
Insiste la UBA en jubilar a los mayores de 65 años
Shuberoff dijo que no modificará el estatuto universitario.
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A pesar de los recursos de amparo presentados ayer por varios docentes universitarios que no quieren dejar su cargo, la Universidad de Buenos Aires (UBA) continúa firme en su postura de jubilar a los profesores mayores de 65 años, tal como lo establece el artículo 51 del Estatuto.
Así lo confirmó ayer el rector de la UBA, Oscar Shuberoff, quien al mismo tiempo negó haber dicho que esa casa de estudios daría marcha atrás con la obligación estatutaria, vigente desde 1958, de cesantear a los docentes mayores de 65 años.
"Aunque el tema me preocupa mucho, ni yo ni el Consejo Superior de la UBA podemos modificar lo que establece el Estatuto Universitario. Habría que convocar a una asamblea universitaria, pero no me parece prudente ni necesario", dijo Shuberoff a La Nación .
Quienes sí creen que es necesario, y además justo modificar el Estatuto universitario, son los profesores de la Facultad de Ciencias Sociales que presentaron ayer dos recursos de amparo en Tribunales, luego de haber sido jubilados obligatoriamente.
Aunque el decano de esa sede académica, Fortunato Mallimaci, calificó de "infundadas" las acusaciones de discriminación formuladas por los profesores, y prometió que la facultad propondrá el nombramiento de los once docentes jubilados como eméritos, consultos o contratados, los profesores afectados pasaron a la acción.
Juan Carlos Marin, Jorge Jaroslavsky Dickman y Rubén Dri, patrocinados por el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi), argumentaron que la norma que los obliga a jubilarse es "inconstitucional" y constituye "una arbitrariedad irrazonable" y un "exceso legal manifiesto".
Como fundamento de los recursos de amparo se señala que la norma estatutaria "lesiona la garantía de estabilidad, ataca el principio de igualdad y contraría el artículo 43 de la Constitución, que se opone a toda forma de discriminación".
Derecho, entre las afectadas
La Facultad de Ciencias Sociales no es la única en conflicto. En Derecho, la cátedra de Teoría del Estado constituye un ejemplo paradigmático del problema: de los nueve concursantes para profesor titular en esa materia fueron elegidos cuatro, en este orden: Mariano Grondona, Horacio Sanguinetti, Tulio Ortiz y Arturo Pellet Lastra. De esos cuatro, tres -Ortiz, Pellet Lastra y Grondona-, deberán abandonar la facultad y jubilarse por haber cumplido los 65 años.
"El artículo 51 del Estatuto está en pugna con el artículo 14 bis de la Constitución, que establece la jubilación como un derecho. Esa cláusula universitaria termina convirtiendo un derecho en una obligación", protestó Pellet Lastra a La Nación .
"Casualmente -agregó-, los cinco que no fueron seleccionados eran más jóvenes que nosotros."
Incentivos para contratar
Para aplacar los ánimos, pero sin dar marcha atrás en su intención de mantener la norma, Shuberoff anticipó que el mes próximo propondrá al Consejo Superior de la UBA, que él preside, la creación de un programa de incentivos para que las facultades puedan retener a docentes mayores de 65 años.
"Queremos conciliar la necesaria renovación de los planteles académicos con el reconocimiento del mérito de los docentes mayores de 65 años más brillantes", explicó. Aunque no quiso abundar en detalles, Shuberoff admitió que la UBA podría destinar una partida de su presupuesto para motivar a las facultades a contratar a los docentes jubilados.
Cuando un docente debe jubilarse, en cumplimiento del artículo 51 del Estatuto universitario, son tres las opciones que le quedan para seguir en actividad: puede ser nombrado profesor emérito (un honor al que acceden muy pocos, ya que necesitan obtener la aprobación por unanimidad del Consejo Superior), consulto, o contratado por un período limitado.
En promedio, pasan de cobrar 1700 pesos (como profesores titulares con dedicación exclusiva) a 200 pesos. Actualmente hay en la UBA 288 profesores eméritos y consultos, y 409 contratados. Para Shuberoff, el trauma de la jubilación obligatoria se resuelve con el mérito académico: "Tengo 55 años. Y si me dan el olivo a los 65 años será porque no soy mejor que un joven de 25. Si soy brillante seguramente me permitirán seguir".
El criterio de "brillantez", sin embargo, no parece ser muy objetivo. Por lo menos, así lo consideró Rubén Dri: "Shuberoff dice que hay que seleccionar a los viejos brillantes, pero a mí me gustaría saber cuál es el criterio de brillantez y cuál es el tribunal que va a decidir quién merece el cargo", dijo a La Nación .
Grondona, afectado
Mariano Grondona, de 66 años, docente en la Universidad de Buenos Aires desde 1964, también tuvo que jubilarse a fin del último año, según lo establece el Estatuto de la UBA.
Tres meses antes, la Facultad de Derecho lo había reelegido, por concurso, por otros siete años en el cargo de titular de la cátedra de Teoría del Estado, pero se tuvo que ir.
Aunque personalmente siente que su carrera académica "no está muerta" -ahora es profesor y director del departamento de Ciencia Política de la Universidad del CEMA-, Grondona considera que el artículo 51 del Estatuto Universitario es "un disparate".
"La calidad intelectual no es como la calidad física, de un deportista. Para muchos académicos, la edad de jubilarse coincide con el momento en que están en su plenitud intelectual", opinó el conductor de "Hora Clave".
Como solución, Grondona propone que se jubile a los docentes a la misma edad que a los obispos, a los 75 años (la Universidad Católica Argentina tiene este tope) o, mejor aún, que el retiro sea voluntario.






