La comida más importante del día y un aliado del proceso educativo

Esteban Carmuega
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19 de febrero de 2013  

De las cuatro o cinco comidas en las que la mayoría de las culturas distribuyen la ingesta diaria, probablemente el desayuno sea la más variable tanto en su frecuencia como en su composición.

Mientras en algunas culturas el desayuno es la comida principal del día, tanto por los alimentos que lo componen como por su valor social, en otras es apenas un trámite antes de comenzar la jornada.

Desde una perspectiva fisiológica, es la comida más importante del día porque interrumpe el período de ayuno de la noche, tal como queda expresado en la raíz del nombre tanto latino como anglosajón (quebrar o romper el ayuno).

En los niños es más valioso aún, porque al tener un cerebro proporcionalmente más grande que los adultos son más dependientes de la glucosa de los alimentos.

Por ello se ha demostrado que los escolares que desayunan mejoran su capacidad de atención, memoria de corto plazo, fluidez verbal, pruebas matemáticas, desempeño físico; desayunar también favorece la asistencia y la permanencia en la escuela, así como algunos indicadores de rendimiento educativo global.

Sobre todos estos aspectos existe evidencia científica en el mundo y en nuestro país han sido objeto de investigación por el Cesni en las últimas dos décadas.

De allí que muchos pensemos que los programas de desayuno escolar y en las colonias de verano deberían considerarse parte integral de la inversión educativa que contribuye con el objetivo de brindar iguales oportunidades al impedir que los efectos deletéreos del ayuno (más frecuente en los niños de los hogares más vulnerables) puedan interferir con el proceso formativo.

La leche escolar (denominada en sus orígenes copa de leche) es uno de los programas con más historia en nuestro país y que ha sido muy bien reglamentado en su composición por el Programa Nacional de Seguridad Alimentaria.

Es una evidente oportunidad para fortalecer el hábito del consumo de lácteos, que sabemos que es inadecuadamente bajo en más del 80% de los niños a partir de los cinco años de edad, momento en el que la incorporación de calcio es crítica para el desarrollo óseo.

Pero, más allá del aporte de calcio, los desayunos escolares pueden ser una herramienta muy efectiva –con una adecuada fortificación– para la prevención de deficiencias de micronutrientes que, como en el caso del hierro, afectan gran parte de nuestra población infantil y que pueden comprometer el desempeño escolar.

A estos beneficios se suman algunas observaciones recientes que resaltan su posible papel en la prevención de la obesidad. Un estudio colaborativo de la Organización Mundial de la Salud, realizado en niños de 41 países, demostró que los escolares que desayunan tienen un menor riesgo de padecer obesidad. Otras observaciones confirmarían estos hallazgos.

Se ha dicho que el desayuno es la comida más importante del día, y para los niños en edad escolar existen fundamentos para afirmar que además es un importante un aliado del proceso educativo.

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