
La Argentina, paraíso de los piratas
Ayer dos especialistas ingleses recorrieron comercios y dijeron que es el peor país que visitaron.
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Roger Bennett y Terry Anslow no lo pueden creer. Vinieron de Inglaterra y recorrieron unos metros de la avenida Santa Fe a la altura de Callao. Se metieron en algunos negocios que venden programas de computación y comprobaron con sus propios ojos lo que dicen las estadísticas: en la Argentina, más del 90% del software recreativo (de juegos y educativos, por ejemplo) es ilegal, está falsificado.
Bennett y Anslow saben muy bien cómo reconocerlos. Ambos pertenecen a The European Leisure Software Publisher Association (en criollo, algo así como una cámara que agrupa a las empresas de programas recreativos de computación), que cuenta con el suficiente poder como para investigar, denunciar y llevar a la cárcel a quienes piratean software.
Bennett, que fuma pipa, es el director general. Anslow, que hasta hace unos años perteneció a la legendaria Scotland Yard, es el jefe de los investigadores. Los dos visitan el país acompañados por gente de la Cámara del Software Digital Interactivo, de la Argentina (Casdi), y recibieron a La Nación en la embajada británica.
Todo falso
"El software pirata llega aquí bajo dos modalidades -explicó Edmundo Goldín, presidente de la Casdi-. Por un lado existen plantas de producción industrial que son clandestinas. Se copia el programa y se falsifican las cajas y los paquetes. Sabemos que mucho de ese software viene de países asiáticos como Malasia y Taiwan e ingresa de contrabando, pero es probable que aquí también se produzca. Por otro lado, están los comercios donde, por unos pocos pesos, se ofrecen copias de los programas. En este último caso, la producción de software falso es más artesanal, pero la insidencia para la industria local es igualmente negativa."
En el caso de las Play Station, máquinas que, a diferencia de las computadoras, sirven sólo para jugar y los programas se cargan mediante cartuchos, la situación parece más grave aún.
Lo explicó Luis Vittori, secretario de la Casdi: "Esos cartuchos de juegos se consiguen en la vía pública o en otros comercios a 8 o 10 pesos. Pero el mismo producto en el exterior no se podría comprar por menos de 60 dólares. Traídos al país, entonces, costarían no menos de 100 dólares.Eso es porque la mayoría son falsificados e ingresan en la Argentina por una aduana paralela, con las cajitas y las carátulas también falsificadas, que los hacen lucir como originales. Para colmo, prácticamente el ciento por ciento de las máquinas está adulterado para que puedan funcionar con esos cartuchos falsificados. Nosotros mismos tuvimos que comprar una en el exterior para que la gendarmería y los jueces pudieran utilizarlas para comparar".
Para la gente del Casdi, el peor problema es la falta de voluntad política para resolver las cosas y las enormes trabas judiciales que tienen que sortear los procesos desde que se hace la denuncia.
A la cárcel en dos semanas
"La ley de protección existe desde noviembre de 1998 y prevé de tres meses a seis años de cárcel para los falsificadores -continuó Vittori-. En poco más de un año se efectuaron 120 denuncias, que desencadenaron unos 70 allanamientos. Se secuestraron alrededor de 80.000 unidades falsificadas (CD, cartuchos de Play Station), pero la metodología judicial es del siglo XIX. Hay que verificar unidad por unidad para que se conviertan en pruebas, lo cual puede demorar el proceso más de un año... tiempo que favorece a los falsificadores."
En Inglaterra, en cambio, las cosas son bastante diferentes.
Anslow contó: "Anteayer, por ejemplo, la gente que trabaja conmigo arrestó a diez personas en una investigación y secuestró 8000 CD falsos. Esas personas serán enjuiciadas desde pasado mañana. En dos semanas el caso estará terminado: tendrán que pagar una multa o irán a la cárcel", explicó Anslow, quien, además, comentó que en el 80% de los casos, quienes delinquen en software tienen conexiones con traficantes de pornografía, de drogas y de armas. "Estoy seguro de que si se investigara en la Argentina, se encontrarían con sorpresas parecidas", agregó.
"Nuestra industria, en la Argentina, duplica, ensambla y adapta los programas al castellano -explicó Goldín-. Lamentablemente, no nos podemos dedicar al desarrollo de software porque con tanta falsificación y falta de controles no venderíamos nada. Y por como están las cosas, ya nos cuesta bastante mantenernos en la distribución."
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