
La faceta oculta de los que contratan los servicios de travestis
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-¿Usted tiene relaciones con travestis?
-Sí, cada tanto. Pero no soy de los que van a buscarlos en auto.
Así comenzó el diálogo de La Nacion con un cliente del travestismo. Hubiera sido más sencillo entrevistar a un agente secreto.
Después de una veintena de intentos, sólo uno aceptó hablar, no sin antes pactar estrictas condiciones: anonimato total, que abarcó desde sus datos de identificación (ni siquiera iniciales) hasta ocupación, edad, quién había hecho el "contacto" (una de las personas que figuran en esta nota) e incluso el nombre del bar en que se concretó el encuentro (en la zona de Barrio Norte). Reproducimos lo más significativo.
Empezó por justificar su extrema reserva: "Es que tengo familia, pero no pregunte cómo está compuesta".
-Si es así, ¿por qué esa otra elección?
-Tuve curiosidad, un día. Quise probar otra cosa, algo así...
-Y le gustó.
-Sí, claro. Encontré un tipo de placer que no había experimentado antes. Lo he pensado, y creo que es por la dualidad. Encajó en mi mambo.
-¿Sería lo mismo con un homosexual?
-No, no me gustan. Lo que me atrae del travesti es que imita a la mujer hasta en la ropa.
-Si está o estuvo casado, ¿le fue infiel a ella con otra mujer?
-Sí, incluso me enamoré de una. Cuando era un tipo normal (ríe).
-¿Considera que ahora no lo es?
-Desde un punto de vista estadístico, supongo que no tanto. Pero todo ha cambiado mucho.
-¿En qué sentido?
-¿Por qué cree que tiene éxito alguien como Cris Miró? No me va a decir que por el público femenino. Y, como leí por ahí, lo importante es no traicionar nuestras inclinaciones.
-¿Aun a costa de engañar a su propia familia?
-¿Vio la película El juego de las lágrimas? Al final se cuenta la historia de la rana y el escorpión. Este le clava el aguijón, pese a haber prometido no hacerlo, y le dice: "No puedo con mi tendencia".
El psicoanálisis dixit
Las tres entidades defensoras de los travestis calculan que son unos 3000 los que actualmente recorren diversos barrios porteños, sobre todo en Palermo Viejo. Generan reclamos, episodios de violencia, alguna opinión de que la ciudad va camino de convertirse en una versión sudamericana de Sodoma y Gomorra.
Pero si hay oferta, hay demanda. La recorrida de La Nación por Palermo hizo ver que esta última la conforma una fauna tan extraña como su objeto del deseo: señores mayores y bien vestidos, en autos caros y actitud muy discreta. Negocian rápido y se van, por lo general acompañados.
¿Tienen los travestífilos (carecen de denominación; la sexóloga norteamericana Jeannete Valdez sugirió en 1960 llamarlos seudorastas) un perfil definido, que permita una caracterización más o menos general?
El médico psiquiatra y psicoanalista Carlos Kaplan, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), que actualmente trabaja en temas de sexo en un grupo de estudios, marca una diferencia con otras épocas, en las que había "engaño". Un travesti se hacía pasar por mujer. El cliente lo advertía tarde. Ahora lo sabe de entrada. Y quiere eso, exactamente.
¿Por qué? Kaplan ofrece diversas interpretaciones.
- La bisexualidad universalizada. El atractivo que despertaría un individuo con una puesta en escena que disimula su condición masculina. Habría algo tranquilizador para la propia homosexualidad del cliente desde el momento en que que el acompañante parece una mujer.
- En términos más psicoanalíticos, la presencia del genital masculino controla la angustia que moviliza la visualización de su ausencia. Según Freud, cuando el niño descubre que la mujer no tiene pene, cree que le ha sido cortado y surge el temor a la castración. La creencia se corrige, pero subyace en el inconsciente como temor. En algunos puede ser tan grande que deriva en la necesidad de conjurarlo mediante una relación con quien lo tenga y simultáneamente "parezca" una mujer.
- También puede producirse lo que se llama "fantasía del hermafrodita". Este ser mítico, hijo de Hermes y Afrodita, poseía el sexo de ambos padres. El travesti permitiría jugar con la idea de que una relación con él satisface la fantasía de mantener una unión con el padre y la madre.
El doctor Andrés Raskovsky, director de la Revista de Psicoanálisis de la APA, advierte que "hay casos extremos, entre estos sujetos, en los que se verifica un fuerte horror hacia la figura femenina por la angustia de castración. De modo que la mujer fálica (encarnada por el travesti) entra en la psicopatología del narcisismo masculino, que no ha accedido a valorar la diferencia de los sexos".
Como raíz del conflicto, Raskovsky remite a un déficit en la identificación con el padre y a la presencia autoritaria o dominante de la madre.
El doctor Gabriel Jure -coordinador de la Comisión de Extensión y Presencia del Psicoanálisis de APA- habla de un acting (teatralización) de carácter perversoide.
"La condición erótica o el componente bisexual u homosexual en quien busca un travesti es más fuerte que en aquel que busca individuos de homosexualidad definida, y mucho mayor que la de quien se orienta hacia las prostitutas", señaló.
La tendencia, explica, surgiría por dos posibles motivos: frustración con la mujer, que lleva a intentar algo con lo que se le parezca, o fobia hacia aquélla por la angustia de castración.
Debe incluirse el propósito de ir acercándose al hombre a través de un proceso intermedio, protagonizado por el travesti.
Jure remarca una "ventaja" de este último sobre la prostituta: su capacidad de experimentar placer real en la relación, cuando aquélla muchas veces es frígida o simula que experimenta placer.
Descubrir que se provoca placer en el otro resulta muy gratificante para ciertos individuos que tienen una comprometida imagen de su masculinidad. "Logran, así, recuperar su autoestima", dice Jure.
El aporte de la sociología provino del licenciado Alberto Calabrese, profesor de la cátedra sobre uso de drogas (UBA). "En un mundo que se ha quedado sin aventuras por acometer, parece que ésta queda reducida sólo a la actividad sexual", señala.
Destacó la ambigüedad de los modelos en este aspecto, que abarcan los comportamientos, la vestimenta y la especificación de los roles.
Pero relativiza la calificación tajante de perversión para la travestifilia. "Dependerá de qué sociología la enfoque: si es conservadora o muy estructurada, no dudará en la sanción moral; si es más liberal, será más flexible. Aunque cabe distinguir entre quienes quieren probar algo nuevo en una cultura que lo ofrece y quienes sistematizan esta búsqueda, convirtiéndola en un acto vital".
Según el punto de vista
Viviana Gorbato -autora de Amor y sexo en la Argentina (junto con Susana Finkel) y Noche tras noche- comenta que "algunos clientes -los muy escasos que hablan- se refieren a la sensación de llegar a lo completo que les proporciona la experiencia, al tener enfrente las dos cosas, un hombre y una mujer, y se entusiasman con poder hacer lo que no pueden hacer con nadie más", expresó.
La escritora dice que el concepto perversión depende del punto de vista. "Algunos tal vez ignoren que el cliente suele pedirle al travesti su ropa de mujer para ponérsela. O que alguno de ellos comparte su relación invitando a un hijo a participar."
En cuanto a otros parámetros de estas conductas, las sintetiza en una pregunta que parece incluir un objetivo desenmascarante: -¿Sabías que muchos tipos que se levantan un travesti tienen un desempeño completamente pasivo?
Se discute el tema como nunca antes
Puede decirse que 1998 es el año del debate de la prostitución. Como nunca antes, los detalles de la actividad ilegal más antigua del mundo fueron tratados sin medias tintas por vecinos, legisladores, policías, meretrices y taxiboys, que intentaron llegar a un acuerdo, hasta ahora sin demasiado éxito. Dos cosas hicieron que el negocio de la prostitución llegara a la tapa de todos los diarios. Primero fue la sanción del Código Contravencional de la Ciudad de Buenos Aires, que despenalizó en marzo último la oferta y la demanda de sexo en la vía pública. Menos de dos meses después, el escándalo que involucra al juez federal Norberto Oyarbide reavivó la discusión.
La nueva legislación que regirá la vida de los porteños enfrentó a muchos vecinos de los barrios de Palermo, Flores y Caballito con travestis y prostitutas que venden su cuerpo frente a los ojos de cualquier transeúnte. Los obligó a sentarse frente a frente y a pensar en una salida con miras a la ansiada convivencia.
A fines de abril último, un video en el que se ve a un hombre con rasgos similares a los de Oyarbide mientras mantiene relaciones íntimas con un joven motivó que casi todos los porteños hablaran sobre la homosexualidad. El ministro de Justicia, Raúl Granillo Ocampo, llegó a decir que él no votaría a un homosexual para juez, pero luego se retractó.
Más tarde, las explosivas declaraciones del amigo de Oyarbide, Luciano Garbellano -regente del prostíbulo Spartacus, donde habría sido filmado el magistrado-, echaron luz sobre el submundo de la prostitución gay.
Y las más de 40 llamadas telefónicas entre el comisario Roberto Rosa y el presunto proxeneta Luciano Garbellano generaron un manto de sospechas sobre la función que cumplen integrantes de la Policía Federal.
Agravó el escándalo la denuncia judicial de un ex taxiboy, quien dijo que el comisario Rosa recibía dinero de la prostitución cuando era jefe de la División Seguridad Personal, justamente la repartición encargada de reprimir la prostitución.
Lo que varios fiscales de instrucción y diputados porteños comentaban por lo bajo desde hacía tiempo parecía confirmarse con el caso Oyarbide. "La prostitución es una importante fuente de recaudación policial", coincidieron el frepasista Aníbal Ibarra y muchos de sus colegas.
Y fue tanto lo que se dijo que el propio jefe de la Policía Federal, comisario general Pablo Baltazar García, prefirió autodenunciarse y pedir a la Justicia que investigue si los miembros de la fuerza a su cargo se enriquecieron en forma ilícita gracias a sobornos que exigían para dejar trabajar en paz a travestis, prostitutas y taxiboys.
El domingo último, la Iglesia se sumó al debate y pidió que, como antes, la prostitución esté penada en la ciudad. Mucho se dirá todavía antes de que el tema se resuelva.




