La Corte se alzó contra el orden natural

Alberto Solanet
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10 de octubre de 2012  

La vida humana comienza en el preciso instante de la concepción, ya sea que se haya producido en el seno materno, en forma natural, o en el laboratorio mediante el sistema denominado "fertilización in vitro". Ésta es una realidad acreditada científicamente, sobre la cual no cabe discusión alguna. A partir de que fue posible producir el embrión en el laboratorio se constató que esta célula contiene todo el código genético (ADN) de un individuo humano, único e irrepetible en toda la historia de la humanidad, y que implantado en el útero materno se desarrollará hasta su nacimiento.

Sentada esta premisa, más el principio de que el derecho a la vida es un derecho absoluto sobre el que se asientan todos los demás derechos, se concluye que el aborto no es ni más ni menos que un asesinato, tanto más grave por el grado de indefensión de la víctima.

El fallo de la Corte Suprema, que ha servido para que varias provincias, incluso la ciudad de Buenos Aires, hayan dictado sendos protocolos para que en sus jurisdicciones se practique el aborto, además de haberse alzado contra el orden natural, como queda expuesto, ha violado clarísimas normas constitucionales, como son los tratados internacionales con rango constitucional a partir de la reforma de 1994, excediéndose también en sus competencias al dar directivas absolutamente ajenas a sus funciones.

La resolución judicial dictada ayer, que, como medida cautelar, impidió que se ejecutase un aborto en el hospital Ramos Mejía, se ajustó plenamente a la verdad y a los principios del derecho, al darle primacía a la vida del niño en gestación, frente al requerimiento de la madre, víctima de una presunta violación, que no puede pretender reparar el daño sufrido mediante la muerte de su hijo. "No es justo procurar el paliativo de una de las víctimas suprimiendo la vida de la otra" (considerandos de la resolución).

Es evidente que el protocolo del gobierno de la ciudad es ilegítimo, más avenido a la presión de la militancia abortista que a los principios del derecho, que no puede desconocer.

El autor es presidente de la Asociación de Abogados por la Justicia y la Concordia

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