Ciclón extratropical: “pérdidas totales y millonarias”, un balneario restaurado hace pocos meses quedó arrasado
Monte Hermoso fue la playa bonaerense más afectada por el temporal que se desató con fuerza ayer; preocupación en Quequén y restricciones para acercarse a la costa en Mar del Plata
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MAR DEL PLATA.- Las tablas que componían una rambla de madera que se extendía a lo largo de más de dos kilómetros de frente de playa céntrico iban de aquí para allá y se apilaban, como en un juego de palillos chinos, al ritmo del mar que fue más allá de la arena y convirtió en una suerte de río la avenida Costanera y varias de las calles que derivan en ella. “El agua se las llevaba como papelitos”, cuenta a LA NACION el secretario de Seguridad de Monte Hermoso, Fernando Vera, sorprendido y dolido por la destrucción que dejó en esta localidad balnearia un temporal inédito que combinó lluvias, vientos de casi 100 kilómetros por hora y una marejada violenta y excepcional.
Tan potente fue que además se llevó la estructura de servicios de varios de los principales balnearios que en ese sector funcionan durante el verano y dejó dañados y fuera de funcionamiento a los pocos locales, que, en estos tiempos de temporada baja, mantienen actividad con propuestas de gastronomía. En el municipio ya anticipan “pérdidas totales y millonarias”, en su mayoría de infraestructura pública.
Este período de ciclogénesis que sacude a la costa atlántica desde el pasado jueves castigó con mayor fuerza al frente marítimo que se extiende desde Monte Hermoso hasta Necochea, que por geografía de ese extremo de la provincia de Buenos Aires recibió de frente las sostenidas ráfagas que soplaron con furia desde el sur y sudoeste. Las olas, se asegura, alcanzaron máximos de siete y hasta ocho metros de altura.
A partir de Mar del Plata y hacia el norte, con costas que enfrentan al este, el impacto fue algo menor. Aun así se vivieron algunas circunstancias de zozobra por una importante pleamar que ganó terreno sobre las playas y que con la fuerza de las olas, a los golpes contra los murallones de contención, llegó a bañar e incluso romper algunos sectores de paseos costaneros que conviven a pocos metros del mar.
“Debimos tomar recaudos y cerrar el paso no solo a los autos sino a la gente porque la situación es muy peligrosa”, explicó a LA NACION el titular de Defensa Civil en el partido de General Pueyrredon, Alfredo Rodríguez. Refiere al Paseo Dávila, que se extiende entre Punta Iglesias y La Perla y tiene su pavimento bañado a repetición por la cortina de agua que llega con cada ola, luego de golpear contra las defensas de piedra que acompañan y protegen el sector.
Advertencias
El fenómeno meteorológico llegó cargado de advertencias previas. Hubo alertas amarilla y naranja del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), pero poco se pudo hacer para evitar estas secuelas, dramáticas en particular para el caso de Monte Hermoso porque arrasó con buena parte de su principal postal. Caracterizado por sus aguas templadas y playas de suave declive, a menos de una hora de viaje desde Bahía Blanca, el balneario vivió entre este viernes y sábado sus peores horas a manos del mar y los vientos.
La rambla de madera que acompañaba el frente de balnearios céntrico se terminó de construir y acondicionar para esta última temporada. “El mar rompió y se llevó más de 2.000 metros de esa pasarela y avanzó casi 150 metros hacia la calle, sobre las propiedades más próximas a esas playas”, explicó Vera, que destacó el trabajo que se hizo durante la madrugada con Defensa Civil, Bomberos, Guardia Urbana, personal municipal y cooperativa eléctrica para evitar peores consecuencias. No hubo personas lesionadas ni necesidad de evacuar afectados.
El temporal expresó su peor versión desde la noche del viernes, durante toda la madrugada e incluso hasta poco después del mediodía de este sábado, cuando se dio la segunda pleamar. El viento, recuerda Vera, sopló fuerte y de corrido durante casi 48 horas. Las olas allí no eran tan altas, pero sí repetidas y potentes, lo suficiente para derribar todo lo que encontró en pie que no fuera cemento. Aunque algunas losas sobre la costa sufrieron fracturas y desprendimientos.
Con las últimas luces del sábado se esperaba por esas playas que el mar retroceda lo suficiente como para terminar de relevar las pérdidas que, arriesgaron, serían casi totales en ese sector de unidades de servicio. Sobre todo lo que era construcción sustentable, en madera y sobre pilotes, que incluían servicios de balnearios y los mangrullos de guardavidas. “A la costanera se la llevó el mar”, lamentó el intendente de Monte Hermoso, Hernán Arranz.

A lo largo del frente costero de Necochea se advirtió el otro foco de daños importantes que dejó este temporal. También allí con efectos de vientos y olas poderosas, en este caso también en volumen y altura. Golpearon lo suficiente como, por ejemplo, provocar la caída de una de las estructuras que componía la propuesta de playa del balneario Kabryl, a la altura de avenida 2 y 117.
Quequén, donde LA NACION advirtió hace algunas semanas la delicada situación de propiedades al filo de acantilados y condicionadas por la erosión que provoca el mar, mostró como particularidad sus arenas cubiertas por una abundante espuma provocada por la acción frenética del mar en interacción con algunos restos de algas.

Según explicaciones del Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (Inidep), esa emulsión se forma por agitación de las olas en combinación con el aire y compuestos orgánicos, que serían microalgas, que disueltos en el mar actúan como tensioactivos o detergentes. La imagen, a distancia, era propia de una superficie nevada. “Nunca visto algo igual”, se escuchaba, repetido entre residentes que arrimaron a espiar el particular escenario.
Los vecinos que viven o se mueven al norte de la desembocadura del río Quequén, zona conocida como Bahía de los Vientos, vieron cómo las olas chocaban duro sobre las defensas de piedra y bañaban las casas que allí se encuentran en primerísima línea de mar. Allí no hubo daños materiales, pero saben que cada sudestada es un paso más que el océano le gana a la tierra firme. Preocupa y mucho, mientras esperan por obras de defensa y recuperación de superficie de playa.

Aquí también las autoridades municipales tomaron recaudos y cerraron accesos al parador Kabryl y también en los caminos que llevan, algo más al norte, al paraje Costa Bonita, donde el camino para llegar acompaña en cercanía el filo de los acantilados.
Inquietud sostenida
Ese tipo de complicaciones también se advirtieron al sur de Mar del Plata, donde el daño fue más importante, con afectación a algunas casillas de guardavidas y estructuras de balnearios de menor magnitud, en playas pequeñas, entre el faro y Chapadmalal. Se acusaron pérdidas de rampas, algunas barreras de protección y decks que se encontraban en altura.
Hacia el centro de la ciudad el panorama fue de inquietud sostenida, preocupación, pero sin mayores sobresaltos. Quizás una imagen que reflejaba una marejada mucho más frágil que otras ya vividas por aquí fue la presencia de algunos pocos surfistas, que a pesar del mar batido y desprolijo incursionaron en busca de una ola distinta en un contexto muy especial para estas playas.
Más que sobre la costa, la capacidad de daño de este temporal se percibió mucho más tierra adentro. Por ejemplo, en el Bosque Peralta Ramos, donde cayeron varios árboles y provocaron inconvenientes ya que bloquearon algunas calles de esa reserva forestal, al sur de la ciudad.
Las autoridades municipales han requerido que se mantenga la precaución para circular al aire libre, ya que el pronóstico mantenía durante toda la tarde del sábado la presencia de vientos fuertes combinados con chaparrones. Y, según se resolvió, se iba a mantener el corte de los paseos costaneros más próximos al mar para evitar situaciones de riesgo. Lo mismo se hizo en las escolleras, que se pretendieron despejadas frente a olas que llegaban con energía y podían provocar alguna tragedia entre curiosos y cazadores de selfies.
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