
La Boca cambia la cara de sus conventillos sin perder su espíritu
Fue inaugurada la primera casona remodelada, donde se mudarán 15 familias.
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Una tapia separa el verde rabioso del amarillo pastel. Las chapas no logran, ni lo intentan, esconder las paupérrimas habitaciones frente a los ladrillos que prometen unírseles por detrás del muro de madera. Lo que son y lo que serán en tierra de guapos y bravura. Los emblemáticos conventillos de La Boca cambian su fisonomía, pero ese halo pintoresco que signó su carácter permanece intacto.
La pared instalada en Puerto de Palos 460 divide la edificación en dos mundos. Uno todavía se mantiene destartalado; el otro muestra el primer conventillo remodelado de La Boca, inaugurado en la mañana de ayer por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
Es la pionera de 17 casonas que serán recicladas y hechas a nuevo por la Comisión Municipal de la Vivienda para albergar a cientos de boquenses que hoy viven en conventillos venidos abajo. Los vecinos podrán comprarlos con créditos de 300 cuotas que no superan el 20 por ciento de sus ingresos familiares. Los pagos serán de 150, 250 y 350 pesos, para uno, dos y tres dormitorios.
Los 15 departamentos entregados ayer conservan la intimidad de los patios interiores, los balcones que invitan al continuo parloteo, el entrevero de acentos puesto al descubierto en sus pasillos, las escaleras exteriores y los alegres colores que caracterizan a las fachadas de la ribera xeneize.
Una vez que los habitantes de ese conventillo divido para su remodelación abandonen el viejo sector para mudarse a los modernos departamentos distribuidos en dos plantas, comenzará la construcción de la otra mitad, donde vivirán otras 15 familias. Cada bloque tendrá seis cocheras, estarán unidos por jardín y un puente permitirá pasar de una planta alta a la otra. El acto de inauguración estuvo a cargo del vicejefe del gobierno porteño, Enrique Olivera; del secretario de Planeamiento Urbano, Enrique García Espil y del subsecretario de la Comisión Municipal de la Vivienda, Oscar Bouzo.
La casona de 2500 metros cuadrados, explicaron los funcionarios, estaba al borde del derrumbe y la remodelación era una tarea imposible de emprender para los vecinos.
Nilda Romero de Ramírez recibió ayer las llaves del 1º H de un conventillo "cinco estrellas". La ansiedad la llevó a embalar sus cosas hace seis meses. No veía la hora de abandonar el cuarto que ocupaba en otra casona de Suárez 481, también en La Boca, donde su marido, Juan de la Cruz, construyó un entrepiso para que durmieran sus hijos Iván (9) y Lorena (17).
"Estoy desesperada por mudarme. Arreglamos la piecita donde estamos ahora y pintamos las paredes, pero la humedad tiró abajo todo el trabajo. Todavía no puedo creer que voy a vivir acá", explicó ayer sin poder dejar de mirar maravillada su nuevo departamento.
Otros emprendimientos
Estos nuevos conventillos no serán la única alternativa que el plan de revitalización encarado por el gobierno porteño contempla para que los boquenses y más vecinos de otras zonas con problemas habitacionales, como Barracas o San Telmo, accedan a una vivienda.
"Estamos terminando siete torres con 460 departamentos en Iraola y Pi y Margall, en La Boca. Queremos que la gente pueda tener una casa con créditos accesibles", explicó Bouzo.
Susana Lucero sólo tiene que hacer unos pasos para trasladar sus cosas. Es que vive con su hijo de 24 años entre chapas y maderas viejas, bajo techos descascarados y paredes maltratadas por la humedad, con cocinas y baños compartidos y pequeños patios inmunes a las escobas. Es decir, en la otra mitad de Puerto de Palos 460, que comenzará a reconstruirse cuando los vecinos se muden a los nuevos departamentos.
"Estoy fascinada. Nací en este barrio, tengo una casa nueva y no tengo que abandonarlo", comentó la mujer mientras le mostraba a una amiga el baño y la nueva cocina.
Como los demás flamantes propietarios, Susana es una enamorada de La Boca y del Riachuelo, de sus callecitas y la barriada. Está convencida de que la nueva cara de los conventillos mantendrá vivo el espíritu de esos pasillos que huelen a historia, a promesas de una nueva vida y a mezcla de nacionalidades que le dieron a ese barrio porteño el nombre de pasión.
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