La Colección Fortabat, un museo para la ciudad

Alicia de Arteaga
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31 de diciembre de 2008  

A comienzos de 2008 se supo en el círculo íntimo de Amalia Lacroze de Fortabat que la poderosa empresaria le había puesto fecha a la apertura de la Colección Fortabat, como le gusta llamar al museo que alberga su propia pinacoteca. En un gesto de mecenazgo sin precedente, Puerto Madero Este se engalanó con el edificio concebido por Rafael Viñoly, uruguayo formado en la Argentina y autor, entre obras premiadas, del Forum de Tokio.

El edificio, con una vista espléndida al skyline de la ciudad sobre el dique 3, alberga en su interior más de doscientas obras de arte argentino, rioplatense e internacional, precedidas por los retratos familiares entre los que se destaca el de Alfredo Fortabat, fundador del imperio del cemento.

La sala principal, de 90 metros de largo, es única por sus descomunales dimensiones, pero también por la tecnología, que la coloca al nivel de instituciones del Primer Mundo. La apertura fue precedida por un silencio y un manto de discreción. La mujer que en su vida pública, como embajadora itinerante y presidenta del Fondo nacional de las Artes, supo cultivar como pocas el perfil alto y la relación con los medios, prefirió esta vez eludir las cámaras y los reportajes.

Mientras duraron los preparativos para la apertura, ni el más avezado periodista pudo atravesar el cerco de hermetismo que rodeó la selección y catalogación de las obras, hecha por tres destacados especialistas bajo la mirada de la propia Amalita, quien finalmente colgó los cuadros a su manera.

El 20 de octubre recibió a la prensa enfundada en un tailleur turquesa, escoltada por su hija Inés, su nieta Amalita Amoedo y su íntima amiga, la influyente Susan Segal del Council of Americas, con sede en Nueva York.

Fue casualmente en Nueva York donde la señora de Fortabat ganó notoriedad al adquirir, décadas atrás, Julieta y su niñera, un Turner pintado en Venecia que reproduce con luz mortecina una escena doméstica en la terraza de un palazzo veneciano, con vista a la Plaza de San Marco.

Desde que abrió sus puertas, 58 días atrás, el museo fue visitado por más de 25.000 personas que se detienen, como en un ritual sagrado, frente a la pintura de J. M. W. Turner, el cuadro estrella de la colección. Las otras dos pinturas más comentadas son el óleo de Brueghel, E l censo en Belén, elegido como motivo para la tarjeta de fin de año de la nueva institución, y Almuerzo en la chacra, de Antonio Berni, un óleo colosal considerado una de las obras maestras del artista rosarino.

Por su ubicación, la Colección Fortabat coloca a Puerto Madero Este en la mira de quienes nos visitan y suma las artes visuales a la singular oferta gastronómica que ha identificado desde su comienzo al barrio más joven y más seguro de la ciudad. Más del 30% de los visitantes es extranjero y más del 80% completa la visita con una escala en la cafetería regenteada por Carlos Esnal. Aunque la discreción sigue siendo la brújula de la gestión de este nuevo museo, es probable que 2009 sume a la extraordinaria oferta de la colección, que va de los pintores viajeros a los paisajistas postimpresionistas, a los maestros europeos y al arte argentino contemporáneo, una pasión que Amalita acompañó personalmente al compartir, desde octubre, la visita con los artistas cuyas obras se exhiben en el museo.

Con la creación de la Colección Fortabat, la cadena de museos, que arranca en La Boca con la Fundación Proa y culmina en los bosques de Palermo con el Museo Sívori, suma un valioso eslabón, sellado por la generosidad de una mecenas de quilates en un país donde el mecenazgo sigue siendo la excepción.

El futuro de la institución está asegurado a través de la donación realizada por la empresaria a la fundación que lleva su nombre.

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