
Irina pasará la Navidad con su nueva familia
La pareja que la cobijó ya tiene cuatro hijos, una adoptada
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Irina va a pasar su primera Navidad en familia. La beba de un año y medio que nació con un severo daño neurológico y fue abandonada por su madre, en la puerta de una iglesia porteña, vive desde el viernes último con sus nuevos padres. Esta vez, la Justicia funcionó.
Hace dos meses, La Nación publicó que el juez en lo civil Lucas Aón buscaba un matrimonio o una persona dispuestos a brindar a Irina cuidados, paciencia y mucho amor. Lo encontró.
Los padres -cuyos datos no se difunden a pedido del juez- fueron elegidos entre 140 familias del país que respondieron a la convocatoria y quedaron inscriptas para otras búsquedas en el Centro Integral Prohijar.
La mamá y el papá de Irina no aprenderán con ella a cambiar pañales y calentar mamaderas. Son experimentados: tienen tres hijos biológicos -dos varones y una nena- y una adoptiva, que cuando llegó a su hogar también tenía problemas de salud y está en recuperación. Viven a 600 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires y siempre quisieron tener una hija con ese nombre.
"Estamos muy felices por la respuesta de la gente y muy agradecidos por la ayuda de La Nación . Es una alegría muy grande saber que Irina tiene su propia familia", contó el juez Aón, notablemente emocionado.
Un derecho de todos
Según la Convención de los Derechos del Niño, incorporada a la Constitución Nacional, todo niño tiene derecho a crecer en el seno de una familia. Sin embargo, cuando ya no son bebes, o son grupos de hermanos, tienen sida, padecen síndrome de Down o alguna otra enfermedad, no es fácil encontrar a alguien que los quiera recibir con amor.
Irina tiene dificultades para alimentarse y presenta un retraso madurativo, pero sonríe cuando la tienen en brazos, la acarician o escucha música y voces.
De la madre o de la familia biológica de la niña nunca se supo nada. La beba apareció una mañana en la iglesia de Nueva Pompeya, bien abrigada y con una carta en la que se detallaban los cuidados que necesita.
Irina vivió con Carmen, un ama de cuidados preferenciales del Consejo del Menor y la Familia, que el viernes último se despidió de ella.
"Yo siempre digo que no hay hijos no queridos, sino padres no encontrados. Este caso lo confirma. Irina crecerá en una familia, gracias al esfuerzo comunitario. Todos hicimos algo para que esto sucediera: el juez decidió que Irina tenía derecho a tener una familia aun cuando su futuro fuera incierto. Prohijar se encargó de la búsqueda; los medios difundieron la convocatoria y la gente respondió con muchísimo entusiasmo", dijo a La Nación Sandra de los Angeles Juárez, directora del centro de adopción que hace un año creó el primer registro de familias especiales.
Milagros, Judith, Vladimir, Soledad, María Angélica, Javier, Lucas, Víctor y Gabriel esperan tener la misma posibilidad que Irina. También quieren una familia.
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