Incuban yacarés para impedir su extinción
Las crías son devueltas a los bañados
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PARANA.- El yacaré overo asoma sólo sus ojos y sus narinas en el pelo de agua y pasa inadvertido, camuflado entre la vegetación tupida de los bañados del norte entrerriano. Esa manera, y la costumbre de hacer un bocado con lo que venga, le permitió adueñarse de las aguas quietas desde hace millones de años aquí. ¿Cómo se explica, entonces, que hoy esté al borde de la extinción?
La crónicas de los conquistadores les crearon la peor fama a estos caimanes. Luego los cazaron en masa y los cuerearon para lucir su piel en cintos, carteras, zapatos y monederos, hasta dejarlos al borde del exterminio.
Por razones que se desconocen, las cosas cambiaron y, en este mismo instante los argentinos incuban cientos de huevos de yacarés para devolver las crías a los bañados. Algunos buscan, de paso, el aprovechamiento industrial.
El Caimán latirostris, tal el nombre que la ciencia le da a nuestro yacaré ñato,volvió a asomarse en los últimos años en lugares donde figuraba como desaparecido, pero sigue en el listado de especies en riesgo extremo de extinción en el catálogo de la Comisión Internacional de Tráfico de Especies de la Fauna Silvestre (Cites).
La paulatina recuperación de la especie es alentada por el sistema de rancheo desarrollado en Santa Fe y Entre Ríos, que consiste en recolectar huevos en los nidos, incubarlos, criar los pichones y devolverlos a su hábitat a los 9 meses. La exitosa práctica lleva ya varios años.
150 huevos en incubadora
"Nuestro aporte vale, porque todos los pichones que nacen vuelven a su lugar, pero no desconocemos que la baja en los precios provocada por las restricciones internacionales al traslado del cuero desalentó la caza", explicó a La Nación Miguel Boroni, encargado del programa de repoblación en la Dirección de Pesca y Recursos Naturales de la provincia.
En esa repartición, instalada en la calle Larramendi de Paraná, La Nación ingresó en la sala de incubación, una pequeña habitación con 5 cajones de madera que esconden 150 huevos de color blanco sucio, ovales, más grandes que los de gallina.
Allí están, a 31 grados de temperatura y 98% de humedad. En cualquier momento, empezará a romper las cáscaras una nueva camada de yacarecitos de casi 20 centímetros y 40 gramos cada uno. El material vegetal que los cubre es el mismo extraído de los nidos.
Así, en los piletones de cría, con calefacción, lejos de los predadores y fortalecidos con alimentos balanceados, volverán a las lagunas en noviembre para adaptarse -antes del nuevo invierno- a una vida salvaje que nunca perderán.
La preservación encarada es parte de un plan nacional para el uso sustentable de la especie, aunque por ahora aquí sólo se ocupan de la repoblación. "Trabajamos para asegurar la supervivencia y liberamos todos los ejemplares; no hemos avanzado en el aprovechamiento comercial", indicó el ingeniero Esteban Puntín, director del área. Aprovecharlos significa la posterior faena y el aprovechamiento del cuero, la carne y la grasa.
El reptil que aprendió a sobrevivir
PARANA.- En los humedales y las lagunas de Corrientes, Chaco y el norte de Santa Fe y Entre Ríos, el yacaré overo se desarrolla a sus anchas. Y aunque la tala indiscriminada de los montes del espinal -que en esta provincia llegó a ascender a unas 20.000 hectáreas anuales- hizo retroceder a las especies nativas, con este reptil se dio una paradoja, porque el cultivo del arroz obligó a construir más embalses y tajamares, que constituyen el ámbito propicio para las nidadas.
Aunque está muy adaptado al medio, la debilidad del overo radica en su reproducción, ya que los huevos y los pichones están expuestos a los predadores. A eso se suma la cualidad estética de su piel, tan codiciada por el hombre. Las marroquinerías lo persiguieron por las características de su cuero, fácil de curtir, lo que lo diferencia del yacaré negro, que habita más al Norte y que cuando alcanza cierto tamaño forma placas óseas bajo la piel que dificultan el trabajo de las curtiembres.
A pesar de todo, logró sobrevivir porque come lo que el medio le ofrece: ranas, pichones de pato, caracoles, palometas o carroña. Por fortuna, el overo es un animal oportunista.




