
La fragata Libertad deslumbró a los chicos
Por Valeria Burrieza Enviada especial
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PUERTO BELGRANO.- Los marinos están pensando en reformular sus cábalas. Es que ya no les dan resultado.
Durante su última travesía del año, la fragata Libertad navegó con condiciones meteorológicas óptimas a pesar de no haber respetado el mandamiento que prohíbe llevar plantas, animales o mujeres a bordo. Dicen que atraen el mal tiempo. Pero en el buque que zarpó el sábado de Buenos Aires y llegó a Puerto Belgrano el martes último viajaban cinco mujeres y una niña, María Emilia, de 8 años.
También embarcaron 41 alumnos que cursan 4º o 5º año en escuelas porteñas. Para ellos era requisito su condición de varones, ya que en el barco, por razones obvias, las comodidades no son equitativas para ambos sexos.
El buque escuela de la Armada viajó a Puerto Belgrano, donde permanecerá cuatro meses mientras se realizan trabajos de alistamiento para su viaje Nº 34, el año próximo.
En la travesía, los estudiantes vivieron una aventura inolvidable: subieron a los palos acompañados por los marineros, intercambiaron experiencias, se sorprendieron con la tecnología que lleva a bordo la nave y también participaron de una reclusión masiva en los camarotes: la vida de abordo no es apta para cualquiera.
Los novatos marineros regresaron a sus casas felices y con el diploma que certifica que ya son dueños de las cualidades de los hombres de mar (las debilidades estomacales quedaron entre bambalinas). "Fue impresionante. Volvemos relajados, aireados y con experiencias inolvidables", dijo Guido Petrazzini, del colegio Mariano Acosta. La fragata dio una lección acelerada de lo que puede pasar en el mar. Navegó serena por aguas planchadas, entre toninas y lobos marinos. Alcanzó velocidades inusuales cuando se izaron sus 27 velas. Y se inclinó hasta hacer gritar de euforia a los marineros.
El 70 por ciento del viaje fue a vela y esto ocurre pocas veces. Durante la travesía de instrucción, que duró cinco meses y medio, la nave viajó a vela sólo el 8 % del tiempo.
El lenguaje del mar
La noche del martes, con el ruido de puertas que se golpeaban incansablemente y el silbido del viento como sonidos de fondo, los invitados se aferraron a lo que encontraron mas a mano. Con todas sus velas desplegadas, la nave se inclinó (escoró en vocabulario técnico) 20 grados y fue imposible caminar sin chocar con las paredes.
Fue como un saludo de despedida. Minutos antes el comandante del buque, Enrique Germán Martínez, había dado la orden para disparar tres salvas de cañón como despedida del milenio. El barco estaba en altamar, sin costa a la vista.
Apenas terminaron de sonar los disparos, el viento comenzó a soplar con más fuerza. El vendaval duró tres horas y la nave alcanzó 14 nudos (unos 28 km) impulsada solamente por el viento.
La fragata llegó a destino antes de lo esperado y tuvo que pasar la noche dando vueltas cerca del canal de acceso a Puerto Belgrano. La tripulación explicó que la entrada está delimitada por boyas y conviene transitarla durante el día. En su reciente travesía por 13 puertos del mundo, una sola vez la fragata alcanzó una velocidad similar (13 nudos) cuando escapaba del huracán Floyd, en Miami.
Con sus velas infladas por el viento, el buque tiene un encanto particular. No sólo por la magia de navegar gracias a la fuerza invisible del viento. También por ver trabajar a una tripulación que recuerda en cada una de sus faenas las viejas tradiciones de galeones y fragatas.
"El sentido del buque es integrar el hombre al mar. La navegación a vela cumple con el espíritu náutico del buque, porque es lo que mas pone en contacto a la gente con el rigor de los elementos", dijo el comandante Martínez.
Para los chicos, velas, estrellas, marinos, camarotes, fueron todas palabras que tendrán un nuevo significado a partir de ahora.
¡Buenísimo!, ¡buenísimo!, exclamaban los marineros mientras alumbraban las velas con sus linternas.
Los chicos trasnochaban en cubierta, de cara al viento, mirando las estrellas fugaces y la luna todavía flaca como una pestaña que alumbraba el camino con su reflejo sobre el agua.
"Nos sentimos privilegiados por haber podido venir. Esto solamente lo ves en los libros, cuando cuentan el viaje de Colón, en otro lado no lo ves", se entusiasmó Pablo Ferrone, que va a cuarto año en el colegio San Felipe Neri, de Mataderos. Roberto Bonano, del ENET General San Martín de Retiro, aseguró que nunca se olvidará de la travesía. "Estas son experiencias que no te las olvidás en toda tu vida", sentenció.
Tres generaciones y un destino
PUERTO BELGRANO (De una enviada especial).- Martín Porretti, Horacio Ferrari y Enrique Martínez tienen algo en común además de haber tomado parte del viaje de la Libertad.
Martín Porretti tiene 16 años y estudia en el Liceo Naval Almirante Brown. Horacio Ferrari maneja una empresa de productos químicos y viajó en la fragata como invitado. Enrique Germán Martínez comandó el buque.
El abuelo de Martín, el padre de Ferrari y el de Martínez fueron comandantes de la fragata Libertad.
Atilio Porretti fue el segundo comandante que tuvo el buque. Lo guió entre abril de 1961 y febrero de 1963. Horacio Ferrari, padre del invitado que viajó a Puerto Belgrano, capitaneó el barco entre abril de 1963 y enero del año siguiente. Lo sucedió Enrique Germán Martínez, padre y homónimo del actual comandante que dejará su cargo la semana próxima.
Los tres se emocionaron cuando descubrieron la coincidencia. Hubo saludos y fotografías para registrar el encuentro.
Pero ésa no fue la única coincidencia. En la cámara del comandante hay una bandeja de plata donde firmaron todos los jefes del buque desde que Enrique Martínez (padre) hizo grabar su nombre y comenzó la tradición.
Al finalizar el viaje de este año, quedaba un sólo lugar libre en la bandeja. Y ese espacio se completó con la rúbrica de otro Enrique Martínez, su hijo.
"Cuando le conté por carta esta historia a Juan Carlos Pallarols para que grabara mi firma en la bandeja, se emocionó tanto que le regaló a la fragata otra bandeja donde firmarán los próximos comandantes", contó Martínez.
La nueva bandeja de plata ya luce en la cámara del comandante de la fragata Libertad. Al lado está la anterior, inaugurada y sellada con la firma de dos generaciones de una familia de hombres de mar.


