
La abadía del mejor pan dulce
Desde hace 15 años, las monjas benedictinas de Santa Escolástica, en San Fernando, elaboran los más ricos productos navideños; el secreto de la fama ganada
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Es uno de los mejores secretos guardados, como el de la fórmula de la gaseosa más conocida, pero más local y para muchos, más rico. Con una tradición de varios años y una paciencia divina, las monjas benedictinas de la Abadía Santa Escolástica de San Fernando, elaboran uno de los mejores pan dulce en la Argentina, cuya receta e ingredientes sólo Dios y ellas conocen.
Todo ocurre en Punta Chica, partido de San Fernando, donde se encuentra la Abadía de Santa Escolástica; allí, 36 laboriosas monjas benedictinas trabajan y oran todos los días como forma de ganarse la vida.
"Somos 36 monjas contemplativas, que vivimos una vida de servicio, trabajo y oración. Todos los días nos levantamos a las 4.30 de la madrugada para estar a las 5 en la primera oración del día. Luego, ingresamos al taller de 9 a 12 y luego del almuerzo y un pequeño descanso, volvemos a los talleres de 15 a 17.30, para luego volver a la oración hasta las 20", comentó a LA NACION la hermana M, que no quiso dar su nombre para no pecar de vanidad.
Inicio de la historia
Todo comenzó con grupo de jóvenes argentinas, deseosas de abrazar la vida monástica benedictina que todavía no se había implantado en el país en su rama femenina, que partió el 25 de abril de 1939 a la Abadía de Santa María, en San Pablo, Brasil.
Allí iniciaron su vida monástica y su formación, mientras en Buenos Aires, Punta Chica, comenzaba la construcción del edificio del Monasterio, que sería inaugurado en 1941 gracias a la generosidad de muchas personas y al tenaz esfuerzo del P. Andrés Azcárate, prior de los monjes benedictinos de San Benito de Buenos Aires y promotor de la fundación.

Con el lema ora et labora -oración y trabajo-, que son los pilares de su vida monástica, ellas se entregan todos los días a su vida de alabanza y oración a Dios, y al trabajo en sus formas más variadas.
"El monje debe vivir del trabajo de sus manos, decía San Benito. Es un medio de dignidad, de ganarse el pan, de solidarizarse con los pobres", agregó la hermana, que pertenece a la Abadía Santa Escolástica desde hace 35 años.
Además de las actividades de liturgia y charlas, las monjas se han dedicado siempre al trabajo en distintos talleres: de ornamentos (donde confeccionan estolas, mitras y casullas para los sacerdotes), de encuadernación e imprenta (donde hacen estampas, recordatorios, participaciones de casamiento), de arte (realizan íconos y cuadros), de ostias (elaboración para misas) y el más reconocido en los últimos años: el de repostería.
Taller repostero

Desde hace 15 años, esta actividad las erigió como una de las referentes en el sector culinario por su bien ganada fama de excelente repostería artesanal, que comenzó de una forma modesta y en la actualidad goza de mucha aceptación y prestigio, a tal punto que tuvieron que abrir un nuevo local en el centro porteño (en pasaje Libertad) porque en el convento no daban abasto.
Primero comenzaron con la elaboración del ya célebre pan dulce de la Abadía, y luego fueron incorporando nuevos productos, como la variedad de alfajores, galletitas, mazapanes y turrones (de almendras y avellanas, de almendras y miel, de maní y de yema con diferentes frutas), las ciruelas rellenas con dulce de leche bañadas en chocolate belga, el Panforte di Siena o las tortas inglesas y galesas.
La novedad que presentan ahora es el pan dulce helado, que aseguran que "no se puede dejar de probar". Las monjas benedictinas respetan las recetas tradicionales para elaborar sus delicias, pero en algunos casos usan recetas propias.

En la Abadía de Santa Escolástica la repostería artesanal se hace sin maquinarias y en pequeñas cantidades. Es decir, cada receta se elabora por una 10 monjas en tandas; no se usan esencias artificiales ni conservantes.
"El taller de repostería se divide en chocolatería y masa. Se trabaja con chocolate belga y nacional. Hoy, gracias a Dios, tenemos mucha aceptación de los productos. Y su venta nos ayuda a vivir y a ayudar. Vivimos del trabajo de nuestras manos. No recibimos dinero del Estado. Y con lo recaudado por la venta de los productos, ayudamos a la gente necesitada y también hacemos obras de caridad", comentó la monja.
- Las monjas venden su productos en el local de la Abadía de Santa Escolástica, que queda en Martín Rodríguez 547, Victoria, San Fernando, y también en la sucursal del Pasaje Libertad (Libertad 1240 P.B. local 19, Ciudad de Buenos Aires).
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