El dolor de los Bulacio, la familia que perdió a su padre en la misa ricotera
Sus hijos se enteraron por televisión de la trágica noticia, un día después del desbordado recital del Indio Solari en Olavarría
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Las coincidencias no existen. Es por eso que el hecho de que Juan Francisco Bulacio, la segunda víctima del recital del Indio Solari en Olavarria, llevara el mismo apellido que Walter, el adolescente que murió a manos de la Policía en 1991 cuando iba camino a un recital de Patricio Rey y los Redonditos de Ricota, hace que la misma herida duela dos veces.
Juan Francisco vivía en Garín y tenía cuatro hijos y una nieta, Mia, de tres años. Como era fanático de los "Redonditos", no era la primera vez que a causa de su apellido lo emparentaban con aquel adolescente que se volvió una parte del mito de la devoción ricotera. Como un puente fantástico, el apellido ya había unido los destinos de ambos jóvenes. Según cuentan sus amigos, Juan o "el Colo", como le decían, solía bromear con que se iba a hacer famoso por su muerte, "como Walter", bromeaba.
Lejos estaba de imaginar que estaba prediciendo su final.
Juan era de esos seguidores que recorren todo el país para escuchar a su banda favorita. Camila, su hija de 18 años, cuenta que apenas se enteró del recital, puso en su estado de WhatsApp una foto del Indio Solari. Hacía dos años había ido a Tandil y esta vez no se lo quería perder. Su papá y sus hermanos iban a ir también. Pero no quedó lugar para él en el auto. Entonces organizó con cuatro compañeros de la metalúrgica en la que trabajaba, para ir juntos. El viernes, antes de ir al trabajo, fue a su casa, en un barrio obrero de Garín, y se despidió con un beso de Bautista, de 8 años, de Tiago, de 10 y de Luca, de 12. También saludó a sus chicas, a Camila, a la pequeña Mia y a Mariana, la mujer con la que compartió su vida durante 20 años. Ella lo saludó a desgano. No quería que viajara, porque se iba a perder el cumple de 3 de su nieta. Pero viajó igual. Se fueron en ómnibus. Su teléfono no tenía crédito, por eso la familia no esperaba tener llamadas suyas pronto.
Pero cuando llegaron las noticias de los incidentes se asustaron. Intentaron llamarlo, pero no tuvieron éxito. Los hermanos volvieron de Olavarría sin saber nada de él, lo mismo que sus compañeros, que perdieron el colectivo de vuelta y que no se volvieron a ver hasta ayer. Uno de ellos, la familia no sabe por qué, se quedó con el documento y con el celular de Bulacio.
La noticia de la muerte llegó de la peor manera. Camila estaba en la cama y escuchó que alguien le decía a su hermanito que pusiera Crónica TV. Saltó de la cama y se paró frente a la tele. Y entonces lo escuchó. Dijeron el nombre de su papá y ella creyó entender que estaba herido, que había aparecido. "¿Entonces está muerto? Dijeron que papá está muerto", gritaba Tiago. Camila temblaba. Los tres chicos salieron corriendo cuatro cuadras para avisarle a la mamá, que había ido a lo de una vecina para que mandara una foto de su marido a los medios. Le dieron la noticia y Mariana entró en shock. Salió a la calle, se abrazó a un árbol y empezó a gritar. "No, mi amor. No podés ser vos".
Ayer, en Garín, el ambiente era desolador. Familiares, vecinos y amigos, todos reunidos en la casa de los padres y de los Bulacio. Camila buscaba en Internet y se contactaba con gente para poder entender cómo murió su papá. "Le escribí a alguien que publicó que vio como una persona había caído al piso y entre 20 no lo pudieron ayudar a pararse. Dice que vio que lo miraba desde el piso con mirada de cordero, suplicando que lo ayudaran. Pero que no pudieron sacarlo y le pasaron por encima. Aunque me duela, necesito saber si ese era mi papá", dice Camila.
Ayer a las 18, los hermanos de Bulacio llegaron a Olavarría para reconocer el cuerpo. Según se decía en el barrio, lo encontraron tan desfigurado que fue muy difícil saber que era él. La Policía ya lo había identificado por la huella dactilar.
En la casa de los Bulacio, los amigos y familiares montaban guardia para esperar que llegara la ambulancia que traería el cuerpo de Juan Francisco.

El otro Bulacio
La muerte de un joven de apellido Bulacio en un recital del Indio Solari es una herida que duele dos veces. Aunque no tienen relación de parentesco,la noticia también golpeó a la familia de Walter, que hoy tendría siete años más que Juan Francisco: 43 años contra 36.
"Es muy fuerte que sobre 300 mil personas que hubo, justo una de las dos víctimas fatales se llame Bulacio. A nosotros nos pega. Pero dijimos que no es familiar y no tiene que ver", dijo María del Carmen Verdú, abogada de la familia de Walter. "La coincidencia es de un simbolismo macabro", apuntó. Lorena, la hermana menor de Walter, que entonces tenía 14 años y que sufrió el deterioro familiar que significó el reclamar justicia durante muchos años por su hermano mayor, también estuvo en el recital de Olavarría, contó la abogada, aunque ella y sus amigos pudieron salir sin inconvenientes.
La vida de la familia de Walter no fue sencilla. En los años siguientes, los padres tomaron caminos separados. El fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que obligó al Estado argentino a indemnizar a los Bulacio, en 2003, consigna que la "familia se derrumbó". Varios tíos fallecieron en los años siguientes y el padre, Víctor, se volvió depresivo, perdió el trabajo, tuvo dos hijos a los que no reconoció hasta varios años después y a los que no crío. Sufrió dos paros cardíacos y murió durante una operación. Lorena, según consignó el fallo, tuvo graves problemas de salud.






