diseminado a todo el pueblo. Los vecinos se llamaban entre sí, en un difícil recuento de sus habitantes. "¿Conocés a alguien que estuviera en ese viaje?". Así se enteró la hija de Stella Raya de Liddle. Ella dijo que no, que no conocía a nadie. "Quedate tranquilo", le dijo a su marido. Pero poco más tarde, la llamó su hermana. "Mamá estaba en esa combi", le dijo. La familia se reunió y hasta el mediodía escucharon la radio. Finalmente, apareció la nómina de fallecidos: Stella estaba entre ellos. También sus tíos Daniel de la Torre y Ana Moretti, empleada de la farmacia, que el jueves último se había jubilado.
El viaje se organizó unas semanas atrás. Un grupo de vecinos quería visitar la Rural y Tecnópolis y contrató a la empresa Elite Bus. Stella nunca pensó en ir, pero la noche anterior cenó con su hermana, Ana María Llompart, y la convenció. "Dale, queda un lugar", le dijo. Volvió a casa, preparó sus cosas, y a las 3.20 buscó un remise, con Ana María y Norma de Gadea, para ir a la terminal . Marcelo Bustos y Patricia Sylvestro subieron a la combi. El era el director de Caminos Rurales del municipio y ella, dueña de un cotillón. Tenían dos hijos. Se sentaron en un asiento doble del fondo, cerca del ex policía Abel Balcedo y su mujer, María Britos. El se había retirado de la fuerza hacía un año y ahora, con más tiempo, se habían prometido hacer escapadas como ésta, algo que durante todos estos años no habían podido; tenían siete hijas, cuatro de ellas mellizas. Se habían puesto de novios a los 13 años de ella y, desde entonces, todos los conocían como "los enamorados".
A las 4, Edgardo Jalil, el chofer, pasó lista. Subieron los hermanos Gabriel y Marisel Vara y Federico Rivero, que resultaron los únicos sobrevivientes. Había un problema: sólo 13 de los 14 asientos estaban ocupados: faltaba Ignacio Wilbaun, hijo del dueño de la agencia. Pero el joven trasnochó y se quedó dormido. El viaje, entonces, partió sin él.
Con la colaboración de Evangelina Himitian y Loreley Gaffoglio
LOS BOMBEROS, UN LUGAR DE CONTENCIÓN
El cuartel de bomberos de Laprida fue durante todo el día el recinto que concentró la información, contuvo a gran parte de los familiares y allegados a las víctimas y en las próximas horas recibirá a casi todo el pueblo: allí, al mediodía, se planea despedir con una misa de cuerpo presente a los diez fallecidos si en la morgue de General Belgrano no se demoraba en la entrega de los cuerpos. "Somos un pueblo chico, no tenemos otro lugar capaz de albergar semejante tragedia y tantos féretros", decía a LA NACION, con tono todavía incrédulo, Marcos Duhau, director de Defensa Civil. En Laprida, nunca la congoja fue tanta.



